Epílogo: Daughter

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No fue un ruido ni tampoco un sueño, fue esa sensación que le era tanto como extraña como familiar lo que la había despertado durante la madrugada mientras la mansión Wayne aun dormía.

Rose pensó por un segundo que había sido un eco de cansancio, el peso de días que aun no terminaban de acomodarse en su cuerpo. Pero entonces, lo volvió a sentir, recorriendo su cuerpo y hundiéndose en su corazón; miedo y angustia.

Era una rutina que se manejaba por instinto, sabia que al cerrar sus ojos vería al mundo moverse; Calles que se estiraban como venas, luces que parpadeaban como señales de advertencias, movimientos de quienes parecían nunca quedarse quietos.

Sintió un tirón en la nuca, la sensación era demasiado familiar...demasiado agobiante; Peligro.

Necesitaba moverse.

Rose abrió la puerta de la habitación, el corazón marcando un ritmo que no coincidía con el silencio entre los pasillos de aquella enorme mansión.

Desapareció entre la ciudad que aún se mantenía absorbida en la oscuridad. El aire de Gotham entraba frío, cargado de algo que no sabía nombrar.

Cambió de techo, de calle, de sombra. Como si el simple acto de avanzar pudiera engañar a lo que venía detrás. Algo en su pecho le decía que estaba cerca.

Se movía para adelantarse y evitar que algo ocurriera, actuar antes de que la vida se volviera incomoda. Lo vio, lo sintió y anticipo el ataque antes de que fuera demasiado tarde.

Mientras en algún lugar, más allá de Gotham, alguien que coleccionaba nombres y futuros marcó uno nuevo en una lista que nunca se quedaba corta.

WILSON, ROSE.

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