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Mark y Jackson enemigos que cogen solo por placer.
Contiene escenas +18. Si eres sensible o no te gusta esta clase de contenido no lo leas.
╰──◌ི🌑 Jackson → Activó/Top
╰──◌ི🌑 Mark → Pasivo/Bottom
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゚。 𝘔ꪖ𝘳𝘬𝘴ꪮꪀ
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Apenas entraron en la habitación que Jackson había reservado, este aún jalandolo de la muñeca, lo empujó contra la pared, cerrando la puerta con el pie. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, húmedo y desesperado. Jackson lo devoraba, atrapando cada suspiro y cada quejido, mientras una de sus manos se deslizaba por la cintura del pelinegro para mantenerlo firme contra él.
Con la respiración agitada, el peligris se separó solo un instante para sacar una bolsa negra del armario que contenía la lencería. La sostuvo frente a Mark con una sonrisa traviesa.
El mayor lo miró incrédulo, arqueando una ceja.
- ¿Qué dijimos sobre las lencerías? - Preguntó con fastidio.
Jackson arqueó una ceja, con esa sonrisa arrogante que solo él podía sostener.
- Yo no dije nada. Y tú te la vas a poner.
- Ni de broma, Jackson. - Mark cruzó los brazos, firme.
El peligris se acercó más, su voz grave y firme, rozándole el mentón con los dedos.
- No te estoy preguntando. Ve al baño y cámbiate.
Mark lo fulminó con la mirada, pero Jackson solo lo disfrutaba más. Dio un paso adelante, acorralándolo otra vez contra la pared.
- Además te ves jodidamente sexy con las lencerías. Y quiero verte así.
Mark apretó los labios, dudando, pero los dedos de Jackson comenzaron a recorrerle los brazos y la nuca, dejando escalofríos en su piel.
- ¿O prefieres que te lo ponga yo? - Susurró contra su oído, mordiéndole suavemente el lóbulo.
Mark lo miró con rabia.
- Eres un maldito enfermo... - Murmuró, arrebatándole la prenda de la mano. Con un gesto brusco se dio media vuelta y caminó hacia el baño, cerrando la puerta tras él de un portazo.
Jackson se dejó caer en la cama con una sonrisa de triunfo pintada en los labios.
El olor de la comida llenaba la casa. Jinyoung estaba en la cocina, moviendo una sartén con total calma, tarareando una melodía baja.
Mientras tanto, Bambam permanecía en el sillón, recostado con la vista perdida en el techo. Podía escuchar el chisporroteo del aceite, pero su mente estaba en otro lugar... con Yugyeom.