La mañana amaneció despejada y luminosa, pero el humor de Sasuke estaba lejos de ser tan claro. Desde su asiento junto a la ventana, observaba con gesto serio cómo Naruto charlaba animadamente con Hinata en la entrada del aula.
La chica, siempre dulce y tímida, parecía más relajada últimamente, riendo bajito ante cada torpeza del rubio.
Y él… él sonreía de un modo que Sasuke no había visto antes, un brillo sincero en sus ojos azules.
No entendía por qué aquello lo incomodaba tanto.
Naruto tenía derecho a tener amigos. Era amable, sociable… y por supuesto, Hinata era una chica encantadora. No había razón alguna para sentir ese peso extraño en el pecho, esa punzada leve pero constante.
No tenía sentido.
No te importa, se dijo a sí mismo con firmeza.
No debería importarte.
Pero aun así, cada risa compartida entre ellos le arrancaba una pequeña punzada de fastidio.
Durante la clase, Naruto se volvió varias veces hacia Hinata para pedirle ayuda con los apuntes. Sasuke intentaba concentrarse en el libro, pero sus ojos se desviaban una y otra vez hacia la escena.
Cada palabra, cada gesto, parecía recordarle algo que no quería aceptar: la cercanía que él deseaba, otro la estaba consiguiendo con facilidad.
Cuando sonó la campana, Naruto se despidió de Hinata con una sonrisa brillante.
Sasuke fingió indiferencia, aunque el silencio entre ambos durante el camino de salida fue más pesado de lo habitual.
—¿Todo bien? —preguntó Naruto, con una nota de preocupación—. Hoy no hablaste casi nada.
—Estoy bien —respondió Sasuke con voz seca.
—Mmm… si tú lo dices. Oye, ¿seguimos con el trabajo en tu casa?
—Sí —asintió sin mirarlo—. Hay que terminarlo antes del viernes.
Naruto sonrió satisfecho, sin notar la ligera tensión en los hombros de Sasuke mientras caminaban juntos hacia su departamento.
La tarde transcurrió tranquila al principio. Ambos se sentaron frente al escritorio de Sasuke, revisando los materiales del proyecto. Naruto escribía con concentración poco habitual, mientras Sasuke lo observaba de reojo, intentando no distraerse con los mechones rebeldes que caían sobre su frente o con la manera en que se mordía el labio al pensar.
—Creo que esto ya casi está —dijo Naruto, levantándose con energía—. Solo nos falta ordenar las hojas y pegar las imágenes.
Sasuke asintió y se inclinó para alcanzar una carpeta en la parte baja del mueble.
En ese mismo instante, Naruto también se agachó, buscando las tijeras que habían caído al suelo.
El resultado fue inevitable: un choque torpe, un resbalón… y ambos cayeron hacia atrás, sobre la cama que estaba justo detrás del escritorio.
El impacto fue suave pero desconcertante. Naruto quedó encima de Sasuke, apoyando una mano a cada lado para no aplastarlo. Sus rostros quedaron a escasos centímetros, tan cerca que podían sentir el calor del otro, el roce de su respiración.
El mundo pareció detenerse.
Sasuke se quedó inmóvil, los ojos muy abiertos, sintiendo el corazón golpearle el pecho con fuerza. El aroma de Naruto —a jabón, papel y algo dulce— lo envolvía por completo. Y el cuerpo cálido del rubio, presionando suavemente contra el suyo, despertó una corriente eléctrica que recorrió su piel sin aviso.
Un calor inesperado y punzante se arremolinó en su interior, haciéndolo contener el aliento.
Naruto, ajeno al caos que había desatado, sonrió nervioso.
—Lo siento, lo siento, me tropecé —dijo, intentando incorporarse—. ¿Estás bien?
Pero Sasuke no podía responder. Su mente era un torbellino y su cuerpo lo traicionaba con reacciones que no podía controlar.
El leve roce, la cercanía, el sonido de la voz de Naruto… todo era demasiado.
Con el rostro encendido hasta las orejas, se incorporó de golpe.
—Yo… voy al baño —dijo rápidamente, evitando mirarlo.
—¿Eh? ¿Seguro que estás bien? —preguntó Naruto, confundido.
—Solo… espera un momento.
Entró al baño y cerró la puerta tras de sí, apoyando la espalda contra ella.
El espejo reflejaba su rostro completamente rojo, el cabello despeinado, la respiración agitada.
No podía creer lo que le estaba ocurriendo.
Había intentado negar esos impulsos, esa atracción creciente, pero el cuerpo hablaba con una honestidad brutal que lo hacía sentirse vulnerable, confundido y avergonzado.
Se echó agua fría en el rostro, intentando calmarse.
Solo fue un accidente, se repitió mentalmente.
No es nada. No puede ser nada.
Pasaron varios minutos hasta que logró recuperar la compostura. Cuando regresó al cuarto, Naruto estaba sentado en la orilla de la cama, con expresión preocupada.
—¿Te sientes mejor? —preguntó con genuina inocencia.
—Sí… solo me mareé un poco —respondió Sasuke, evitando su mirada.
Naruto suspiró aliviado y le sonrió con esa calidez que siempre lograba desarmarlo.
—Me alegra. Pensé que te habías enojado o algo. Prometo tener más cuidado la próxima vez.
Sasuke lo observó por un instante. ¿Cómo podía alguien ser tan ingenuo?
Tan sincero, tan luminoso… y tan peligroso para su tranquilidad.
—No pasa nada —dijo al fin, tomando asiento junto a él—. Continuemos con el trabajo.
Naruto asintió feliz, sin sospechar el torbellino que acababa de despertar en el corazón del chico a su lado.
Esa noche, cuando Sasuke se quedó solo, el recuerdo volvió una y otra vez.
El peso del cuerpo de Naruto sobre el suyo, el calor compartido, esa mirada tan cerca…
Y aunque intentó negar lo que sentía, sabía que algo dentro de él había cambiado.
Ya no podía fingir indiferencia.
Naruto no era solo un amigo. Era la confusión más dulce y peligrosa de su vida.
ESTÁS LEYENDO
Modelo oculto
RomansaNaruto Uzumaki un famoso modelo rubio con ojos azules quiere tener una vida normal asi que se disfraza para no ser reconocido en su nueva escuela Sasuke Uchiha el mejor estudiante de la escuela e hijo de uno de los empresarios mas reconocidos se top...
