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20 de agosto de 2011
No puedo creer que Giulio no se haya ido a su casa. Ahora está bañándose, en mi baño, cantando con fuerza una canción que no reconozco pero es en italiano. No sé qué ropa va a ponerse, pero es un invasor en mi departamento. Incluso Lunua lo odia. Después de que logré dormir ayer por la tarde, él me levantó con un fuerte gruñido que pego; Lunua estaba enganchado en su enorme espalda, las garras completamente enterradas. Me costó bastante quitárselo de la espalda y le dejo sangrando.
Abro una galleta oreo y comienzo a masticar mientras veo Los Padrinos Mágicos. Giulio sale del baño con una toalla enrollada en su cintura junto con un montón de humo. Me suelta una sexy sonrisa y pienso que esto parece un comercial o algo así.
—Qué miras?
—Los padrinos mágicos! — le digo y trato de mover mi cuello una vez más.
—Um... Mira, no tengo calzoncillos. Me prestarías unos?
Hola? No te has dado cuenta que soy una chica?
—No te quedarán los míos.
—No, yo vi un par de calzoncillos que podrían quedarme. En tu gaveta de abajo.
—Revisaste mi ropa?
Él me suelta una sonrisa avergonzada y se pasa una mano por el cabello húmedo.
—Quería... Ver...
—Bueno. Pero te lo daré yo.
Me levanto y voy a mi habitación. Abro mi último cajón y saco una camiseta de Charlie. El idiota de Charlie. Estiro la camiseta y veo el tamaño. Sí, ya lo creo que le quedará. Se la doy y luego busco algunos calzoncillos. Los encuentro y se los doy.
—Tienes novio?
—No.
Él agarra la ropa y luego de un rato en silencio, viéndome, se quita la toalla ahí. Enfrente de mi. Suelto un chillido y me tapo los ojos.
—Cerdo!
Me tiro al suelo y me arrastro por el camino conocido hacia mi cama, me escondo debajo con dificultad por mi cuello. Abro los ojos y veo sus peludos tobillos. Él sube el calzoncillo sobre su pierna y suspiro. Abusivo. Toma la camiseta del suelo y supongo que se la pone, no logro ver nada más allá de sus pies. Él busca en la última gaveta y encuentra unos pantalones cortos y calcetines. Se pone ambos. 
—Ya puedes salir.
—Acabas de dañar mi mente.
Él no contesta. Comienzo a escuchar la canción de Los Padrinos Mágicos, avisando que se acabo el episodio.
—Sal.
—No puedo. No quiero lastimarme el cuello.
Él suspira y eleva la cama. Me arrastro con mucho esfuerzo, pensando en cómo diablos hice para llegar hasta acá con mi cuello lastimado. Salgo y recojo su toalla, luego corro a mi sala. Giulio sale de la habitación en unas chanclas y no me sonríe. Su rostro es completamente serio y enojado. Sus dientes apretados y cejas juntas.
—Estas enojado porque no quise ver tus partes íntimas?
—No. Y no las llames así, no eres mi psicóloga rara.
—Oye, lo siento. No te enojes.
—Tú no entiendes.
—Pues entonces explícame!
Él niega con la cabeza y cambia el otro episodio de Los padrinos mágicos y pone el golf.
—Eso es realmente aburrido.
—Lo siento. Pon lo que quieras.
Se saca la camiseta por la cabeza y luego enciende el ventilador. Maldito exhibicionista.
—Qué te pasa, Giulio? Yo no ando por ahí enseñando mi abdomen.
—Mala suerte para ti.
—No... Ponte tu camiseta! Giulio!
—No quiero. Tengo calor.
Mi mirada se dirige a su abdomen y le gruño. —No seas un loco exhibicionista. No estamos en un museo.
—Me consideras digno de un museo?
Le gruño y comienzo a diseñar de nuevo la mesa de los novios.
—No me gusta ese pajarito ahí. — murmura él en mi oído, su pecho desnudo tocando mi mano.
—Por qué no te vas a tu casa?
—Porque no quiero. Pero si tanto te molesta el que esté aquí, estaré en silencio.
Él enciende su teléfono, acomodándose en el sillón, su enorme brazo en mis hombros. Que consuelo.
—Cliente, aléjate! Déjame en paz!
Él no contesta y lo veo abrir los mensajes y comienza a mandarle un "Hola, cariño" a Lara Jean. Frunzo el ceño y continuó con el diseño, quitándole el pajarito que él ha dicho que no le ha gustado en la mesa. Él suelta una risotada y pone en mi nariz una imagen de una pelirroja con cara de duende y a un bebé muy pequeño con vomito en su boca.
—Ella le vomitó en el cuello, ves?
—Oh, eso es genial. — murmuro y corto una imagen de una flor.
Él me frunce el ceño y sigue con lo suyo. Cuando mi diseño está completo, le pongo la laptop en la cara. —Te gusta así?
Él apenas le echa un vistazo y escribe una respuesta. —Oh, eso es genial.
Abro la boca pero de ella no sale nada, no inmediatamente. —Bien, la dejaré así. Aunque no te guste... A mí me gusta. Lo hago. Es muy linda. Y sabes qué? Le pondré el pajarito. A mí me gusta, sabes?
Giro mi cuerpo hacia él y lo veo elevándome una ceja, de esa manera como "no me interesa". —Haz lo que quieras.
—Idiota. Lo haré, no porque tú me lo órdenes sino porque yo quiero!
—Hazlo. — me ordena.
Y yo tengo ganas de patearlo! Idiota, idiota! Nadie me ordena a mi!
—Lo haré.
—Hazlo.
—CÁLLATE!
Él sorprendentemente lo hace. Dirige su atención a su estúpido celular y veo lo que le escribe a Lara Jean.
Giulio: Estoy con una loca aquí.
Agh, cómo lo odio.
Hago el diseño de las otras mesas, las VIP's son algo parecidas a la mesa de los novios y las demás son más comunes aunque extravagantes. Hago un listado de tiendas después, números de teléfono y links de pedidos y le escribo a Johana diciéndole en dónde encontrará cada cosa. Mi parte favorita son las compras pero debido al maldito golpe en el cuello que tengo, no lo lograré. Y debido a que falta un mes y medio. Recibo un mensaje del padre de Evangeline en ese momento.
Luca: Podría venir hoy? Estoy aquí.
—Mierda. — murmuro.
Giulio me ignora. Lunua se acerca corriendo y se sube de golpe en las piernas de Giulio, luego escala por su pecho hasta llegar a su cara y eleva sus garras, listo para arañarlo.
—Lunua!
Lunua me ignora y Giulio lo agarra y lo pone en mis piernas; Lunua me besa los dedos repetidas veces y se vuelve suave y juguetón ahí.
Mary Anne: Lo siento, tuve un accidente y tengo un collarín. Podría llegar hoy, déjeme confirmarle en 10 minutos.
Pongo a Lunua en las piernas de Giulio, me levanto con dificultad y voy a la cocina. Enciendo mi teléfono y regreso a la sala, tomo mi laptop y regreso con dificultad, le mando el correo a Johana y la llamo.
—Recibiste mi correo?
—Correo? Um... Sí. Asunto: URGENTE.
—Bien. Necesito que vayas por esas cosas.
—Hoy?
—Tienes una semana.
—Es bastante.
—Y necesito que me vengas a traer. Tengo que ir a ver Rose Hill. Conseguí el contacto.
Giulio me ve por detrás de sus oscuras y espesas pestañas y yo le lanzó una pequeña sonrisa maliciosa. Sé que le molesta.
—Oh Dios, eso es genial. Bien, llego a ti en quince minutos.
—Sí, te espero.
Le cuelgo y escribo una respuesta para Luca.
Para: Luca Poésy.
Asunto: Llegaré hoy.
Llegaré hoy a las once de la mañana.
Besos,
Mary Anne Korsakov.
Organizadora de Bodas Ejecutiva.

