CAPÍTULO 45 - LA ILUSTRADORA SECRETA Y EL CHICO QUE NO TITUBEA

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El sol de la tarde teñía de naranja el parque de la colina. Las hojas mecidas por el viento producían un sonido suave, casi melancólico. Nobuo caminaba a paso relajado, con las manos en los bolsillos, mientras Utaha Kasumigaoka avanzaba a su lado con su típica elegancia despreocupada.

El sistema llevaba varios minutos vibrando en su cabeza.

⟨SISTEMA⟩:
Usuario, esta misión es clave. Ayudar a Utaha a conectar con Eriri acelerará el desarrollo del arco creativo. Recompensas estimadas: la Yamaha TZR 50cc negra, modelo 2010, y la licencia. Solo debes cumplir una cosa: lograr que Eriri acepte escucharte.

—Ya lo sé —murmuró Nobuo mentalmente—. Has repetido eso diez veces.
⟨SISTEMA⟩:
¡Porque tú sueles arruinarlo todo por tu sarcasmo, usuario!

Nobuo sonrió para sí mismo.

—Relájate. No voy a intimidar a una artista de doujinshi... al menos no mucho.

⟨SISTEMA⟩:
¡Esa frase ya me preocupa!

Utaha lo observó de reojo.

—Hablas solo más de lo que admites.

—Hablo con quien me entretiene —respondió él sin perder la calma.

Utaha sonrió como si hubiera confirmado una teoría privada.

—Llegamos —dijo finalmente, señalando un rincón del parque.

Allí, bajo la sombra de un gran árbol, una chica rubia con dos grandes coletas estaba sentada sobre una manta, dibujando con gran concentración. Vestía su uniforme escolar con una pulcra elegancia que contrastaba con la intensidad con la que movía el lápiz. Sus ojos azules estaban fijos en la libreta. El viento levantaba las puntas de su cabello, dándole un aire casi etéreo.

Eriri Spencer Sawamura.

Una de las ilustradoras más talentosas... y más temperamentales.

Utaha avanzó primero.

—Mira quién está aquí... —canturreó con veneno suave.

Eriri levantó la cabeza, frunciendo el ceño con rapidez.

—Tú otra vez, Kasumigaoka. ¿No tienes cosas mejores que hacer que perseguirme?

—Te sorprendería lo poco que me ocupa mi tiempo libre —respondió Utaha—. Pero hoy no vine por ti... bueno, no del todo.

Los ojos de Eriri buscaron, desconfiados, a la figura masculina detrás de Utaha. Cuando sus miradas se cruzaron, Nobuo simplemente levantó una mano en un saludo casual.

—Yo soy Nobuo. Un gusto.

Eriri lo miró unos segundos, evaluándolo.

—¿Y tú quién exactamente? No pareces socio de Kasumigaoka.

—¿Socio? —Utaha negó suavemente—. Qué palabra tan graciosa. Si alguna vez lo fuera, sería yo quien lo reclutaría, no al revés.

Eriri chasqueó la lengua.

—¿Y entonces por qué lo traes hasta aquí? ¿Vienes a molestarme en grupo?

Utaha suspiró.

—No seas dramática. Él vino porque quiere hablar contigo. Yo solo soy la intermediaria. Aunque, siendo sincera, quiero ver su reacción al conocerte.

Nobuo avanzó un paso, confiado.

—Necesito un ilustrador.
—¿...Eh? —parpadeó Eriri.
—Publiqué una novela y quiero trabajar con alguien competente. Te estaba buscando.

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