Eran tres letras.
Tan fácil de pronunciarlas, pero no decirlas a cualquiera. El simple hecho de llamar así a alguien ya lo hacía especial para mi.
Se fue haciendo costumbre, y al mismo tiempo necesario, o al menos así me resultaban. Pero se fue perdiendo en los recuerdos y el tiempo.
Finalmente ya no había nadie a quien llamar así. Y si bien nadie me lo impedía, fueron esas mismas tres letras que terminaron asustándome.
Ya no podían salir de mis labios.
Porque bien sabia que si volvía a pronunciarlas, yo me vendría abajo.
Con el triste pensamiento de saberlos perdidos, ya no podía llamarlos así.
Sólo eran tres letras, y para mí, lo mas especial del mundo.
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Te invito a leerme la mente.
NonfiksiSeguí y seguí escribiendo, solo para no morirme. Y con el tiempo le tomé cariño a aquello que me salvó la vida... Para justamente darle esa misma vida a este vorágine de sentimientos. ¿Te gustaría leerlo? Pensamientos, poemas, canciones y uno que...