El Omega estaba tirado en el piso, en el medio de los siete Alfas que estaban ahí.
Estaba con la ropa de la parte superior rasgada y sin la parte inferior, casi completamente desnudo.
Francisco estaba sentado en el sillón, en la parte del medio, obligando a que Leo esté con su cara pegada a la entrepierna del Alfa.
Estaba llorando, tenía sus manos y pies atados con corbatas, que obviamente, eran del séquito de el Alfa.
Los ojos de Escorpio, Cáncer y Aries se oscurecieron, y en menos de diez segundos se cambiaron a un color amarillo brillante, ya no eran ellos tres, eran sus Animales internos, Sus Alfas.
Francisco en cuanto los vio a ellos tres y a los otros tres Alfas solo se tensó.
Pero cuando vio los ojos violetas oscuros de los cinco Omegas atrás de ellos fue cuando soltó al peli rosa que todavía tenía frente a él.
El aura de los Omegas desbordaba enojo, ira.
Los Alfas se pusieron frente al padre de Aries y frente a Leo, para que ninguno se acerque.
Pero poco les importó a Escorpio y los Omegas.
En un segundo los Omegas corrieron de detrás de todo para comenzar a pelear, eran agiles, hábiles y fuertes.
Los Alfas también comenzaron a ayudarlos, aunque realmente no necesitaban mucha ayuda.
Escorpio y Aries llegaron hasta Francisco, y lo primero que hizo el Alfa peli celeste fue agarrar al Omega y taparlo con una manta que estaba en uno de los sillones individuales.
Lo abrazó como si su vida dependiera de ello, pero no era el Escorpio 100% consciente, la mayor parte de la conciencia en ese momento la tenía su Alfa, su animal.
Deseaba proteger a su Omega, deseaba que deje de llorar y temblar, deseaba matar a ese Alfa que lo lastimó, a todos los quería veinte metros bajo tierra.
Aries se puso frente a Francisco y lo golpeó con todas sus fuerzas en a cara.
Una vez, dos veces, tres.
Estuvieron por unos minutos así, peleando, hasta que todos esos Alfas que irrumpieron ese lugar seguro se fueron casi corriendo del lugar al ver que más gente había llegado.
Aunque Francisco no se fue sin antes decir algo, "ese Omega será mío"
Ninguno supo de quien hablaba puntualmente, aunque todos dedujeron que se trataba de Leo, no pensaron mucho en eso.
Los Omegas fueron inmediatamente junto a Leo, quien seguía en shock.
Él sabía que era peligroso quedarse solo, pero hubiera sido mucho peor si ellos no iban a ayudar, y lo entendía, pero le estaba costando tanto calmarse que le hacía peor.
Él no era así, el nunca sentía tanto miedo, no entendía porque le afectaba tanto.
Pero Capricornio y Acuario sabían.
Sabían que su mente no recordaba, pero su cuerpo sí, al igual que Tauro y Libra.
Como Escorpio no quiso soltarlo, los Omegas tuvieron que abrazarlo junto a él, mientras el resto de los Alfas estaban calmándose, observándolos.
Los Omegas todavía tenían sus ojos morados presentes al igual que ellos tenían sus ojos amarillos.
De repente Escorpio empezó a retorcerse de dolor y a convulsionar, asustando a Leo que seguía en sus brazos y causando que vuelva a llorar desconsoladamente.
