Capítulo - 26

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El reloj marcaba las 7:18 a.m. Lincoln revisó rápidamente su lista mental: mochilas listas, lonchera de Lina en la mano, llaves del auto en el bolsillo. Todo en orden. Solo faltaba una cosa.

—¿Cepillaste los dientes?

—¡Sí! Huelen a menta y victoria —respondió Lina con una gran sonrisa.

Lincoln rió mientras ella giraba sobre sí misma con su chaqueta azul, el mechón turquesa bailando sobre su frente. Aunque muchas mañanas eran caóticas, esta estaba resultando sorprendentemente tranquila.

Subieron al auto, con música suave de fondo. Lina pedía que pusieran su playlist infantil, y Lincoln la complacía mientras conducía rumbo al jardín. El cielo estaba despejado y la ciudad aún no rugía por completo.

—¿Hoy vas a dibujar? —preguntó Lincoln, aparcando frente al edificio.

—Hoy tengo que terminar mi castillo de cajas. ¡Tiene una torre con un dragón invisible!

—Muy bien, princesa guerrera. A conquistar el reino.

Se despidieron con su saludo secreto, y Lina entró feliz, sin sospechar nada del día que se venía.

Lincoln se quedó mirando el edificio unos segundos. A veces le costaba soltarla, aunque solo fueran unas horas. Luego arrancó rumbo a la universidad.

Lincoln caminaba entre los pasillos del campus, revisando mentalmente lo que tenía para su clase. Al llegar al patio exterior, la vio. Nikki estaba sentada sobre una de las mesas de concreto, con su patineta apoyada contra el banco y el sol iluminando parte de su rostro. Estaba concentrada dibujando algo en la esquina de su cuaderno, unos trazos toscos pero expresivos.

—¿Eso es un perro… o una cebolla con patas? —bromeó Lincoln, apareciendo junto a ella.

Nikki lo miró con una sonrisa burlona.

—Un lobo. Enojado. Aunque ahora que lo mencionas, sí parece una cebolla con rabia.

Se rieron. Nikki movió su mochila para dejarle espacio, y él se sentó a su lado.

—¿Tú siempre llegas tan temprano o solo hoy?

—Nah. Tengo insomnio la mitad de los días. La otra mitad me obligo a madrugar para sentirme productiva… aunque nunca funciona.

Lincoln se acomodó.

—No sabía que dibujabas.

—No se lo digas a nadie. Tengo una reputación que mantener: ruda, skater, medio punk… Si se enteran que me gusta hacer bocetos y coser ropa vieja, se arruina la imagen —dijo ella, guiñando un ojo.

Hablaron de sus materias, de los profesores más raros, de los estudiantes que se creían influencers y de un grupo de música local que Nikki quería que Lincoln escuchara. La conversación fluía con facilidad, como si fueran los mejores amigos de todá la vida. En un momento, Nikki bajó la voz.

—¿Y Lina? ¿Cómo está con todo esto?

—Bien… a veces demasiado bien. Me asusta lo madura que suena. Pero tiene su lado niño aún: cree que las personas buenas brillan por dentro. Literalmente —dijo Lincoln con una sonrisa nostálgica.

Nikki lo miró en silencio, con un respeto que no se molestaba en disfrazar.

—Debes estar haciendo un gran trabajo si puede creer en algo así.

Él desvió la mirada, algo incómodo.

—Intento no arruinarle nada más. Ya le quité bastante sin querer…

El ambiente se volvió un poco más denso, pero antes de que alguno pudiera decir algo más, el celular de Lincoln vibró.

Llamada entrante: Jardín Infantil – Señora Thomas

"𝓔𝓼𝓽𝓸 𝓷𝓸 𝓮𝓼 𝓐𝓶𝓸𝓻" - 𝓣𝓱𝓮 𝓛𝓸𝓾𝓭 𝓗𝓸𝓾𝓼𝓮Donde viven las historias. Descúbrelo ahora