Capítulo 11: Amor verdadero - ¡ÚLTIMOS CAPÍTULOS!

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Al día siguiente, Ywen y Agnès se estaban preparando para salir. Se vistieron con ropa cómoda, nada muy producido para no levantar sospechas. 

Al salir, el padre de Agnès las detiene, como si pudiera leer los pensamientos de ambas.

—¿Dónde van solas? Alex debe acompañarlas —Alex era el guardaespaldas que él había contratado para su hija.

—Vamos a caminar al parque —le contestó de inmediato Ywen. —Creo que Agnès necesita algo de aire fresco, para que olvide todas esas tonterías —Agnès la fulminó con la mirada, pero no emitió ninguna palabra. Sabía que así podrían convencer a su papá de ir solas, Ywen era la tercera persona -luego de ella y su madre- en conocer perfectamente la actitud del Sr. Dawson.

—No irán sola —dijo al descubrir las intenciones de Ywen.


Ya en el parque, ambas estaban en completo silencio. No podían conversar teniendo al lado al mastodonte, como lo había llamado Ywen. Agnès ideaba un plan para deshacerse de él, al menos por un momento, para así correr a ver a su amado.

—Alex... —habló Agnès. —¿Nos traerías un helado?

—Mis órdenes son quedarme cerca de usted. 

—¡Oh, vamos! No me pasará nada, sólo serán 10 minutos como mucho y enserio, enserio, quiero helado.

—Bien... —vaciló por un momento, para finalmente acceder. —No se aleje —dio media vuelta, en dirección al camión de helados que estaba estacionado en la otra esquina.

—Ni un metro —respondió Agnès, reprimiendo una pequeña risa, así como los niños cuando saben que han hecho una travesura y esperan a que los descubran.

—¿Lista? —le dijo Ywen, su expresión reflejaba una completa complicidad, ¡sí que eran las mejores amigas!

—Lista —ambas comenzaron a correr, tratando de no reír al hacerlo, para que Alex no notara su fugaz escape. 

Al cabo de 10 minutos, tal como había previsto Agnès, Alex ya se acercaba a la banca en donde ellas estaban sentadas, pero ahí no había nadie, salvo una pareja de pájaros cuyos movimientos daban la impresión de que estuvieran peleando. Soy hombre muerto, susurró Alex a la vez que tomaba su móvil para comunicarse con Agnès. 


—¿Qué se les ofrece, señoritas? —preguntó el policía de turno. Era un hombre de aspecto intimidante, pero sus ojos eran de color café claro, muy claro, lo que también le daba una apariencia tierna, lo que parecía algo bastante contradictorio, según Ywen, tal vez el estar en la policía te hace obligatoriamente actuar intimidantemente, pensaba ella. También estaba pasado con unos dos o cinco kilos, lo que hacía suponer que la mayoría de su trabajo consistía en estar sentado en aquella silla.

—Queremos visitar a Kevin, Nick y Joe Jonas —respondió Agnès.

—Lo siento, señoritas. Ellos tienen prohibido recibir visitas hasta que se realice el juicio. 

 —Por favor, no estaremos mucho tiempo. Sólo unas palabras.

—Está bien, les doy 15 minutos. 

Ambas entraron a la celda en la que tenían a los chicos, los tres estaban sentados en silencio con la mirada fija en el suelo, Joseph fue el primero en levantar la vista, encontrándose directamente con los ojos de Agnès. Se levantó lo más rápido que pudo, asustando a sus hermanos y en menos de dos segundos se encontraba junto a ella, abrazándola. 

—¡Agnès! —exclamó Joseph con ella entre sus brazos. —¿Cómo estás? 

—Casi bien.

Secuestrada por los Jonas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora