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Estaba tomándose fotografías con sus fans, era obvio que la reconocerían, Kuchel Ackerman no solo es hermosa, toda en ella es elegancia de pies a cabeza y eso llamaba la atención.

Cuando termina de tomarse las últimas fotos con un pequeño grupo de jóvenes que la reconocieron, da algunos pasos sin darse cuenta que un pequeño estaba en su camino, tropezando con él.

–¡Ay por dios! corazón, ¿estás bien?, ¿te hiciste daño?

Kuchel se agachaba para poder levantar al niño que había caído cuando accidentalmente lo empujó.

–Si

lo levanta y le da pequeños sacudidos a su trajecito.

–Cariño, ¿dónde están tus padres?

–No se

decía tiernamente.

–Mi vida, ¿estás perdido?

se ponía en cuclillas para quedar a su altura, levanto el rostro del pequeño para mirar que no tuviera algún rasguño en su rostro.

Sus hermosos y grandes ojitos azules se veía que estaban a punto de soltar lágrimas

“Pobrecito”

Pensó

Pero mientras más lo veía, más pensaba en su hijo.

–No te preocupes pequeño, te voy a ayudar. ¿Cómo te llamas?

–Yazuri

Dijo el pequeño un tanto apenado.

–Yazuri, yo me llamo Kuchel, no te preocupes, vamos a buscar a tus padres, ¿sí?

el niño negó

–No, vamo a buca a Tita Ris

–¿Tita?, ok, ¿cómo es Tita Ris?

–Gande

Kuchel sonreía ante la inocencia del niño 

– ¿te acuerdas como venía vestida?

–Vetido zul con floes banca

–Perfecto, ven, caminemos

Kuchel se incorporaba, para extenderle la mano al pequeño, el niño tomó su mano y Kuchel sintió como su pequeña manita apretaba la suya

al dar un paso, sintió el jalón del niño

al míralo, tenía su rostro agachado, aún sin soltar su mano

–¿que tienes pequeño?

–Me luele mi pie

–¡Ay corazón!

“Seguramente sí lo lastime”

Al sentirse culpable, tomó al niño en sus brazos y como pudo lo cargo, porque aunque Kuchel aún se mantenía en forma, la edad no pasa en vano y al cargarlo se quejo un poco.

”Ya estoy vieja para esto”

Así emprendieron camino por el gran centro comercial, mirando a todos lados para ver si podía visualizar a la persona con la descripción que le dio el niño.

10 minutos habían pasado caminando y nada. Kuchel se detenía en tiendas para tomar un respiro, bajar el niño, descansar y de nuevo tomar a el niño en sus brazos

“Esto dolerá mañana”

–¿Qué estás haciendo Kuchel? te dije que me esperaras, no te puedo dejar tantito porque ya te estás robando niños.

Canon (18+) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora