Capítulo - 29

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Pasaron algunos días desde el incidente del parque y las tensiones iniciales. Sam había estado algo distante, pero el tiempo suavizó su coraje. En una mañana tranquila, mientras Lina jugaba en la sala con sus bloques de colores, Lincoln y Sam aprovecharon para hablar en voz baja en la cocina.

Sam (con los brazos cruzados, pero en un tono menos agresivo): —Supongo que… exageré un poco el otro día. Solo… me duele sentir que Lina pasa menos tiempo conmigo.

Lincoln (apoyado en el marco de la puerta, calmado): —Lo sé, Sam. Pero también sabes que nunca quise separarla de ti. Solo estoy tratando de darle estabilidad… y a veces eso significa tomar decisiones rápidas.

Sam suspiró, bajando la mirada hacia el suelo. El rencor se le había diluido, pero su orgullo todavía pesaba.

Sam (medio sonriendo): —Supongo que aceptaré tu explicación… pero no estaría mal que te disculparas.

Lincoln arqueó una ceja, entre cansado y divertido. Sabía que una discusión prolongada no beneficiaría a Lina.

Lincoln: —¿En serio tengo que hacer algo tan dramático?

Sam le lanzó una mirada juguetona, como en sus viejos tiempos, y señaló su mejilla.

Sam: —Un beso. En la mejilla. Por la paz… y por Lina.

Lincoln soltó una risa breve, encogiéndose de hombros.

Lincoln: —Por Lina, entonces.

Se inclinó y le dio un beso rápido y casi mecánico en la mejilla. Sam cerró los ojos por un segundo más de lo necesario, tratando de saborear un momento que para él no significaba nada. Lincoln volvió a erguirse sin darle importancia, tomando un vaso de agua como si nada hubiera pasado.

Desde la sala, la vocecita de Lina interrumpió el ambiente:
Lina: —¡Mami, papi! ¡Miren mi torre!

Lincoln aprovechó la distracción para sonreír y contestar a la niña:
Lincoln: —¡Wow, Lina! Es la torre más alta que he visto.

Sam lo observó de reojo, sintiendo un nudo extraño en el pecho. Para él había sido un gesto sin peso, pero para ella… fue una pequeña chispa que aún no lograba apagar.

Después de despedirse de Lina para la primera semana con Sam, Lincoln se lanzó de lleno a sus clases. Al día siguiente, la cafetería de la universidad estaba bulliciosa. Lincoln y Nikki conversaban animadamente en una de las mesas, mientras Sid revisaba su teléfono, intercambiando miradas cómplices con alguien que se acercaba desde el pasillo.

Ronnie Anne, con su abrigo morado y el cabello suelto, se movía con seguridad entre las mesas hasta detenerse cerca. Antes de que Lincoln o Nikki la notaran, ella susurró algo al oído de Sid, lo suficientemente bajo como para que los demás no escucharan. Sid asintió, levantando discretamente el pulgar.

Sid (mirando a Nikki): —Hey, Nikki, necesito hablar contigo afuera un momento.

Nikki (sorprendida, pero relajada): —¿Eh? Claro, vamos.

Ambas se levantaron y se alejaron, dejándolo solo con Ronnie Anne. Ella caminó hasta la mesa y se sentó enfrente de Lincoln, cruzando una pierna sobre la otra con naturalidad.

Lincoln (con una sonrisa tranquila): —Bueno, parece que Sid tenía una conspiración lista.

Ronnie Anne (riendo suavemente): —Tal vez… o tal vez quería darnos un momento a solas.

Lincoln (fingiendo sospecha): —¿Ah, sí? Ya nos habíamos visto esta semana, Ronnie. No es como si hubieran pasado otros cinco años.

Ronnie Anne (encogiéndose de hombros, tono juguetón): —Claro, pero no es lo mismo que tener una charla sin interrupciones. Además… (lo mira de arriba a abajo con una sonrisa pícara) tengo que admitir que me sorprende lo bien que te ha sentado todo esto de la universidad.

"𝓔𝓼𝓽𝓸 𝓷𝓸 𝓮𝓼 𝓐𝓶𝓸𝓻" - 𝓣𝓱𝓮 𝓛𝓸𝓾𝓭 𝓗𝓸𝓾𝓼𝓮Donde viven las historias. Descúbrelo ahora