ONCE

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Blanco y cloroformo.

//Britannie//

Debía entrenar a Luke, la idea de incluirlo en mis problemas hacía que mi corazón se hiciera pequeño, asesinar, robar, eran palabras que causan un sin sabor con el simple hecho de escucharlas, pero si quería salir de esto necesitaba de su ayuda, pues en el mundo de la mafia no sabes en quien verdaderamente confiar y teniéndolo a el de mi lado podría hacer mi golpe de libertad sin la sensación de que en algún momento podría venderme de nuevo al cautiverio. 

Su entrenamiento no era ningún problema para mi, el problema los obstáculos que habían para llevarlo a cabo.

Pensé mientras que miraba detenidamente a Richard.

-¿Qué sucede, linda?  Me comerás con la mirada.- Dijo lleno de egocentrismo mientras se acercaba a mi, como si de su presa se tratará.

-Claro que no.- Dije mientras soltaba una pequeña risa traviesa fingida. 

Se detuvo y me miro con atención, sabia que algo no estaba bien conmigo, era como un depredador oliendo los miedos y las emociones negativas de sus próximas presas.

Sabia que estaba examinándome con recelo, aproveche su atención y me levante del sillón para acercarme a el y juntar su cuerpo con el mio. Me tomo su por la cintura y apretó su pecho contra los míos. Lo tenía conmigo de nuevo, con la guardia baja.  

-Cariño, llamo Hershel.- Dije segura mientras acariciaba su cabello.

-¿Hershel?, ¿pero por qué no me llamo a mi directamente?- Me cuestionó y se separó de mi cuerpo para sacar su teléfono y revisarlo.

Por ningún motivo podía dejar que viese su teléfono y supiera que le mentía sin razón aparente. Me moví con rapidez, lo abracé, alejando sus manos del teléfono y las posicioné en mi cintura.

-Sí, llamó Hershel, dijo algo sobre un club dorado, algo así, negocios.-  Le dije esperando su frenética reacción pues antes de que llegase a casa hoy en la mañana había buscado por toda la casa algún papel o alguna información que sirviese.

Encontré un papel pequeño con el nombre de uno de sus mayores socios y la palabra club dorado junto a un gran URGENTE.

Como lo esperaba, pasó saliva y se alejo de mi para tomar las llaves del coche, guardar su teléfono e irse.

-Adiós.- Suspiré y rápidamente me cambié de ropa, tome una mochila con las cosas necesarias y una mascara de color blanco.

Todo salia acorde a lo planeado, según la hora Richard aún no salia del garaje, pues sabia de de alguna u otra manera haría preparativos por si al llegar a aquel lugar le tendían una trampa, aceleré el paso y al llegar a la puerta del garaje, con cautela me posicione en los asientos de atrás mientras el abría la puerta que daba a fuera.

Al escuchar que su puerta se cerró me lancé a el y puse el cinturón de seguridad en su cuello mientras el intentaba tome el arma que yacía en el cajón pequeño. Poco a poco dejo de luchar pues el pañuelo lleno de cloroformo había surtido su efecto. Con esfuerzo saque su cuerpo dormido al garaje y lo amarré con una de las mangueras del jardín. 

Salí en el auto rápidamente, deje la mascara a un lado junto a la mochila, llegué al muelle y lo vi.

Veía con confusión la mascara hasta toque el claxon.  El se acerco con rapidez y sin decir nada aceleré hasta llegar a un callejón oscuro y silencioso.

Salimos del coche y lo primero que hice fue darle la mano.

Estaba nervioso pero intentaba no expresarlo. Abrí la puerta de uno de los edificios subterráneos.

Bajamos por el oscuro pasadizo y los amplios escalones hasta que llegamos a una pequeña sala iluminada por una tenue luz.

El miraba con cautela todo aquello que colgaba, que estaba sobre las mesas, los periódicos, los planos, las armas, los chalecos.

-Hace mucho planee esto.- Lo miré -¿Estás listo?


Amor PeligrosoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora