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El día se ve completamente nublado, algo típico aquí pero no traje suéter. Johana sale del auto y me ayuda a mí a salir, luego me lanza su suéter y gabardina y yo le gruño:—Quédatelo tú.
—No, estoy bien.
Veo su ropa con incredulidad, una blusa con unos tirantes súper pequeños de color rosado claro y una falda de cintura alta. Una parte de su abdomen se ve claramente, pálido y moviéndose por el frío.
—Estamos a 7 grados. Estas loca!
—Oye, tranquila. Ves esta manor? Lo ves? Aquí, este hombre que conoceremos es un viejo con dinero que tiene una hija muy guapa, por lo tanto, él también. Quién sabe? Quizá pueda ganármelo.
—Oh, eres interesada.
—Quien no lo es? — murmura ella con una sonrisa coqueta.
Tuerzo los ojos y le pido ayuda para ponerme el suéter. Entonces se abre la puerta de entrada mientras trato de meter mi brazo en el agujero derecho del suéter.
—Mary Anne Korsakov?
Me boca se abre de golpe y termino de meterme en el suéter. Me pongo la gabardina y siento mis piernas volverse gelatina cuando Luca Poésy se acerca a mi con su hermoso rostro juvenil en alto. Johana carraspea y salta un paso delante de mí.
—Mucho gusto...
—Ella es mi asistente. — la corto antes de que haga alguna estupidez. —Soy Mary Anne.
Luca le eleva una coqueta ceja a Johana y la veo tragar con mucho esfuerzo. Le da un apretón de manos y luego me saluda a mi.
—Bien, no sé qué querrás hacer...
—Muchas gracias por permitirme la oportunidad. Simplemente quiero ver los alrededores, tomar unas fotografías y revisar la mansión.
—Claro, mi mansión es su mansión.
Me río al escuchar la variación de "mi casa es tu casa" y agarro a Johana del codo para que me ayude a llegar. Maldito collarín. Subimos las gradas de la entrada y entramos a la mansión. Es hermosa, como la imagine. Aquí podría poner la recepción y aquí una sala de regalos... Sí... Aquí podría...
—Me traes la cámara? Trajiste la cámara Johana?
Ella asiente y va por ella. Comienzo a buscar la cocina, pensando en dónde pondré el banquete.
—Tienes alguna idea de cómo lo harás? — me pregunta Luca, haciendo resaltar su acento francés. Está coqueteando, conmigo?
—Estoy pensando.
—Ven aquí. Te mostraré.
Él me guía hacia la izquierda y caminamos entre unas cuantas salas y pasillos hasta llegar a una enorme sala de paredes de cristal y un techo con una pintura de ángeles, abovedado y con color oro. Él abre una puerta de cristal y camina a otra de roble, me acerco a la puerta de roble y veo una enorme sala; él me dice que del otro lado hay otros dos cuartos más pequeños que puedo utilizar y luego me señala la otra puerta de roble que está al otro lado. Vamos ahí y me enseña otro cuarto. Entonces me doy cuenta de lo que él propone. Salimos al campo y veo un lago y bastantes árboles. Bien podría hacer mi recepción por allá, poner unas cuantas mesas por allá y la sala de baile por aquí y allá el estrado. Varios caminos con lámparas en el suelo y muchas cosas de madera y rosas. Me encanta.
—Ya veo lo que me enseñas. — le digo a Luca. —Usaré este espacio y el de la entrada.
Johana se acerca a nosotros con lápiz labial color rojo oscuro y un retoque de más en sus pestañas. A Luca parece gustarle, ya que le sonríe cálidamente y toca su espalda para acercarla a nuestro grupo.
—Estamos planificando hacerlo en este espacio. Te gusta? — le pregunto a Johana.
—Me parece genial. Le tomó fotografías?
—Sí. — asiente Luca y veo claramente cuando aprieta su cintura y la deja ir.
Trato con fuerza el que mis ojos no se abran pero no lo logró y él se ríe de mí.
—Bueno, te dejo. Tengo que irme a la finca.
Me besa la mejilla y luego besa la de Johana apretando su cintura y se va. Siento algo de celos porque él no me ve linda a mi. Claro, no soy de cabello rizado o rojo. Simplemente liso y café. Abro mi espejo y me reviso el maquillaje.
—Es el labial naranja. — me dice Johana. —Es genial y se ve precioso en ti... Es sólo un poco infantil.
Ella me lanza una sonrisa de disculpa y sigue tomando fotografías. Agarro el cuaderno de los brazos de Johana y comienzo a apuntar los nuevos gastos, lámparas, lámparas de calor, cosas básicas.
Mando a Johana a traer mi laptop y luego enciendo mi teléfono.
Giulio: Nena... Cómo se enciende la lavadora?
Giulio: Estoy cocinando algo para ti, te agrada la idea? Soy muy buen cocinero.
Giulio: Cómo se enciende la lavadora?
Giulio: Creo que le puse cloro a tu ropa. No te enojas?
Giulio: Nena, el cloro puede quitarse?
Giulio: Cuál es el jabón que usas para lavar ropa interior?
Giulio: Esas bragas rosadas que desaparecieron son muy sexys, sabes?
Cómo que "desaparecieron"? Querrás decir "robar".
Giulio: Quién era Charlie? Realmente no me gustan estas cartas.
Mis cartas! Giulio registrará toda mi casa o qué?
Giulio: Bebé, cómo se enciende la lavadora?
Giulio: Charlie tenía sífilis? No quiero usar sus calzoncillos si lo tenía.
Ese es su último mensaje.
Mary Anne: Hola Giulio, yo estoy bien, trabajando y haciendo nuevos planos para el lugar. Espero que esta sea la mejor boda que tengas; no, el cloro no se quita, espero que haya sido tu ropa la que se haya manchado, sabes? Porque me caes muy bien. La lavadora se enciende presionando el botón negro que está al lado de la ventanilla y tienes que poner en qué potencia quieres que se lave, eso lo pones presionando el círculo y dándole vueltas. El jabón que uso para lavar ropa interior es uno de un bote rosado y el otro es para ropa blanca, el verde. No hagas ningún desastre y me encanta la idea de que me hagas comida. Cuida a mi gato,
Mary Anne.
Giulio: Mentirosa, no estás trabajando. Estas mandándome un sucio mensaje y esperando mi respuesta. Yo pago por todo lo que arruiné. Por cierto, es raro que pongas tu firma en un mensaje de texto. Sé normal.
Mary Anne: Cómo me llamo?
Apago el teléfono y dibujo el camino de lámparas hacía varias partes. Pondré un extravagante jardín por aquí.
Cuando Johana termina con las fotos, de tomar medidas y de hacer unas llamadas, regresamos a mi casa. En el camino, me voy durmiendo cuando me entra un mensaje pero lo ignoro.

Me limpio la baba y abro los ojos. Johana me ve con una sonrisa juguetona.
—Ahí viene él.
Me doy la vuelta en el sillón justo en el momento en que la puerta se abre y aparece la sonriente cara de Giulio frente a mí.
—Gracias, nena, ahora me llevo a esta chica.
Él me carga, teniendo bastante cuidado con mi cuello y me lleva al departamento. En el ascensor pateamos varias cabezas y yo ahogo mis carcajadas en su enorme y musculoso brazo al patear la cabeza de la madre de Hunter.
Me baja en el departamento y yo salto hasta llegar a la cocina.
—Por qué le dijiste a Johana "nena"?
—Porque ella lo es.
No tengo derecho a decirle ni reclamarle nada. Asiento y hurgo en los sartenes que él ha puesto ahí. —No veas ahí.
Él agarra mi cintura con su enorme mano y me pone frente a unas fresas, lejos de sus sartenes con comida.
—Córtalas así.
Él me enseña cómo cortar las fresas en dos primero y luego en tres. Me impresiona el que sus enormes dedos logren manejar con tanta delicadeza el cuchillo y una pequeña fresa. Sigo su ejemplo con las fresas y cuando he terminado, me hace cortar lechuga y luego manzana.
—Te gusta cómo huele esto? — pregunta muy orgulloso de sí mismo.
—Sí, mucho. — le digo con una sonrisa.
Es celestial. Mi estómago gruñe en respuesta y continuó haciendo la ensalada.
Después que terminamos, esperamos a que la comida termine de cocerse viendo un poco de televisión y Giulio hablando con Lara Jean. Esa chica debería cuidar mejor a sus hijos...
—No hagas esa cara. — me dice Giulio.
—Qué cosa?
Mi alarma suena y me levanto para tomar mi pastilla. —Ya casi está la cena! — grita Giulio, muy feliz.
Es cuando recuerdo que él quería lavar ropa. Me acerco a la lavandería y abro la lavadora. Lo que veo son mis pantalones favoritos negros, ser de color blanco con azul y todos los vestidos que use hace dos días.
—Mierda... — digo.
—Lo siento. — dice Giulio con cara de perro bueno, está recostado en el marco de la puerta y tiene un puro entre los dedos. —No sabía cómo olía el cloro...
—Mm... Bien.
Sólo porque es Giulio... Joder, esos eran mis pantalones favoritos.
—Lavé tu ropa interior. — dice él, como si eso fuera a darme otra razón para quererlo.
—Muy amable de tu parte... Espera, no! Hiciste qué? Tocaste mi... ropa... Interior?
Él me ve ofendido, pero tiene ese brillo en sus ojos que me hace dar cuenta que es falso. —No pensé nada malo! No hice nada malo.
—Aja, sí. Te creo.
No lo hago.

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Quien sufre bullyng? Jaja
Besos,
KARENCHHIIII

Soy la Organizadora de BodasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora