Entre distancias y malentendidos

107 13 4
                                        

Los días siguientes se convirtieron en una rutina insoportable para Naruto.
Entraba al aula con la esperanza —absurda, quizá— de que Sasuke lo mirara, aunque fuera un segundo. Pero lo único que recibía era silencio. Silencio y una pared invisible entre ambos.

El rubio intentaba disimularlo. Reía con sus compañeros, hacía bromas, fingía que todo seguía igual.
Pero cada vez que lo veía salir del salón sin decir una palabra, algo en su pecho se apretaba un poco más.

Sabía que no podía obligarlo a escucharlo.
Pero también sabía que si no hacía nada, perdería lo más importante que había tenido en mucho tiempo.

Fue entonces cuando pensó en Hinata.

Ella siempre había sido amable con él, lo escuchaba sin juzgar, y sobre todo… no se burlaba de sus confusiones.
Quizás ella sabría cómo ayudarlo.

Así que, en el receso, la buscó en el jardín trasero de la escuela, donde solía leer bajo el viejo árbol de sakura.
Naruto se acercó, rascándose la nuca, inseguro.

—¿Hinata? ¿Tienes un minuto?

La chica levantó la vista, sorprendida por el tono serio en su voz.
—C-claro, Menma. ¿Pasa algo?

Naruto se sentó frente a ella, mirando el suelo.
—Creo que arruiné todo con Sasuke —murmuró.

Hinata parpadeó, dejando el libro a un lado.
—¿Qué ocurrió?

El rubio respiró hondo. No podía contarle todo, no con detalles… pero al menos parte.
—Le mentí. No fue intencional, solo… tenía mis razones. Pero ahora está enojado conmigo y no quiere ni verme. —Forzó una sonrisa, una de esas que intentaban tapar el dolor—. No sé qué hacer, Hinata.

Hinata lo miró con dulzura, notando el cansancio en sus ojos.
—A veces las personas necesitan tiempo —dijo con voz suave—. Pero eso no significa que no te escuchen más adelante. Si de verdad te importa, no te rindas.

Naruto la observó por un momento y sonrió, esta vez con sinceridad.
—Gracias. Eres muy buena amiga, Hinata.

Pero lo que Naruto no sabía… era que alguien los había visto.

Sasuke, que había salido al pasillo para evitar cruzarse con él en clase, se detuvo al verlos desde lejos, conversando bajo el árbol.
El viento movía las hojas de sakura y, por un instante, la escena pareció demasiado tranquila.
Demasiado íntima.

Naruto reía. Hinata lo miraba con una expresión dulce, como si comprendiera cada palabra que él decía.

Sasuke sintió algo extraño en el pecho.
Un cosquilleo incómodo, una punzada que lo irritó más de lo que quería admitir.

—¿De verdad… fuiste a contarle a ella? —murmuró para sí, con la mandíbula tensa.

No sabía por qué le dolía tanto verlo sonreírle así.
No tenía derecho a sentir celos.
Después de todo, había sido él quien lo había echado. Él quien había decidido ignorarlo.

Y aun así, ahí estaba: con el corazón latiendo rápido, con un enojo que no sabía a quién dirigir.

Se dio media vuelta, fingiendo indiferencia.
Pero mientras caminaba hacia el salón, no podía quitarse la imagen de la cabeza:
Naruto riendo, relajado, frente a Hinata.

Las siguientes horas se volvieron aún más frías.

Naruto notó que Sasuke lo evitaba todavía más. Ni una palabra, ni una mirada.
Y cuando al fin se cruzaron frente a frente en el pasillo, el silencio fue más pesado que nunca.

—Sasuke… —intentó de nuevo.
Pero el pelinegro pasó de largo, como si no hubiera escuchado.

Naruto cerró los puños, frustrado.
No entendía por qué la distancia parecía crecer cada vez más.
Había pensado que hablar con Hinata le daría claridad, pero ahora solo se sentía más confundido.

Por su parte, Sasuke estaba agotado.
No solo mentalmente, sino emocionalmente.
Intentaba convencerse de que no le importaba, que no le dolía ver a Naruto hablar con alguien más, que sus risas ya no significaban nada.

Pero era inútil.
Cada vez que lo veía, el corazón le latía un poco más rápido.
Cada vez que recordaba su rostro, sin peluca, sin mentiras, el estómago se le revolvía.

No podía evitar pensar en él.
Y eso lo enfurecía.

En la soledad de su cuarto, apretó los puños, mirando el reflejo de la ventana.
—¿Por qué diablos no puedo sacarte de mi cabeza? —susurró, con una rabia que apenas ocultaba la tristeza.

Mientras tanto, Naruto, en su habitación, repasaba una y otra vez lo que podría decirle si Sasuke lo escuchara.
Una disculpa no bastaba.
Pero quería intentarlo.

—No te voy a dejar solo, teme… —dijo en voz baja, usando aquel apodo que siempre lo hacía gruñir—. No hasta que entiendas que nuestra amistad fue real, aunque empezara con una mentira.

Miró por la ventana, hacia el cielo nocturno, y suspiró.
Allí, bajo las mismas estrellas, Sasuke también estaba despierto.
Ambos deseando lo mismo, aunque sin saberlo:
volver a hablar.

Solo que, por ahora, los celos, la confusión y el miedo los mantenían atrapados en un silencio del que ninguno sabía cómo salir.

Modelo oculto Donde viven las historias. Descúbrelo ahora