—Vine a ver si estabas bien. — dice, pareciendo avergonzado.
No contesto, en vez de eso camino a la cocina y le sirvo un café; se lo doy y me siento frente a él.
—Oye, ayer estaba borracha. Lo siento, mis amigas acababan de llegar de Edimburgo y simplemente me puse a festejar pero me pasé de cervezas. Te llamé porque... Quería... Pedirte...
—Sé qué estabas borracha.
Él levanta la mirada y se ve incomodo.—Podemos hablar... A solas un momento?
Asiento y agarro su mano. Luego intento soltarla pero él no me deja. Gruño y lo llevo a mi baño, el cual se siente pequeño por su enorme culo.
—Sé qué estabas borracha. Quería venir a ver si estabas bien. Te escuchabas realmente mal.
—Dije algo estúpido?
—Mm... No.
Frunzo el ceño.
—Oye, si te molesta mi compañía sólo deberías decirlo. — me dice, lo cual me sorprende —Sé que el sábado parlotee bastante y me di cuenta que te deshiciste de mi. Y no me agrada el que me veas con ganas de patearme el trasero a cada rato. Me caes bien, creí que podríamos ser amigos. Sólo eso...
—Lo siento. — le digo antes de que pueda continuar. —He sido bastante grosera. En parte, esa fue la razón por la cual te llamé anoche. Me sentí realmente mal y hoy me siento estúpida ya que... Pues, te diste cuenta. Y eres mi cliente y estoy siendo infantil.
—Está bien. Tengo que irme, te veré en la cosa del esmoquin.
Él se da la vuelta y yo me caigo, golpeándome la nuca en la esquina del lavamanos con tanta fuerza que siento que moriré.
—Ah, mierda.
Él se acerca a mi y yo gimo tres veces antes de desmayarme.—Está bien
—Déjame, necesito revisar su nuca.
—Déjala. No creo que le agrade el darse cuenta que la viste abrir su boca y babear.
—A mí no me importa eso!
—Es vergonzoso. Eres guapo y le gustas. Simplemente vete para no verla hacer el ridículo.
—Y una mierda. Me quedaré aquí para ver si ella está bien...
Silencio.
—Sí. Le gustas. Estás ciego?
Oh, hombre. Acabo de morir.
Abro mis ojos e instintivamente me limpio la baba de la mejilla.
—Estas bien?
Los castaños ojos de Giulio aparecen en mi campo de visión, preocupados.
—Sí... Me duele la nuca.
—Lo sé, cariño. — dice él con suavidad y pone su enorme mano debajo de mi nuca y la acaricia.
Me vuelvo gelatina en sus brazos. Los ojos azules de Hilary me observan con risa.
—Eres una...— comienzo
Ella comienza a reír y Giulio le frunce el ceño. Lindsay y Yulie la siguen. Giulio se aleja de mí y las saca.
—Temo haberte roto el cuello, amor.
—Qué dices?
Él me ve avergonzado y es ahí cuando veo a los paramédicos llegar.
—No puede ser. Mi cuello... Nunca antes se había roto.
—No, claro que no. Está dislocado. Ya llamé a tu jefa. Dijo que estaba bien, que tenías una semana de descanso.
Las lágrimas llegan a mis ojos y aunque trato de pararlas, no me hacen caso. Él limpia dos y me llevan en una camilla al hospital, Giulio siempre a mi lado. Me ponen un collarín y me dicen que fue un latigazo cervical. Suena rudo. Me quedo en el hospital toda la noche y al siguiente día me dicen que me puedo ir a casa. Llamo a Hilary y ella me dice que Giulio está en el hospital esperando por mi.
Me llevan en silla de ruedas hacia él, como si fuera un súper accidente. Tengo que venir en dos semanas. Giulio me recibe y me lleva a su auto, una camioneta azul que se ve bastante segura.
—Sabes lo mal que me siento? — me pregunta después.
—No te preocupes.
—Cuanto tiempo tendrás eso?
—Dos semanas. Dijeron que no es tan grave y que no me preocupe. Fue muy leve.
—Lo siento. Realmente lo siento.
—Me llevas a la oficina?
—De qué hablas? No! Irás a descansar.
—Quiero llevarme unos cuadernos.
—No.
Frunzo el ceño. —Mira, Giulio, yo vivo en mi trabajo. Qué crees que voy a hacer si simplemente no trabajo? Mierda, moriré de depresión!
Él me gruñe algo y luego llegamos a mi oficina. Johana sale con una enorme canasta y se la da a Giulio.
—Estas bien? Te duele? Lo siento tanto, es mi culpa...
—No es tu culpa, Johana. — le digo.
—Sí lo es. No te ayudo con tanto trabajo. Lo bueno es que descansaras. Te ayudaré con la boda de Jill. Ya estás muy gruñona.
Abro mis ojos ampliamente pero ella se va corriendo, dejándome con las palabras en la boca.
—Tiene razón. Estás muy gruñona.
—No me conoces.
—Pero puedo verte. Sé que hay una chica divertida detrás de toda esa fachada intelectual.
Él me tiende mis anteojos y me los pongo. —No tienen graduación, cierto?
—Claro que sí.
—No. Lara Jean tiene miopía y ella estrechaba sus ojos a cada rato y no podía leer los carteles. Tú puedes. Me he dado cuenta.
Abro la boca para replicar pero luego cierro mis ojos. No puedo creer lo observador que es. De seguro, ha muerto de risa.
Él acaricia mi mano y yo la alejo. —Por qué eres tan cascarrabias?
—Y tú tan... Simplemente soy yo. No sé qué esperas de mí. Soy tu organizadora de tu boda y tú eres mi jefe. No me molestes.
—Alguien está de mal humor.
Le golpeó el pecho y él sostiene mi mano en su abdomen y no me suelta.
—No me hagas atacarte! — le gruño.
—De acuerdo, gatita. Ven aquí y atácame.
Abro los ojos indignada. Soy pequeña pero no inútil. Mi mano instintivamente se aprieta en su abdomen, sintiendo su tableta de chocolate. Él suelta una risita y me sostiene ahí.
—Déjame en paz, Festín Celestial.
—Soy tu Festín Celestial? Eso es muy lindo de tu parte. Tienes permiso para comerme...
Por qué es tan coqueto? Dios, ayúdame a resistir.
—Tienes novia!
Él se queda en silencio, apretando mi mano en su panza.
—No es mi novia.
—Pues no hay otra definición. Van a casarse.
—Y eso qué? — él me frunce el ceño y suelta mi mano.
Llegamos a mi departamento y él me abre la puerta. Llamamos al guardián para que nos ayude con las cosas y luego él me lleva cargada al ascensor.
—Por qué vas a casarte? — le pregunto cuando me deposita en la cama.
Él me lanza un suspiro.
—La gente se casa todos los días.
—Quieres casarte?
—Me gustaría.
Pero... Con ella? Te gustaría casarte con ella? Él parece leer mi mente y eleva una ceja.
—No estoy seguro. No... No lo sé. Tengo que irme.
—De acuerdo.
—Vendré a verte más tarde. Para que te tomes tu pastilla.
—Puedo poner una alarma, lo sabes?
—Como si me importara. — murmura antes de cerrar la puerta de mi habitación.
Inmediatamente me quedo dormida.—Cariño, despierta.
Sonrío con lentitud y Giulio me lanza una linda sonrisa de regreso.
—Eres linda cuando te despiertas. — murmura.
—Y después? Despierta por completo soy linda?
Él acaricia mi mejilla y me da una pastilla con una botella de agua. Me la tomo con rapidez y cierro mis ojos de nuevo. Él continúa acariciando mi mejilla con dedos suaves y dulces. Tal vez es el efecto de las drogas lo que me tiene estúpida y sin poder alejarme de su mano suave.
—Quédate. — le digo.
Él no responde, simplemente sigue acariciando la mejilla.
—Te parece raro coquetear conmigo?
Él suelta una risita. —No realmente.
—Estoy organizando tu boda. Cuando piensas así no te da vergüenza?
—No.
—Estas acostumbrado a tratar tan bien a las chicas?
—Sí. Me gustan mucho.
—Te gusto yo?
—Eres muy bella.
Sonrío con idiotez y lo veo reír. —Eres dulce cuando estas tranquila.
—Me da vergüenza el que apenas te conozca y estés en mi casa. Acariciando mi mejilla.
—Te conozco desde hace una semana. Eso no es malo.
