El sol se filtraba suavemente por la ventana, tiñendo las paredes con un tono dorado.
El aire olía a calma, a quietud después de una noche llena de risas, sustos y silencios cómodos.
Sasuke abrió los ojos lentamente, aún somnoliento.
Durante unos segundos, no comprendió del todo dónde estaba… hasta que sintió un leve peso en su hombro.
Giró la cabeza, y ahí estaba Naruto —o más bien, Menma— dormido, con el rostro relajado, respirando con suavidad.
Sasuke lo observó en silencio, sin poder evitar la pequeña sonrisa que se formó en sus labios.
La noche anterior había sido una de las más tranquilas que recordaba. Por primera vez en mucho tiempo, su corazón se sentía en paz.
Esa calidez extraña volvió a apoderarse de él.
Sin pensarlo, levantó una mano y, con cuidado, apartó un mechón rebelde de la cara de su amigo
Sus dedos rozaron las hebras suaves y tibias… pero entonces notó algo.
Un pequeño destello, algo fuera de lugar, se asomaba por detrás de su oreja.
Un mechón diferente, más corto, más claro.
Frunció el ceño.
—¿Qué…? —murmuró, acercándose un poco más.
Su curiosidad pudo más que la prudencia.
Tiró con suavidad del mechón y, para su sorpresa, la base del cabello se movió ligeramente.
Su mente tardó un segundo en procesarlo.
¿Qué diablos…?
Llevado por el impulso, apartó un poco más el cabello, revelando lo imposible: una línea de unión, como si aquel castaño no fuera natural.
Una peluca.
Sasuke sintió cómo su pecho se apretaba.
Su respiración se detuvo por un instante.
No… no puede ser.
Justo en ese momento, Naruto se movió, frotándose los ojos por la sensación.
—¿Eh…? —balbuceó, medio dormido—. ¿Sasuke…?
Pero al ver el rostro del moreno, serio, desconcertado, comprendió de inmediato.
Su cuerpo se tensó.
Sus manos, casi instintivamente, volaron hacia su cabeza, tratando de cubrir lo descubierto.
—Q-que carajos… —Sasuke retrocedió un poco, mirándolo con incredulidad—. ¿Usas… peluca?
Naruto tragó saliva, buscando algo que decir.
—N-no es lo que crees, yo… déjame explicarte, ¿sí?
—¿Explicarme qué? —replicó Sasuke, su voz subiendo apenas un tono, cargada de confusión—. ¿Quién carajos eres?
—Sasuke, espera, por favor…
—¡No, no me digas que espere! —explotó de pronto, poniéndose de pie—. ¿Cómo se supone que confíe en ti si ni siquiera sé quién eres en realidad?
Naruto también se levantó, nervioso, sin saber por dónde empezar. Su mente iba a mil por hora, buscando una forma de ordenar las palabras, pero nada salía.
—Yo… no quería mentirte, te lo juro. Solo que… todo comenzó por una tontería, y luego… ya no supe cómo detenerlo.
Sasuke lo miraba con una mezcla de furia y desilusión.
Su pecho dolía.
Se sentía traicionado, confundido… incluso ridículo.
¿Todo lo que había sentido era por una mentira? ¿Por alguien que ni siquiera existía?
Naruto se alejó un par de pasos y respiró hondo.
—Déjame… déjame explicarte bien —dijo, con la voz temblorosa, dirigiéndose al baño.
Sasuke no respondió. Solo lo observó irse, el corazón latiendo con fuerza, la mente hecha un torbellino.
Dentro del baño, Naruto apoyó las manos en el lavabo.
El reflejo del espejo le devolvió su propio rostro, despeinado, con los ojos algo hinchados por el sueño y el susto.
Sus dedos temblaron mientras tocaban la base de la peluca.
—Ya no puedo seguir ocultándolo… —murmuró para sí, con la garganta apretada.
Se quitó la peluca despacio, dejando que su cabello rubio natural cayera libremente sobre su frente.
