Capitulo 96 - Los estragos del embarazo

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Siguiendo el consejo de su tía, Peter decidió esperar a su esposo. La noche llego, el joven arácnido solo atinaba a acariciar su vientre de ya casi 8 meses; sentía que era el único método para no ceder a los nervios. Su única compañía era el tic-tac del reloj que Steve había comprado meses atrás. Cuando las manecillas marcaron poco más de las 11 de la noche, las puertas del elevador se abrieron, permitiendo que Wade entrara

-¿Dónde estabas?-

Su pregunta hizo que el mercenario diera un leve respingo de miedo. Se giro, claramente se mostraba nervioso –P-Petey... ¿Qué haces despierto tan tarde?-

-Lo mismo debería preguntarte-

-E-Estaba terminando unos pendientes-

-Adivinare. En una habitación de motel-

-... ¿Qué? ¿De qué estás hablando, Peter?-

-¿Crees que soy estúpido? He notado que llegas tarde, eres más callado, y la otra noche, llegaste oliendo a perfume de mujer-

-¿Estas bromeando?-

-¡¡Si ya te aburriste de mi, entonces lárgate con esa amante!!-. El joven estaba dispuesto a irse, pero su marido lo detuvo sujetándolo por los hombros

-Ahora mismo vas a escucharme. Dominó es una amiga, que conocí hace años. Ella me ha estado ayudando a encontrar un trabajo para darles lo mejor a ti y al bebe. Y si he llegado tarde es porque lo que he ganado se va en comprarle algo- dijo, antes de soltarlo. Sobre la mesa de la cocina dejo una mochila que dejaba ver una carpeta y algunos tickets, se retiro de la cocina y lo último que Peter escucho fue un portazo

Le dio una mirada a la mochila antes de sacar el contenido. Los tickets eran de distintas tiendas para bebes, ropa, juguetes, incluso una cuna. La carpeta tenía varias hojas que incluían los diseños para la habitación del bebe, y una solicitud de empleo. Sabía que la había "regado", y en grande. Quiso ir con su esposo, pero este regreso a la cocina –Wade, yo...-

Sintió un beso ser depositado en su frente –Dormiré en un hotel, mañana hablaremos-

Y sin decir nada más, Wade se retiro de la torre. El joven sintió que sus piernas le fallaban, se dejo caer en uno de los sofás. Los minutos siguientes transcurrieron en silencio, cuando miro el reloj, este marcaba más de medianoche. Respiro profundamente y salió al balcón –Sostente, bebe, mama hará un viaje algo ajetreado-

Sin más, brinco por encima del barandal; mientras con una mano sostenía su vientre, la otra arrojo una telaraña. ¿Acaso se había vuelto loco? Uno diría más bien que estaba desesperado. Creyó que todo estaría bien si solo se balanceaba y omitía sus peculiares maromas. Miraba hacia aquellos edificios, fueran grandes o pequeños, que fungieran como lugar de acogida. Justo cuando creyó que no lo encontraría, diviso a Wade subiendo por un elevador

Fue una suerte que él no lo viera, solo basto observar en que piso se detenía el elevador. Se asomo en cada una de las ventanas, hasta que vio que la puerta se abría, Wade entro a la habitación, pero tras notar la presencia de Peter, se dio la vuelta, dispuesto a irse. Pero por supuesto que eso no lo permitiría, lo sujeto con una de sus telarañas para regresarlo al interior –Ahora tú me vas a escuchar. Y-Yo... Lo siento, debí escucharte, y no a Vanessa-

-Ahora entiendo todo, eso no quita que desconfiaras de mí-

-L-Lo sé, me deje llevar por sus palabras, porque... Porque creí que deje de gustarte con el embarazo-

-¿Por qué creíste eso?-

-P-Porque... Antes no podía quitarte de encima, pero ahora, no me tocas, incluso usas otra habitación para dormir-. Admitir el motivo de sus dudas era demasiado penoso para Peter, quien agacho su rostro en un intento de cubrir su sonrojo. Aquella imagen le pareció sumamente tierna, lo abrazo besando su frente

-Perdóname, no quise lastimarlos, baby-boy, sabes que soy de los que se mueven en la cama. Y tampoco deseaba arruinar la sorpresa-

-No, yo fui el idiota por escuchar a esa zorra-

-Eso ya quedo otras, Petey, ¿Por qué no aprovechamos que tenemos esta habitación de hotel y le hacemos un hermanito a nuestro bebe?-

-No creo que eso sea posible, l-las contracciones comenzaron a nuestro bebe-

-... Dime que no usaste las telarañas-

-T-Tuve que, era la única forma de buscarte-

-Hablaremos después de esto- dijo, antes de cargarlo en sus brazos, saliendo de la habitación y el hotel. Mientras un taxi los conducía hacia el hospital más cercano, saco su teléfono, marcando el número de su suegro

-¿Wade? Es la una de la mañana, ¿Qué sucede?-. Vaya que su voz se oía cansada

-Es Peter, ya va a dar a luz-

-¡¿Qué?!-

-Vamos camino al Hospital Metro-General. Dígale a mami suegra-. Apenas llegaron al edificio, Wade le dio un billete al chofer (Ni siquiera comprobó la denominación) y ayudo a su esposo a entrar. Inmediatamente fue colocado en una camilla y llevado hasta una habitación, donde lo vistieron con una bata

-Vayaque tu bebe se adelanto, Peter. Necesito revisarte, para comprobar si será unparto natural, o si será necesario realizar una cesárea-. Vaya que era unasituación incómoda, pero eran necesarias. Doblando sus piernas y alzando unpoco la bata, permitió que aquel hombre revisara. Por supuesto que noto latensión en su esposo, así que tomo su mano para calmarlo –Tienes una buenadilatación, es cuestión de una hora o dos para alcanzar los 10cms. Si pasadoese tiempo no alcanzas el tamaño adecuado, tendremos que hacer una cesárea.Volveré en un rato-. Sin más, se retiro, dándole a la pareja un momento asolas, antes de que todo comenzara

El hechizo que cambio mi vidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora