Una salida inesperada

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La semana había pasado rápido, entre trabajos, risas y miradas que ninguno de los dos entendía del todo. Pero por fin había llegado el gran día: la exposición escolar.
Los pasillos estaban llenos de estudiantes mostrando sus proyectos, decoraciones coloridas y profesores recorriendo los salones con cuadernos en mano. Naruto y Sasuke habían trabajado duro en el suyo: una presentación sobre una cultura extranjera y presentar una exposición con apoyo visual. llena de imágenes y comentarios que, para sorpresa de todos, se complementaban perfectamente.

Naruto estaba especialmente emocionado, moviéndose de un lado a otro mientras revisaba los últimos detalles.

—¡Sasuke! ¿Ya imprimiste las últimas fotos? —preguntó, sosteniendo un montón de hojas.
—Sí, están aquí —respondió el Uchiha, entregándole una carpeta—. Deja de correr, vas a parecer un niño.
—¡Pero es que estoy nervioso! —replicó Naruto con una sonrisa—. Quiero que salga perfecto.

Cuando llegó el momento, ambos presentaron frente a sus compañeros y profesores. Sasuke habló con seguridad sobre la composición, la luz y la expresión artística de las fotografías de apoyo; Naruto complementó explicando que la cultura de cada país es distinta pero hermosa. Se entendían sin necesidad de palabras, y esa conexión natural llamó la atención de todos.

Al final, la profesora sonrió satisfecha.
—Excelente trabajo, Menma y Sasuke. Se nota el esfuerzo y la pasión.
Naruto alzó un puño al aire, radiante.
—¡Lo logramos, Sasuke!
El moreno solo asintió, pero una pequeña sonrisa se escapó de sus labios.

Cuando las clases terminaron, Naruto se acercó con un brillo especial en los ojos.
—Oye, como nos fue tan bien… ¿qué te parece si celebramos con una bebida? No sé, algo tranquilo.
Sasuke dudó por un instante, pero al ver la ilusión del rubio, simplemente dijo:
—Está bien.
—¡Genial! ¿Te parece el sábado?
—De acuerdo.
Naruto sonrió de oreja a oreja.
—¡Entonces es una cita!
Sasuke sintió cómo se le helaba el cuerpo ante esa palabra, aunque sabía que Naruto no lo decía en ese sentido.
—No lo digas así —murmuró, apartando la mirada—. Solo… una salida.
—Sí, sí, una salida —dijo Naruto riendo.

El sábado llegó. Naruto se levantó temprano, emocionado, y eligió ropa casual pero arreglada: una camisa blanca, jeans y una chaqueta ligera.
Cuando llegó al punto de encuentro, Sasuke ya estaba ahí, con una sudadera negra y auriculares, esperando con sus manos en los bolsillos.

—¡Sasuke! —lo saludó Naruto, agitando la mano—. Llegaste temprano.
—No quería hacerte esperar —respondió sin mirarlo directamente.
—Jeje, eso es raro en ti —bromeó Naruto—. ¡Vamos!

Caminaron por las calles de la ciudad entre charlas simples y risas. Fueron a una pequeña cafetería con ventanales amplios y un aroma delicioso a pan recién horneado. Naruto pidió un frappé de vainilla, Sasuke un té verde.
Hablaron de la exposición, de las clases, y poco a poco la conversación se volvió más personal. Naruto contaba anécdotas torpes, y Sasuke lo escuchaba, sintiendo cómo cada gesto, cada sonrisa, parecía iluminar todo a su alrededor.

Hubo momentos en los que el silencio se volvía cómodo, donde solo se escuchaban las tazas chocar suavemente y el murmullo del lugar.
Sasuke lo observaba de reojo, notando cómo la luz del atardecer se reflejaba en sus ojos. Y fue ahí, en ese instante tranquilo, que lo entendió con claridad:
Estaba enamorado de Naruto.