Luego, retiró los pupilentes oscuros, revelando sus ojos azules brillantes, tan vivos y honestos como siempre habían sido.
Miró su reflejo con tristeza.
No era Menma.
Era Naruto Uzumaki.
Un chico que solo quería ser aceptado.
Que había creado una mentira pequeña al principio, pero que había terminado envuelto en algo mucho más grande… y mucho más doloroso.
Tomó aire y salió del baño.
Sasuke seguía en la sala, con los brazos cruzados, la mirada fija en el suelo.
Cuando lo vio, sus ojos se abrieron con sorpresa.
Naruto se detuvo frente a él.
—Este… soy yo. —Su voz sonó débil, casi un susurro—. Mi nombre verdadero es Naruto Uzumaki.
Sasuke lo observó en silencio.
Los segundos se hicieron eternos.
Naruto continuó, intentando no quebrarse:
—Al principio no planeaba engañar a nadie. Cuando entré a la escuela, solo quería tener una oportunidad, pasar desapercibido. Pero las cosas se salieron de control. Todos me conocieron como Menma… y luego tú… —bajó la mirada—, tú empezaste a hablarme, a confiar en mí. No quise arruinarlo.
Su voz se cortó un poco.
—No sabes cuánto quise decirte la verdad. Pero tenía miedo. Miedo de perder esto… —hizo un gesto entre ambos—, lo que teníamos.
Sasuke permanecía inmóvil. Sus manos se cerraron en puños.
Cada palabra le dolía más de lo que quería admitir.
Cuando por fin habló, su voz sonó dura, quebrada:
—¿Miedo? ¿Eso justifica que me mintieras todo este tiempo?
Naruto alzó la vista, con los ojos vidriosos.
—No… no lo justifica. Pero te juro que no fue por maldad. Solo… no quería que me vieras diferente.
—Ya lo lograste —respondió Sasuke con frialdad, apartando la mirada—. Ahora no sé quién demonios eres.
Naruto dio un paso adelante.
—Sasuke, por favor… yo sigo siendo el mismo.
—¡No! —lo interrumpió el moreno, levantando la voz—. No eres el mismo. Me hiciste creer que te conocía, que… —se detuvo, tragando las palabras que no podía decir—. Todo esto fue una mentira.
Naruto sintió que el estómago se le hacía un nudo.
—No digas eso, por favor…
—Necesito tiempo —dijo Sasuke al fin, apartándose unos pasos—. No puedo verte ahora.
Naruto lo miró, dolido, pero comprendió.
No insistió. Solo asintió despacio.
—Está bien… —murmuró, su voz apenas un hilo—. Lo entiendo.
Tomó su mochila, la peluca y los pupilentes.
Antes de salir, se detuvo un segundo en la puerta, sin atreverse a mirar atrás.
—Perdóname… —susurró.
El sonido de la puerta cerrándose resonó en el silencio de la casa.
Sasuke permaneció quieto, mirando el espacio vacío donde momentos antes estaba Naruto.
Su respiración era irregular, el pecho le dolía.
Se dejó caer en el sofá, apoyando los codos en las rodillas.
—¿Quién diablos eres realmente, Naruto? —murmuró para sí, mientras una sensación amarga le subía por la garganta.
No sabía si estaba más enojado o triste.
Solo sabía que todo lo que había sentido, todo lo que había creído, ahora era un caos.
Y que, por mucho que lo intentara negar, su corazón aún latía con fuerza por ese chico…
aunque ya no supiera quién era en realidad.
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Holaa, no se olviden de comentar, me encantaría leer lo que piensan
Ya hay tensión pero no sé preocupen, después de la tormenta viene la calma... O era después de la calma viene la tormenta?
Ya veremos :)
Los quierooo
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Modelo oculto
Roman d'amourNaruto Uzumaki un famoso modelo rubio con ojos azules quiere tener una vida normal asi que se disfraza para no ser reconocido en su nueva escuela Sasuke Uchiha el mejor estudiante de la escuela e hijo de uno de los empresarios mas reconocidos se top...