—Sabes mi apellido?
—No.
—Sabes mi color favorito? La música que escucho?
—Es necesario saberlo?
—No. Simplemente te estoy recalcando que no me conoces y estás aquí. Y me tratas bien. Y que eres mi jefe. Esto me incomoda, Giulio.
Él asiente y se acuesta a mi lado, acariciando mi abdomen.
—Qué parte de "esto me..."
—Me pediste que me quedara.
—Ya no quiero.
—Yo sólo sigo tus órdenes. Ahora cállate y descansa.
—Ya no quiero, Giulio. — aspiro su olor por lo que él suelta una arrogante risa.
Ojalá pudiera. Él comienza a respirar en mi oído y luego se va durmiendo, soltando fuertes ronquidos justo en mi oído. Sus enormes piernas me envuelven y su brazo cuida mi abdomen. Está todo sobre mi. Y yo estoy tan tensa e incómoda. Estoy con mi cliente. Por qué para mí todo esto es tan raro? Cuando sé que han pasado varias horas, mi estómago me gruñe. Empujó a Giulio pero puedo lastimarme el cuello.
—Giulio... Dame permiso.
—Descansa... Grrr...
—Giulio...
Él me observa con el ceño fruncido y no puedo evitar reírme al imaginarlo como un león enojado. Todo lindo.
—Muero de hambre.
Me zafo de sus brazos y me bajó de la cama. Deseo que me siga pero cuando me doy la vuelta, él está durmiendo de nuevo, su boca abierta y soltando fuertes ronquidos. No soy buena en la cocina, me pongo a cortar pedazos de pollo y los hago en la plancha. Pongo bróculi y varios ingredientes y ya tengo lista mi ensalada extra grande. Sé que Giulio es grande, podría comerse él solo esta ensalada. La pongo en la mesa y busco a Lunua por todas partes. Cuando no lo encuentro, me pongo a lavar mi ropa y luego saco mi trabajo en mi escritorio. Abro mis dos laptops y diseño una invitación. Veo la hora y doy un pequeño grito. Son las 3:47 de la madrugada.
Giulio se despierta hasta una hora después, me busca en mi estudio con ojos pequeños de sueño.
—De quién es esa ensalada? — pregunta con rostro risueño.
—De nosotros. Te gustaría un álbum de recuerdos? De tu boda?
Él frunce el ceño y luego niega con la cabeza.
—No lo entiendes.
—Tú no me lo explicas.
—Bien, hazlo. Haz lo que quieras.
Saca su teléfono y comienza a escribir. Sí, eso está bien para mí. No lo quiero siendo cariñoso. Lo llevo a la cocina y le sirvo su plato con bastante pollo y lechuga. Cuando voy a servirme el mío, él me detiene y me da el suyo.
—Come. — me da un tenedor y agarra el plato de ensalada para él y comienza a comérselo.
—Giulio, eso es demasiado. Vas a enfermar.
—Sí, tienes razón. Moriré de hambre. Comida de conejo...
Veo mi plato apenas comenzado y trato de comer. Sólo me termino la mitad y lo aparto; cuando él termina su plato, mira el mío con anhelo, con ojos hambrientos.
—Adelante.
Él no necesita que diga nada más. Se lo come todo. Luego se levanta y me ayuda a llevar los platos. Yo los lavo mientras él busca en mis estantes. Encuentra una bolsa de golosinas tamaño grande que tenía pensado usar para ver películas con las chicas y se la empieza a comer. Continúa buscando en mis estantes, abriendo la refrigeradora y sacando cosas de ahí. Yo lo observo parada con la boca abierta. Sí, es grande, pero eso es demasiado. Agarra un trasto donde tengo pollo en barbacoa y lo pone en el microondas.
—Qué? — me pregunta indignado mientras mastica un pedazo de pan. —Tengo hambre. — el pedazo de pan de su boca se le sale.::::::
Alguien come demasiado.
Voten y comenten
Besos!
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Soy la Organizadora de Bodas
ChickLitOjalá la vida no fuera cruel y despiadada. Todo comenzó esa mañana, cuando entró Johana. -Clientes preferenciales. - dijo. Me molesté con ella porque estaba haciendo un álbum de fotos para Jill y David. -No me interrumpas. Una vieja mujer empuj...