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Lucifer seguía despierto cuando Leal se removió apenas entre sus brazos. Fue un gesto mínimo: un cambio en su respiración, el roce distraído de su pierna contra la de él, el calor de su cuerpo acercándose sin siquiera ser consciente de ello.

Y, aun así, bastó.

Bastó para quebrar el último resto de control que le quedaba.

La sujetó con más fuerza.

No por miedo.

No esta vez.

Sino por el anhelo feroz que ella había despertado en lo más profundo de su ser.

—No... —murmuró contra su cabello, cerrando los ojos—. No te muevas así.

Leal abrió los ojos lentamente, todavía atrapada entre el sueño y la vigilia. Al principio no entendió. Luego sintió la tensión en su cuerpo, la rigidez de sus músculos, la forma en que parecía contener algo demasiado grande para permanecer encerrado.

—¿Señor...? —susurró—. ¿Qué ocurre?

Lucifer bajó la mirada hacia ella. Había algo distinto en sus ojos. Algo vulnerable.

Algo... peligroso.

—Pasa que te deseo —confesó al fin, sin refugiarse detrás de medias verdades—. Y estoy cansado de fingir que puedo ignorarlo.

Leal contuvo el aliento y él soltó una risa amarga.

—Pasa que desde que regresaste a mí... ya no puedo pensar con claridad. —Su voz se quebró apenas—. Ya no me importa nada como debería importarme.

Su mano recorrió la espalda de ella, lenta pero firme.

—Ni el Cielo. Ni Padre. Ni siquiera el Monstruo que viene por nosotros.

Leal sintió que el corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas.

—Lucifer...

—Eres lo único en lo que pienso. —Su confesión salió casi como una condena—. Lo único que quiero proteger. Lo único que temo perder. Y eso me aterra.

Los ojos de Leal se humedecieron.

—Entonces... ¿por qué sigues alejándome?

Lucifer cerró los ojos y apoyó la frente contra la de ella.

—Porque todo lo que toco termina roto. Porque si permaneces a mi lado, acabarás pagando por mis errores.

—Ya estoy aquí.

Él apretó la mandíbula.

—Leal...

—Ya elegí.

Leal alzó apenas el rostro y sus labios rozaron los de él. Fue un contacto breve. Inocente, pero completamente devastador.

Lucifer soltó un sonido grave, contenido.

Entonces la besó con toda la intensidad de alguien que llevaba siglos negándose aquello que más deseaba. La sostuvo del rostro como si temiera que desapareciera. Como si el mundo entero pudiera arrebatársela en cualquier momento.

Cuando finalmente se separó, ambos respiraban con dificultad.

Lucifer apoyó la frente contra la suya.

—Te quiero —admitió con una honestidad brutal—. Mucho más de lo que debería.

Leal llevó una mano hasta su pecho.

Luzbel. (En Curso)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora