El sol de media mañana bañaba los pasillos de la escuela con una luz cálida, y el ambiente estaba más relajado de lo habitual. Los profesores habían dejado varias actividades prácticas para cerrar la semana, y a Naruto le tocó una de las más aburridas (según él): ayudar a llevar unas cajas con material al almacén del edificio viejo.
—¡Menma y Uchiha! —llamó la maestra desde el aula—. Ustedes dos, lleven estas cajas al almacén del segundo piso. Cierren bien la puerta cuando terminen, por favor.
—¿Eh? ¡¿Otra vez contigo?! —protestó Naruto con un tono divertido, aunque en el fondo no le molestaba tanto.
—Podrías hacerlo tú solo si no quieres —respondió Sasuke con su típico tono serio.
—No, no, está bien… —dijo Naruto con una sonrisa torpe—. ¡Trabajo en equipo!
Ambos tomaron un par de cajas y caminaron por el pasillo. El almacén era una habitación pequeña al final de un corredor poco transitado, con olor a polvo y libros viejos. Cuando entraron, Naruto dejó su caja sobre una mesa y miró alrededor con curiosidad.
—Wow… aquí huele raro.
—Es un almacén, dobe —murmuró Sasuke, colocando la suya junto a otras—. No esperes perfume.
Naruto soltó una risita mientras abría una de las cajas. Dentro había carpetas, pinceles, cartulinas y otros materiales de arte.
—Oye, mira esto —dijo, sacando un frasco de brillantina—. ¡Podríamos usarlo para decorar la exposición!
—Ni lo pienses —replicó Sasuke sin mirarlo—. No pienso poner brillantina en mi trabajo.
Naruto bufó y volvió a guardarlo. Cuando terminaron de acomodar las cosas, se dirigieron a la puerta… pero al intentar abrirla, el picaporte no giró.
—¿Eh? —Naruto lo intentó otra vez—. ¿Qué…?
—Déjame —dijo Sasuke, probando él mismo. Forzó un poco, pero la puerta seguía sin moverse—. Está trabada.
—¿Qué?! ¡No puede ser! —Naruto comenzó a golpear suavemente la puerta—. ¡Oigan! ¿Hay alguien ahí? ¡Estamos encerrados!
Nada. El pasillo estaba vacío.
Sasuke suspiró y se apoyó contra la pared.
—Genial.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Naruto, un poco inquieto.
—Esperar. Alguien pasará por aquí tarde o temprano.
—¿Y si no?
—Entonces moriremos aquí —respondió Sasuke con sarcasmo.
—¡No bromees con eso! —protestó Naruto, frunciendo el ceño.
Hubo un silencio breve, incómodo. El almacén no era muy grande; apenas había espacio para moverse sin tropezar con algo. Sasuke cruzó los brazos, intentando no pensar en lo cerca que estaba Naruto. Cada vez que el rubio se movía, su hombro rozaba el suyo y su corazón latía más rápido de lo que quería admitir.
—Bueno… —dijo Naruto al fin, sentándose sobre una caja—. Ya que estamos atrapados… hay que hablar
Sasuke levantó una ceja.
—¿Hablar de qué?
—No sé. De algo. Es raro estar en silencio contigo —dijo con una sonrisa nerviosa—. Siempre pareces tan serio.
Sasuke suspiró, pero terminó sentándose también, al otro lado.
—Supongo que sí.
—Jeje, pensé que ibas a decir que no.
—Todavía puedo cambiar de opinión.
Naruto rió, y el sonido llenó el pequeño cuarto con una calidez inesperada.
Pasaron varios minutos hablando de cosas simples: las clases, los profesores, los proyectos. Naruto se quejaba del trabajo de historia y Sasuke lo escuchaba, fingiendo indiferencia, aunque en realidad disfrutaba ver cómo el otro se expresaba con tanta energía.
—Sabes —dijo Naruto, bajando un poco la voz—, nunca había tenido un amigo con quien hacer tareas o hablar así.
Sasuke lo miró, sorprendido.
—¿Nunca?
Naruto negó con la cabeza.
—Siempre fui medio torpe, hablador… y nadie quería juntarse conmigo. Así que solía estar solo.
Sonrió, pero era una sonrisa triste.
—Supongo que por eso a veces hablo demasiado… no quiero volver a sentirme así.
Sasuke guardó silencio. No sabía qué decir. Había imaginado muchas cosas de Naruto, pero no esa soledad detrás de su sonrisa.
Por un momento, sintió un nudo en el pecho.
Ese chico que tanto lo irritaba… también había estado solo.
Como él.
—No eres tan molesto —dijo al fin, casi en un susurro.
Naruto lo miró sorprendido.
—¿Eh? ¿Eso fue un cumplido?
—No te acostumbres —respondió Sasuke, apartando la mirada, aunque un leve rubor le tiñó las mejillas.
Naruto soltó una carcajada genuina, y Sasuke no pudo evitar sonreír apenas.
Por primera vez en mucho tiempo, estar atrapado con alguien no le resultaba incómodo.
El tiempo pasó más rápido de lo esperado entre risas, historias tontas y algunos silencios tranquilos. Hasta que una voz los sobresaltó desde fuera.
—¿Naruto? ¿Sasuke? ¿Están ahí? —era Hinata.
Naruto se levantó de un salto.
—¡Hinata! ¡Sí, estamos aquí! ¡La puerta se trabó!
Ella giró la perilla desde fuera y, con un poco de fuerza, finalmente se abrió.
—Oh, qué alivio… pensé que se habían ido.
—Gracias, Hinata —dijo Naruto, saliendo con una sonrisa—. ¡Nos salvaste la vida!
Sasuke lo siguió, tratando de ocultar el leve calor en su rostro. No sabía por qué, pero salir de ese cuarto le dejó una sensación extraña… como si hubiera dejado algo importante atrás.
Esa tarde, como lo habían planeado, se reunieron una vez más en casa de Sasuke para terminar su exposición. Trabajaron con más calma que otras veces; el ambiente entre ellos era diferente, más cómodo, más sincero.
Cada vez que Naruto sonreía, Sasuke sentía ese mismo latido extraño en el pecho, pero ya no le parecía tan aterrador.
Quizá… no estaba tan mal tenerlo cerca.
Y mientras el sol se ocultaba detrás de las ventanas, Sasuke comprendió que, poco a poco, aquel chico torpe y brillante estaba derribando los muros que él había levantado durante años.
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Modelo oculto
RomanceNaruto Uzumaki un famoso modelo rubio con ojos azules quiere tener una vida normal asi que se disfraza para no ser reconocido en su nueva escuela Sasuke Uchiha el mejor estudiante de la escuela e hijo de uno de los empresarios mas reconocidos se top...