No podía negarlo más. Aquella calidez en el pecho, ese impulso de querer estar cerca, de escucharlo reír… no era simple amistad.
Era algo más fuerte.
Algo que lo asustaba.

Pero al mismo tiempo, una sombra de tristeza se coló en sus pensamientos.
Sabía que Naruto nunca lo vería de la misma forma.
Naruto era alegre, espontáneo, siempre hablaba de cosas simples.
Y él…
Él era un chico enamorado de su mejor amigo.

Así que tomó una decisión silenciosa: se permitiría sentirlo, pero en silencio.
Solo un pequeño secreto en su corazón.

Después de la cafetería, caminaron por el parque, riendo por tonterías. Naruto insistió en comprar algodón de azúcar y obligó a Sasuke a probarlo, a lo que este se negó varias veces antes de rendirse.

—¡Ves! No está tan mal, ¿verdad?
—Demasiado dulce —murmuró, aunque el brillo en sus ojos decía otra cosa.
Naruto rió y le limpió con el dedo un poco de azúcar que había quedado en su mejilla.
Sasuke se quedó inmóvil por un segundo, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
—Tienes… algo aquí —dijo el rubio sin notarlo, ajeno al caos interno de su amigo.

Caminaron un poco más, viendo la fuente central del parque y compartiendo una calma que ninguno había experimentado en mucho tiempo.

Cuando empezó a caer la tarde, Naruto lo acompañó hasta su casa.
—Fue un buen día, ¿no? —preguntó sonriente.
—Sí… —respondió Sasuke, con una voz suave—. Gracias por invitarme.
—¡Claro! Para eso son los amigos —dijo Naruto sin pensarlo, con una sonrisa sincera.
Esa palabra golpeó el pecho de Sasuke como una espina dulce.
Amigo.
Solo eso.

Naruto agitó la mano al despedirse y se alejó calle abajo, sin notar cómo Sasuke lo observaba desde la puerta, con el corazón apretado y una leve sonrisa triste.

Más tarde, ya en su departamento, Naruto se dejó caer en el sofá mientras hablaba por teléfono con Shikamaru.

—¿Y cómo te fue? —preguntó su amigo con tono perezoso.
—¡Genial! Fuimos a una cafetería y luego a caminar, Sasuke estuvo de buen humor todo el día. Hasta sonrió varias veces.
—Vaya… eso sí que es raro.
Naruto rió.
—Sí, pero fue divertido. Me gusta pasar tiempo con él, es un buen amigo.

Hubo un silencio al otro lado.
—Naruto… —dijo Shikamaru con voz más seria—. ¿Te has dado cuenta de que últimamente hablas mucho de Sasuke? Y que cada vez que lo mencionas pareces más feliz.
—¿Eh? —Naruto se quedó pensativo unos segundos—. ¿Ah sí?
—Sí.
—Bueno, es que ahora nos llevamos bien. Al principio pensé que me odiaba, pero resulta que solo era serio.
—Ajá… —respondió Shikamaru, sin convencerse del todo—. Solo digo, piensa en eso.
—¿Pensar en qué?
—Nada… olvídalo. Qué problemático.

Naruto se encogió de hombros y soltó una risita. No entendía por qué Shikamaru decía esas cosas.
Para él, solo era feliz de tener un amigo de verdad.
Alguien con quien podía compartir su tiempo, sus risas y sus días.

Mientras tanto, en otro rincón de la ciudad, Sasuke miraba por la ventana de su habitación, recordando cada sonrisa, cada palabra, cada gesto de esa tarde.
Sabía que lo que sentía era real.
Pero también sabía que, por ahora, solo podía disfrutarlo en silencio.

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Holaa, espero que lo disfruteeen!!!
No sé olviden de comentar

Quiero agradecer a los que han esperado por años las actualizaciones de está historia y están aquí leyendo, enserio los aprecio demasiado y les pido mis más sinceras disculpas

Los quierooooo

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