3.30 For Good

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"De verdad, padre, ¿Era necesario traerme hasta aquí?." Damian rompió el silencio apenas cruzó la puerta.

"Si." La respuesta de Bruce fue tan seca como breve. "Toma asiento."

Damian se mantuvo de pie frente al escritorio, desafiando la orden. Había estado en la oficina de su padre antes, y pocas veces había salido de ella con algo bueno. Recordaba su primera vez, recién llegado a la vida del caballero de Gotham; el sermón sobre no probar el filo de su espada en los jardines de Pennyworth aún resonaba en su memoria. La diferencia era que ahora Alfred no se encontraba para amortiguar la tensión entre padre e hijo.

Y Bruce había pedido que Selina —la única capaz de calmar las aguas— los dejara solos. Mala señal. Dos Wayne tercos encerrados en un reducido espacio era la formula perfecta para un desastre emocional.

El reloj avanzaba despacio. Bruce, desde su silla, entrelazó los dedos por bajo de su mentón y lo observó sin pestañear, intentaba leerlo. Un análisis intencional; el peso de sus ojos empujaban al menor en ser el primero en hablar.

"Lo que tengas decir, hazlo rápido." Damian rompió el silencio. Siendo tan renegados, tuvo que ceder o ninguno saldría de aquí pronto. Cuanto más tiempo pasara allí, más tiempo Raven tendría que soportar a sus hermanos. Y claramente no permitiría que un grupo de idiotas, a los cuales apreciaba secretamente (en el más pequeño y oscuro lugar de su corazón), arruinarán los pedazos que acaba de poner juntos en su relación con la mitad demonio.

"Toma asiento, Damian."

"Estoy bien de pie. Esto no tomara mucho tiempo. Tenemos que regresar a la torre y el viaje es largo."

"Regresarás a tiempo, Raven será capaz de transportarlos a tiempo."

"Si, pero usar los poderes de Raven no está dentro de mis planes."

Otro silencio. Bruce parecía rebobinar su estrategia. Damian, por su parte, solo quería que esto acabara. Ninguno de los dos se encontraba en el mejor lugar. Ambos heridos. No quería otra grieta en una relación ya marcada por cicatrices.

"Hemos hablado poco desde que volviste a casa. ¿Cómo te haz sentido, hijo?"

"¿Cómo crees, padre?, esto no es una fiesta, o ¿si?." Damian gruñó en regreso, basta de darle vueltas al asunto. "Ve al punto de una vez."

"Baja tus defensas, Damian. Esto no es un interrogatorio en tu contra." Su voz seguía impasible, pero Damian detectó la ligera molestia. "He hablado con tus hermanos, pero no contigo. Alfred fue... el segundo padre que perdí, el padre que tu y tus hermanos necesitaron."

"Es bien sabido, dado las pocas opciones a la mano." Damian rodó los ojos, pero Bruce no mordió el anzuelo.

"Tu madre..." Bruce se inclinó hacia atrás, midiendo sus palabras, calaba las aguas profundad a las cuales estaba a punto de sumergirse. "...por lo que sé, tu madre te hizo una breve visita. ¿Algo que quieras contarme?"

Su madre.

Finalmente se dejaba de rodeos para poner las cartas sobre la mesa. Desafortunadamente, su madre siempre era un tema sensible a discutir. Damian sentía sus defensas mentales volverse a levantar.

"Si tienes algo que decir, dilo tú primero." Su tono era un desafío. "Sugieres que yo sé algo de lo que tu no estas al tanto."

"Damian."

La manera seca en que su padre pronunció su nombre hizo que sus manos se cerraran en puños. Bruce lo estaba tentando. Quería que hablara; admitir o negar. El antiguo Batman probablemente ya sabía todo; lo que buscaba era escuchar la verdad salir de su boca. Quería que viniera corriendo a su seguridad paterna y acusara a su madre de lo que ella era capaz de hacer. Quería que por su voluntad dijera en voz alta sí había aceptado un trato que Bruce Wayne sería incapaz de controlar.

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