—Por qué tienes cara de astuta allá? — me pregunta Giulio.
—Tengo que irme. En quince minutos.
Él asiente con lentitud, se quita a Lunua de las piernas y se estira.
—De acuerdo. Y eso significa que debo irme?
—Sí... Si quieres...
—No quiero.
Él me lanza un guiño y vuelve a sentarse en el sillón ignorando el ronroneo de Lunua.
—A qué hora regresas de visitar a mi cuñado?
Mi ojo tiene un tic al escuchar la palabra "cuñado". Tranquila, Mary Anne.
—No lo sé. Te veo pronto.
Me voy a mi habitación y me quito el camisón y los pantalones cortos, luego me meto en un vestido floreado y unas sandalias y salgo con mi pequeña bolsa donde sólo caben unos cuantos euros y mi teléfono.
—Sexy...— me llama Giulio.
—Guapo. — lo saludo y sus ojos se abren ampliamente, sorprendidos.
—Bueno, qué tal. Encontré a la chica divertida.
—Y lo arruinaste. — le digo riendo.
—Oye! — se queja él y luego salta sobre mí y me besa la mejilla. —Habla bien de mí con Luca, quieres? Quiero que me quiera aunque sea un poquito.
Asiento pero no puedo dejar de pensar el molesto, "entonces sí quiere casarse?" "Se preocupa  por su relación con la familia, Mary Anne. Sí quiere casarse" suena el timbre y me levanto para irme, con Giulio detrás. Abro la puerta y lo empujó hacia dentro.
—No quiero que me despidan. Escóndete. Le das comida a Lunua por mi?
Él asiente a regañadientes y yo me subo al ascensor. Bajó al lado de Hunter, el niño al que me ha tocado cuidar ya que su madre es una drogadicta. Lo saludo, luego me bajo y subo al auto de Johana, que es verde. Ella me saluda dándome un chocolate y salimos de ahí; cuando vamos en la carretera llena de árboles, me entra un mensaje al teléfono.
Giulio Bartoni: Hola de nuevo! Sabes en dónde dejé mis calzoncillos sucios? Tengo el presentimiento que Lunua los robó pero de todas formas pregunto, sabes?
Qué?
Mary Anne: No.
Giulio Bartoni: No seas tan dura conmigo.
Sonrío sin poder evitarlo y Johana me arrebata el teléfono. —No se mira el teléfono mientras se conduce.
—Yo no conduzco! 
Ella me sonríe maliciosa y comienza a ver todos nuestros mensajes. Él me manda ese tipo de mensajes de: "Hay papel de baño en este mueble?" O "Puedo usar tu shampoo?" O "Esa cosa café que hay en la refri se puede comer?" Entonces comienza a carcajearse al leer los mensajes.
—Es en serio, Mary Anne? "Te parece que debo rasurarme ahí abajo?"... Te has acostado con él?
Abro mis ojos ampliamente y le pido el teléfono. Ella no me lo da, me giro en el asiento y se lo quito.
Giulio: Te parece que debo rasurarme ahí abajo?
Recibido a las 10:03
Me muero.
Qué diablos le sucede? Lo voy a matar, lo juro.
Este hombre va a poner de cabeza mi organizado y limpio mundo y no se lo permitiré.

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Holis, chicos malos
Voten y comenten que debo mejorar. Help me!!!

Karench

Soy la Organizadora de BodasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora