Los demonios de ojos azules

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Los demonios de ojos azules hacen travesuras.

Son bellezas salvajes, existen desde hace casi cuatrocientos años y a partir de ese tiempo, cada once años nace uno nuevo. Nacen con la categoría más baja y débil, y con el tiempo, se vuelven poderosos y alcanzan categorías altas que les permiten transgredir reglas y límites con más facilidad. Su padre, el Dios Mictekán, un Dios Primordial del Inframundo, los creó para plantar caos en el mundo y burlarse del reino celestial. Estos seres no son precisamente malos, pero la destrucción es parte de su naturaleza y están destinados a estar solos. Esto último se debe a que su Dios Padre les ha prohibido encuentros con la humanidad, pues no todos sus hijos son dóciles y causarían la muerte de alguien. Es su obligación mantenerse alejados de aquellos humanos de alma sensible que podrían llegar a verlos. De otra forma, serán arrastrados al inframundo por su padre para servir a su lado.

Tener prohibido la compañía de la raza más interesante del mundo, para los demonios de ojos azules, es un gran insulto. Por eso, engañan a menudo al Reino espiritual, los manipulan para aceptar sobornos, los sacan de problemas en los que ellos mismos los metieron y los obligan a devolverles el 'favor', pidiéndoles canalizarlos con un humano de su interés. Otros, en cambio, intentan pasar desapercibidos, inscribiéndose al evento 'Pacto Humano-Espíritu' y haciendo el trato con el mundo espiritual. Una vez firmado, el contrato no se puede deshacer y estos demonios pueden hacerse pasar por espíritus prisioneros que buscan compañía. Pagan el impuesto que se les exige y se divierten con su humano amablemente.

Los que optan por ésta última opción viven tranquilamente, excepto cuando son descubiertos. Jaque Mate para el Reino Espiritual y enorme problema para el Dios Mictekán, ¿cómo justificarán esto ante el Reino Celestial? Significaría enfrentarse a innumerables Dioses antiguos para justificar que un demonio caótico se involucró en la vida humana.

El Dios Mictekán odia perder a sus hijos, dejándolos en manos del Reino Celestial.

Pero qué se puede hacer, si se descubre la travesura del demonio, será enjuiciado por las autoridades divinas que correspondan.

El castigo por irrespetar las reglas divinas, ya que el tramposo del Reino Espiritual negó su entera participación, y debido a que es el hijo más joven del Dios, será devolverlo al mundo humano para vivir como tal.

¡Qué humillación para el padre! ¡El más joven de sus demonios, llevado a vivir como un mortal!

¡Y en vez de sentirse humillado, insultado, el pequeño demonio se alegra, llora de felicidad y acepta su destino! ¡Y todavía más, se atreve a pedir como condición vivir en el mismo sitio donde se encontrara la mortal que lo llevó a esta situación!

Con la mayoría de los Dioses en su contra y la traición del Reino Espiritual, Mictekán tuvo que ceder. Creó una vida para su niño descarado y le cumplió el capricho. Pero no lo despojó de sus poderes. No iba a caer tan bajo.

El último obstáculo que le puso fue que no reconocería a su persona predilecta hasta que ella pronunciara su nombre.

«¡Niño malcriado!», exclamó el Padre a su hijo, y de una patada lo envió a vivir.

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