Esto no era para nada lo que imaginaba...
¡Era mejor!
Una casa rústica con colores caoba de ladrillo resistente y un diseño hogareño y familiar ¡Justo lo que quería!
—Lo siento, esto es lo mejor que tengo para ofrecerte.— dice algo apenado.
—¿Hablas en serio? ¡Esto es genial!— exclamé emocionada corriendo hacia la ventana de madera posicionada al lado de la puerta, examinándola con interés que hasta podría sonar exagerado.
—¿De qué hablas? Tu edificio es muy lujoso, y tu penhouse ni me lo imagino para no deprimirme más.— replicó confundido.
—Sí... Y es exacto lo que me molesta de ella. Me gustaba vivir en Japón como una chica más, y esa casa no me permite volver a serlo.— dije con expresión perdida.
Era cierto, esa casa no me da una sensación cálida ni mucho más, simplemente me da la impresión terrorífica de que estoy sola, y no sólo en referencia a estar sola en la casa.
También en la vida.
—¿O sea que de veras te gusta esto?— indagó con los ojitos semejantes a los de un niño cuando le dicen que le compraran un nuevo juguete.
—¡Me encanta!— exclamé sonriente.
Me llevó adentro de la mano y el lugar me encantó aún más, era más pequeño y el piso era de madera, casi cerca de la puerta de entrada estaba la puerta que daba a (lo que supongo que era) la cocina.
Había otras puertas, pero no me esforcé en adivinar qué había detrás de cada una.
Cuando estaba por pasar, me quité los zapatos salmón que llevaba desde la mañana.
—¿Por qué te quitas los zapatos?— interroga Tyler confundido.
—¿Eh? Oh, lo siento, es lo que solía hacer en mi antigua casa.— dije dándome cuenta de lo que hice.
La verdad que eso de quitarme los zapatos al entrar a una casa era algo que ya lo tenía tan implementado en mi cabeza que hasta lo hacía involuntariamente.
—No, no —dijo deteniéndome en cuanto intenté ponérmelos de nuevo.— quítatelos si quieres, no tengo problema.— agregó amable. Le Sonreí en agradecimiento pues la verdad es que me molestaría mucho caminar por la casa con los zapatos puestos. No lo sé, simplemente no estoy cómoda.
Lo seguí hasta que entramos a, lo que supuse anteriormente, la cocina.
Y acerté.
—Hola mamá.— saludó a su madre con un beso en la mejilla.
Era una mujer rubia, tirando a castaña pero aún con escénica de rubia. Sus ojos verdes eran -en cierto sentido- parecidos a los de Tyler, aunque Tyler los tenía azules.
Era chaparrita al lado de Tyler, pero apuesto a que me lleva unos centímetros más de altura.
La saludé con un "Buenas noches, señora, me llamo Hidemi Takahashi" y un beso en la mejilla.
—¿Y qué te trae por aquí, pequeña?— dice su madre dejando de lado la cebolla que anteriormente estaba cortando.
—Bueno...— vacilé nerviosa.
—Mamá... —suspiró tensionado— le dije a Hidemi que podría quedarse a dormir esta noche aquí.— confesó como si se esperara lo peor.
La verdad es que ambos esperábamos lo peor.
Su madre se quedó un rato en silencio, cosa que no podía significar algo más que...
—¡Genial! Con esta casa llena de hombres me era necesario una amiga.— celebró abrazándome.
Alto, ¿Qué?
—¿O sea que puede quedarse?— Indagó ilusionado mi persona a la que aprecio solo un poco.
—Hoy, mañana, o pasado y por siempre, si te apetece, linda.— contestó con una gran sonrisa.
Perdí la cuenta de todas las veces que le agradecí esa misma noche.
Luego de ese encuentro con su madre, me guió hasta la habitación de huéspedes, donde me quedaría a dormir.
—¡Mira que monada!— chillé al ver un survenir coqueto en el estante con algunos libros que estaba a un lado de la cama de una plaza.
—Era del casamiento de mamá. Está lleno de polvo, no lo hue...—
—¡Achiss!— lo interrumpió mi estornudo.
—...Las.— terminó la palabra. La verdad es que aunque me hubiera hecho esa advertencia a tiempo de todas maneras lo hubiera olido, ¡Es que olía delicioso!
—Vaya monada, tienes libros de Elízabeth Philips.— comenté mirando los varios libros como "Cázame Si Puedes" o "Eres mía".
—Son de mamá, usa esta habitación como aislamiento total de hombres, según ella.— me explicó sentándose en la cama mientras yo estaba parada en ésta para ver los libros.
—Más tarde te traeré mantas por si tienes frío.— avisó, entonces lo recordé.
Hano... Yuri... ¿Estarán preocupados por mí? Me fui así, sin más, no avisé nada y ni siquiera traje mi celular conmigo para que me llamen... ¿debería llamarlos yo?... Rayos, esto es tan horrible...
—¿Qué pasa?— indagó Tyler al verme tan angustiada, supongo.
—¿Me prestarías tu teléfono un momento?— le respondí con otra pregunta igual de importante.
Me extendió su teléfono (que no era nada feo pese a su estado económico, en realidad esa semejante al mío) y marqué a toda velocidad el número de Yuri.
—¿Hola? ¿Yuri?— hablé cuando atendió la llamada.
—¿Hidemi? ¿Para qué llamas?— preguntó tan asquerosamente que hasta sentí como el corazón se me desgarraba.
—¿Cómo que para qué? ¿No les interesa saber dónde estoy?— dije entre enojada y triste.
—Siéndote sincera, es un alivio. Por primera vez no me preocupo por ti o tu bipolaridad que me pone de los nervios, ¿Sabes?, no lo había notado pero estamos mucho mejor sin ti. Sólo dime en donde estás y si volverás, digo, para prepararme mentalmente.— respondió con indiferencia.
¿Yuri? ¿Esta se supone que es... Yuri? ¿Mi hermana mayor Yuri? ¿la que se preocupaba como una madre por mí? ¿Mi Yuri?
Sin poder creerlo le corté, aún pasmada sin saber qué decir o cómo actuar.
—Hidemi, ¿Estás... bien?— indagó Tyler al cabo de unos minutos parada, sintiendo como las lágrimas bañaban mi rostro silenciosamente.
—Y-Ya no me quieren allí...— susurré tratando de asimilarlo.
—¿A qué te refieres?— preguntó confundido caminando hacia mí y volteando mi cuerpo para finalmente ver mis lágrimas traicioneras corriendo sin cesar en mi rostro.
No lo puedo creer.
—Nunca me quisieron...— sollocé mirándolo a los ojos, a sus preocupados y pesados ojos azules que me hacían sentir una fracasada en este momento por hacerlo preocuparse por mí.
—Les importa un bledo que no esté, yo...—
—Shhh, basta.— me abrazó suavemente, como si se tratara de una débil mariposa.
Sólo que en realidad se trataba de una fría chica oriental... Con el corazón hecho trizas.
Siempre pensé que papá no me quería demasiado como me quería mamá, y que a mis hermanos de vez en cuando les molestaba mis berrinches pero... Nunca lo creí realmente.
Ahora veo que mi "familia" simplemente son un montón de personas que llevan mi misma sangre, aparte de eso, nada los hace especiales.
Mamá... Si me puedes oír... Si estás allá en el cielo y me ves... Sonríeme a través de las estrellas y susúrrame a través del viento que todo estará bien y que esto es sólo una puñetera pesadilla de muy mal gusto.
Por favor...
Tyler comenzó a acariciar mi cabello y ya no pude contenerme. Lloré, lloré como si mañana y por el resto de mi vida ya no pudiese hacerlo.
Lloré igual que aquella vez en mi cuarto fuera de quicio, lloré condenadamente. Sólo que esta vez lo hice en el hombro de mi mejor amigo.
Sí, mejor amigo.
Me importa un bledo todo eso de dos personas que se aprecian un poco.
Es mi puto mejor amigo.
ES MI PUTO MEJOR AMIGO.
—¡Tyler!— sollocé casi a gritos, él me abrazó aún más fuerte, cosa que solo me incitaba a desahogarme más.
—¿Chicos? ¿Todo está bien?— entró despacio la asustada madre de Tyler.
Traté con todas mis fuerzas en detener mi llanto aunque sea sólo un poco, lo suficiente para decirle que todo estaba bien y que no se preocupara.
No pude.
—Mamá, este no es el momento.— dijo Tyler mirándola con esos ojos tan preocupados que creía que me explotaría el corazón de verlo así.
—Entiendo, si necesitan algo... díganme, ¿Vale?— y sin esperar respuesta cerró la puerta y se fue.
Rayos, ya para de preocupar gente Hidemi.
Al cabo de media hora, aproximadamente, mi llanto empezó a cesar y al fin pude dejar de asfixiar a Tyler con mi abrazo.
—Tranquila...—dijo dulcemente mientras acariciaba mi cabello repetitivamente.
Recosté mi oreja al lado de su corazón y pude oírlo latir. Curiosamente dejé de llorar por completo al oír el incesante bombeo de su corazón.
Simplemente hiperventilaba.
—¿Te sientes mejor?— indagó sin cambiar de rutina.
Asentí sin la fuerza para hablar.
—Bien.— me cargó en brazos hasta la cama y allí me recostó, cosa que en otro momento me hubiera sonrojado o cualquier otra estupidez, pero ahora mismo era lo que más necesitaba.
—T-Tyler... —dije reuniendo fuerzas suficientes para decir lo siguiente.— duerme conmigo.— pedí, tal manera que parecía una súplica.
—Porsupuesto mi pequeña Hidemi —dijo mirándome tiernamente mientras acariciaba nuevamente mi mejilla.— pero antes te iré a buscar la cena, debes morir de hambre.— replicó levantándose de la cama.
—Sonará estúpido, pero... Por favor vuelve pronto.— dije apenada tratando de evitar su mirada.
Seguro estaba riéndose de mí por dentro.
Depositó un beso en mi frente.
—¿Te digo algo? No suena tan estúpido como piensas.— soltó con una sonrisa.
Finalmente desapareció tras la puerta, dejando a una fría chica oriental algo ilusionada.
