Luces que tiemblan

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El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados que se filtraban por las cortinas de la habitación. La casa de Sasuke se sentía tranquila, demasiado tranquila, y en ese silencio solo se escuchaba el leve roce de las hojas del cuaderno y el tecleo suave de la laptop.

Naruto —o Menma, para todos en la escuela— trataba de concentrarse en la información del proyecto, pero su mente no dejaba de divagar. De vez en cuando levantaba la vista y encontraba a Sasuke observando detenidamente las fotografías esparcidas sobre la mesa. Había algo en su expresión: una mezcla de concentración y melancolía, como si buscara algo que solo él podía ver.

—Sasuke… tus fotos son increíbles —dijo al fin, rompiendo el silencio con una sonrisa sincera—. Cada una parece tener una historia.

Sasuke levantó la mirada, sorprendido por el tono de admiración en su voz.
—Supongo que… me gusta encontrar la belleza en los detalles —respondió con calma—. Las personas no suelen detenerse a mirar.

Naruto asintió, jugando con su lápiz entre los dedos.
—Yo tampoco lo hago mucho… pero contigo es diferente, tú ves cosas que otros no.

Sasuke lo miró unos segundos más de lo necesario. El brillo de la tarde iluminaba el rostro de Naruto, suavizando sus facciones. Y sin entender por qué, el aire pareció volverse más denso entre ellos.

—Tienes una forma rara de decir las cosas —murmuró Sasuke, desviando la mirada para esconder un leve sonrojo.

Naruto rió, sin notar la tensión en el ambiente.
—¿Rara? ¡Solo digo la verdad!

Siguieron trabajando, intercambiando ideas y escribiendo párrafos. De vez en cuando, sus manos se rozaban al pasar una hoja o al señalar algo en la pantalla. Pequeños contactos, casi insignificantes, pero que hacían que Sasuke se tensara sin entender por qué.

En uno de esos momentos, Naruto se inclinó demasiado cerca para alcanzar una fotografía, y sus hombros se rozaron. El calor del contacto fue tan inesperado que Sasuke contuvo la respiración.
—Ah… perdón —dijo Naruto con naturalidad, sin darle importancia.

—No… no pasa nada —respondió Sasuke, pero su voz sonó más baja, casi temblorosa.

Naruto volvió a su lugar, ajeno al torbellino que había despertado en el corazón del otro. Para él, la cercanía solo representaba una amistad en crecimiento, una conexión sincera y cómoda.
Pero para Sasuke… era diferente. Cada gesto, cada palabra amable, cada sonrisa despreocupada de Menma despertaba una sensación cálida que lo inquietaba profundamente.

Trató de concentrarse en la hoja, pero sus pensamientos se desviaban una y otra vez. No puede ser, se repetía en silencio. Solo es un amigo… eso es todo.
Pero su pecho latía con fuerza cada vez que Naruto se reía o lo miraba con esos ojos llenos de vida.

—Oye, ¿estás bien? —preguntó Naruto de repente, notando su distracción.
Sasuke parpadeó, sorprendido.
—Sí… sí, solo estoy… pensando.

—¿En qué? —insistió con curiosidad.

—En… cómo mejorar la presentación —mintió rápido, desviando la mirada.

Naruto sonrió, sin sospechar nada.
—¡Seguro te sale increíble! Eres muy bueno organizando todo.

Sasuke bajó la vista. Las palabras lo golpearon de un modo extraño: dulces, pero peligrosas. Sentía cómo se le encogía el estómago con una mezcla de emoción y miedo.
Sabía lo que significaba esa sensación. La había reconocido antes, aunque siempre la había escondido, enterrado bajo capas de orgullo y silencio.

Sasuke Uchiha era gay.
Y por primera vez en mucho tiempo, empezaba a sentir algo por alguien.
Pero no debía hacerlo. No podía. No con Menma.

Se levantó de golpe, fingiendo buscar algo entre los cajones.
—Voy por algo de beber —murmuró, tratando de calmarse.

Naruto lo observó, un poco confundido.
—Oh, claro… ¿te ayudo?

—No. Quédate aquí, ya vuelvo.

Sasuke caminó hasta la cocina con pasos rápidos, apoyándose en el mostrador mientras respiraba hondo. Su reflejo en la ventana le devolvió una mirada inquieta.
¿Qué te pasa? se dijo a sí mismo. Es solo un compañero… solo un chico simpático.
Pero no era solo eso. Y lo sabía.

Mientras tanto, en la habitación, Naruto hojeaba algunas fotos con una sonrisa tranquila. No entendía por qué, pero estar en esa casa lo hacía sentir cómodo. Sasuke era serio, a veces distante, pero cuando bajaba la guardia, su compañía resultaba cálida, casi reconfortante.
Pensó que tal vez estaban empezando a ser verdaderos amigos. Y eso, para él, era suficiente.

Cuando Sasuke regresó, el ambiente se había suavizado de nuevo. Bebieron jugo, rieron por algunos errores ortográficos y continuaron trabajando hasta que el cielo se volvió oscuro y las luces artificiales tomaron el relevo.

Al despedirse en la puerta, Naruto sonrió ampliamente.
—Gracias por invitarme, Sasuke. Hoy la pasé genial.

Sasuke lo miró en silencio. No sabía qué responder. Solo asintió, sintiendo un leve calor en el pecho que lo acompañaría toda la noche.
Naruto se alejó calle abajo, silbando despreocupado, sin imaginar el torbellino que había dejado atrás.

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Disfruten!

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