Capítulo 22- ¡Paul!

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N/A: Este es el último capítulo antes del prólogo. Mañana seguro que subo lo que queda y da por finalizada la primera parte. Muchas gracias por leer y comentar, ¡sois maravillosos! Sobre todo mis seguidores (29) y mis comentalistas. MUCHOS BESOS!!

BETH

Corrí hacia el despacho de Alex. Paul…

Sentí mi rostro húmedo y disimuladamente me limpié las lágrimas de mi rostro.

En la habitación había varios cuerpos, que correspondían a mi hermana, su novio, Christopher, una mujer y un hombre. Los últimos cazadores.

Y lo que más impactó fue ver a Paul sangrando en los brazos de Alex.

Me coloqué al lado de Alex y cogí a  Paul en mis brazos.

Intenté curar la herida, pero por la gran pérdida de sangre, la herida no se podía curar, por más que lo intentase. Lloré con más fuerza, mientras que Alex intentaba calmarme. Y su pequeño corazón se detuvo. Lo había perdido.

Alex me quitó el cadáver (¡el cadáver! ¡su cuerpo aún caliente pero pálido y sin vida!) de Paul y me refugió entre sus brazos. No retuve mis lágrimas, por una vez no, di rienda suelta a mis sentimientos.

Me cogió en brazos y me llevó a mi habitación, donde me duchó y aseó. Más tarde me dejó en manos de las tres mujeres que anteriormente me dieron clases de etiqueta y estas me vistieron  con corsé y con un vestido aparatoso de tarde. Luego me pusieron joyas y unos zapatos de los más incómodos. Pero no me opuse, lo que un día había amanecido perfecto, se había nublado, de una manera inimaginable.

Ellas me arrastraron en silencio al jardín y me estuvieron vigilando. Yo caminé sin rumbo alguno, aún conmocionada de la reciente muerte de Paul, un niño que consideraba como mi hijo.

Noté la presencia de Alex tras un árbol. Parecía cansado y su aspecto de unos veinte años cambió a tener mil quinientos.

“Hola.” Me saludó acercándose. “¿Qué tal?”

Le dediqué una mirada dolida. Me crucé los brazos en mi pecho y me sentí pequeña e indefensa.  Mis piernas cedieron y caí derrotada en el suelo.

“Estoy cansada de todo. ¿Por qué todo está contra mí?” Estaba desesperada por ser arropada por alguien, amada.

“No todo está contra ti.” Le dediqué una mirada asesina, lo que le hizo tragar saliva. “No has tenido suerte, eso es todo.”

“Haces todo muy simple.” Me reí nerviosamente.

Él se encogió de hombros y arrancó una rosa. La miró durante un rato y me la entregó.

“Todo es muy simple; solo que tú lo complicas todo.”

“Gracias.” Intenté sonar sarcástica, pero mi voz salió ronca.

“No, va en serio. Es como un rosa, una flor de un color y bella, pero si la miras más detenidamente, ves que está compuesta por pétalos y espinas. Es mucho más complicada. En resumen, si  tú ves todo tan complicado, no disfrutas de tu vida. Ocurrirán cosas buenas y cosas malas y yo estaré ahí.”

Le besé los labios y acaricié su pelo.

Con mi corazón en puño susurré una palabra en su oído.

“Te amo.”

Sonrió como un niño.

“Pues yo te doy mi vida. Siempre buscándote e imaginando cómo serías y justo cuando te encuentro, eres la mujer más valiente y bella que conozco.”

Me sonrojé totalmente. ¿Por qué tenía que ser tan dulce? ¡Parecía un príncipe de cuento!

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Tres días más tarde se enterró a Paul cerca del cementerio de Londres.

Me sentía más tranquila, sobre todo ahora que la paz reinaba en la Tierra y la promesa de ir a vivir a Akaton, ¡un mundo lleno de criaturas mitológicas! Aunque Alex me había prohibido acercarme a un licántropo “porque son peligrosos”.

Aunque conociéndome, seguro que con alguno tendría amistad.

Miré al cielo, hoy otra vez Londres me otorgaba un día despejado, aunque no cuadraba con la situación: un entierro.

La tarde pasó rápida, entre silencios interrumpidos por los dos bebés de Vanessa y Jack y rosas blancas y rojas en la tierra sagrada.

Me despedí de los compañeros que habían venido al entierro y los despedí, segura que algunos se marcharían lejos y no los volvería a ver.

Al llegar a casa, con ayuda de dos mujeres, empaqueté los aparatosos vestidos en grandes maletas. Dentro de dos días me marchaba a Akaton. ¡Qué ganas! 

Lo malo esque tendría que adaptarme a la etiqueta de época sola, sin ayuda de Vanessa, que tendría que quedarse allí, por el puesto de Jack como Conde, aunque tranquilizaba el echo de que dentro de un mes vendría a verme.

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