21| Deseo frustrado

239 32 4
                                        

Me desconecté de todo y de todos. Disociaba. No hablé mucho ni quise salir con mis amigos. Para ellos, no era ese comportamiento digno de mi personalidad porque no sabían que estaba sufriendo un luto. Y yo me negaba a concebirlo así.

A veces lo imaginaba, revoloteando a mi alrededor mientras caminaba de regreso a casa. Escuchaba su voz pidiéndome gomitas al pasar frente a la dulcería, o hablar sobre algo gracioso que sucedió durante alguna clase en la escuela.

Volvía a nuestro lugar cada madrugada, hablaba con él y lloraba hasta quedarme dormida. Y me iba a casa diez minutos antes de las seis de la mañana.

«Tenías que acompañarme a mi primer día de clases, chico tonto...»

Arreglaba a mi manera cada imperfecto que tuviera la cabaña, intenté reparar con cartón los cristales rotos y, en el que antes fue un clóset rústico guardaba una almohada y una cobija, así como una botella con agua, una linterna y mi despertador.

«Tenías que estar conmigo hoy, es mi cumpleaños...»

Ojalá pudiera recordar lo que hacíamos para celebrar mi cumpleaños. Mis amigos me visitaron con un pastel y un regalo. Sé que habría sido divertido con él a mi lado. Puedo imaginar todo tipo de cosas espontáneas que se sacaba de la manga y sus muecas divertidas y hermosas sólo para mí. No era posible para mí aceptar que se había ido tal como llegó. Me recostaba hecha un ovillo y lloraba.

—Regrésenmelo —pedía—. No pediré nunca nada de ahora en adelante, pero regrésenmelo —rogaba a la nada, esperando que alguien me escuchara, no podía parar de llorar.

20/09/99

5:30 a.m.

Salí de la cabaña y regresé a casa. Mi papá estaba sentado al pie de los escalones de entrada, en pijama y afligido, al menos fue lo que creí ver en su rostro. Era demasiado tarde para dar mediavuelta, seguramente me estaba esperando.

—Papá —lo llamé para llamar su atención.

—Macky, ¿dónde estabas?

—Caminé... Eh, ejercicio matutino.

—¿Desde medianoche?

—Bueno...

—Macky, lo que pasa es que, sé que a lo mejor te puedo confundir con lo que diré —se sinceró mi padre—. Nunca me había preocupado dejarte salir sola porque algo dentro de mí sabía que nunca te pasaría nada malo y que siempre volverías a casa a salvo. Es sólo que... De unas semanas para acá... Me intranquiliza que te pase algo, dime, ¿está todo bien? Nada ha cambiado, ¿verdad? No debería preguntarte esto, ¿no?

—Estoy bien.

—Sí, sí... Sé que estás bien, es sólo, quizás sólo soy yo, de repente me di cuenta que algo falta y yo... Hija, no me hagas caso, no he podido dormir bien últimamente. Perdona a tu papá.

—Sí falta algo —balbuceé, él alcanzó a oírme y fingió que no cuando comencé a llorar, se acercó para abrazarme y ya no paré.

—Lo siento —dijo mientras acariciaba mi cabello. Esa frase pronunciada por mi padre me dolió, fue sincero y por un momento creí que sabía a lo que me refería. Papá no lo sabía, pero a At le agradaba mucho.

—Vayamos a hacerle el desayuno a tu mamá —quiso cambiar de tema, pero yo no pude soltarlo. Así que caminé hacia la casa abrazada a papá.

01/10/99

Jordan y Clarie me acompañaban a casa, sin falta, cada viernes. Hacíamos la tarea, veíamos televisión y hablábamos de cualquier cosa, a veces pedíamos pizza a domicilio.

AtDonde viven las historias. Descúbrelo ahora