| 7 |

571 49 1
                                        

El cielo estaba teñido de un azul profundo, con pequeñas pinceladas doradas en el horizonte que anunciaban el atardecer. Taehyung estaba recostado en su cama, con los auriculares puestos y la mirada fija en el techo, donde pequeñas estrellas fluorescentes de su infancia aún brillaban con la tenue luz. Había algo en ese momento que lo inquietaba, como si su corazón empezara a hablarle en un idioma nuevo: uno que tenía forma de mirada intensa, de sonrisas nerviosas y de palabras dulces... uno que tenía nombre y apellido.

Jeon Jungkook.

"¿Por qué me haces sentir así?" murmuró bajito mientras cerraba los ojos, tratando de encontrar sentido a todo lo que estaba sintiendo desde que ese chico apareció en su vida como un huracán disfrazado de brisa suave.

Pero no había respuesta. Solo el eco de sus pensamientos gritándole que esto no era solo un juego. No para él.

Bajó la mirada al celular, su dedo titubeando sobre el icono de mensajes. Estaba a punto de escribirle algo a Jungkook —una excusa, un mensaje tonto solo para escucharlo reír—, pero la notificación que apareció en la pantalla lo detuvo.

Jungkook 🐰:
Tae, ¿quieres salir mañana? No tengo plan pero quiero verte. Tú escoges el lugar 💜

Taehyung sintió el corazón brincarle dentro del pecho. Su sonrisa fue tan grande que su mamá, que pasaba con ropa recién doblada, se detuvo un segundo a mirarlo con ternura.

—¿Otra vez con esa cara, hijo? —preguntó ella con una ceja levantada.

—¿Qué cara? —preguntó él, sonrojado.

—Esa. La cara de quien se está enamorando —respondió ella sin dudar.

Taehyung se quedó callado. Por un momento pensó en negarlo, en hacer una broma o restarle importancia, pero solo pudo asentir levemente.

—¿Es buen chico? —preguntó su mamá en voz baja.

—No lo sé... Pero cuando estoy con él, me siento seguro. Como si nada malo pudiera pasarme —respondió con sinceridad, abrazando una almohada.

—Entonces vale la pena —dijo ella antes de dejarlo solo con sus pensamientos.

[ 🖤 ]

La mañana siguiente, Taehyung decidió sorprender a Jungkook con una cita tranquila, lejos del bullicio y de los lugares comunes. Lo citó en un invernadero que pocos conocían, donde los rayos del sol se filtraban entre las hojas, creando una luz cálida y mágica. Era un rincón secreto lleno de plantas exóticas, flores vibrantes y mariposas revoloteando.

Jungkook llegó con una mochila en la espalda y una sonrisa radiante. Al verlo, Taehyung sintió cómo su corazón se agitaba como las alas de aquellas mariposas.

—¿Este es el lugar secreto del que hablabas? —preguntó con asombro.

—Sí... Aquí vengo cuando necesito respirar —respondió Taehyung mientras lo guiaba al interior.

El azabache no dijo nada más, simplemente lo siguió en silencio, observándolo con una ternura inusual. Taehyung era una criatura completamente distinta en aquel ambiente: su sonrisa era más libre, su cuerpo más relajado, y sus ojos brillaban como si fueran parte de aquel paisaje encantado.

Pasaron horas ahí, entre conversaciones profundas y silencios cómodos. Jungkook le tomó la mano sin pensarlo y el platinado no la soltó. Era la primera vez que se tocaban de esa forma, con ternura, sin necesidad de excusas o bromas.

—¿Puedo preguntarte algo? —dijo Taehyung, deteniéndose frente a un rosal blanco.

—Lo que quieras.

—¿Por qué quieres pasar tanto tiempo conmigo?

Jungkook bajó la mirada un segundo. Podía decir una mentira, una broma... podía seguir jugando. Pero por alguna razón, no quiso.

—Porque cuando no estoy contigo, todo es ruido. Pero cuando te veo, todo se calma.

Taehyung lo miró fijamente. Esa no era una respuesta cualquiera. Jungkook estaba cediendo terreno, estaba sintiendo cosas. Y él también.

—¿No tienes miedo? —preguntó el mayor, tragando saliva.

—Claro que sí... —admitió Jungkook con una risa suave—. Pero contigo, me dan ganas de arriesgarme.

[ ❀ ]

Esa tarde no hubo besos. No hubo caricias furtivas ni suspiros disfrazados. Solo dos chicos hablando, descubriéndose, sonriendo como idiotas mientras compartían una bebida helada en un lugar que parecía sacado de un sueño.

Pero cuando se despidieron, Jungkook lo abrazó. Largo, cálido. Un abrazo que decía más de lo que cualquiera de los dos estaba listo para poner en palabras.

Y esa noche, mientras se recostaba en su cama, Jungkook abrió su celular y escribió un mensaje que nunca pensó enviar:

Yoongi Hyung 😴:
Min, creo que la estoy cagando.

Yoongi Hyung 😴:
¿Qué hiciste ahora, idiota?

Conejo tonto 🐰:
No lo besé. No le mentí. No lo usé.

Yoongi Hyung 😴:
¿Y eso qué significa?

Conejo tonto 🐰:
Significa que no puedo seguir con este juego. Porque ya no sé qué es juego y qué es real.

Yoongi no respondió. Por primera vez, no hubo burlas, ni insultos, ni sarcasmo. Solo silencio.

Y Jungkook supo, con el corazón latiéndole fuerte, que algo había cambiado.

Había cruzado una línea.

Y no estaba seguro de si podría volver atrás.

Play with meHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora