En La Hija de Brianne

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Belcan

El agua repicaba sobre el gran yelmo de acero del castillo y los truenos hacían retumbar los grandes cascos con su estruendoso grito. <<Son solo truenos, son solo truenos>> pensaba Belcan, daba vueltas de un lado a otro en la cama, las pieles que le cubrían no eran suficientes, sentía el húmedo frío correrle por las piernas y un olor húmedo inundaba por debajo de ellas. Belcan se levantó torpemente, estaba todo oscuro pero lograba moverse bien en la oscuridad, sabía dónde se encontraba y en donde estaban sus cosas, era una gran habitación de piedra. Sus ropajes de montar estaban colgados sobre la perchero al igual que su pequeña capa. Otro estruendo recorrió en el ambiente rompiendo el silencio pero Belcan aun seguía muy dormido. Se dirigió hacia la mesa donde había un jarrón con agua fresca, y la vació en su boca dando pequeños sorbos hasta que se acabo el agua. De pronto comenzó a oírse murmullos que se convirtieron al poco en un griterío y los estruendos repicando una y otra vez sobre el gran yelmo, Belcan salió de su habitación, la piedra estaba helada y no se veía nada, todo estaba en la total oscuridad hasta que las luces llameantes iluminaban el gran pasillo. Sobre las ventanas se proyectaban las sombras de los hombres ante la roja luz danzante. El ultimo estruendo cayó Belcan giró la cabeza y todo fue consumido por el fuego.

Despertó agitado, miró a su alrededor estaba en su litera y el resto de sus compañeros seguían dormidos, levantó las sabanas estaba seco y el pantalón café no estaba manchado. Se talló los ojos con gran fuerza hasta que se tornaron rojos. Dejó caer su cabeza sobre el almohadón de plumas de ganso, estaba frío después de haberle dado la vuelta y cogió entre los dedos el pendiente que le había dejado Jagar, los soles brillaban a la luz de la luna. El metal del que estaba hecho estaba tibio. Lo había llevado colgando en su pecho. Una sensación pastosa le corría por la boca. <<Justo ahora recuerdo, después de tantos años vuelvo a recordar>>. Había pasado mucho desde que Belcan había pensado en el pasado, en su casa, no en el hogar de Jagar si no su casa verdadera, en el castillo antes de ser consumido por el fuego esa noche. Después de haber sido encontrado por Jagar, los dolorosos recuerdos fueron cambiados por imágenes de Raggo y Nyria, sobre todo de Nyria. Aun se sentía culpable, se sentía culpable de lo acontecido en el bosque privado de Lord Somnoliento. Aun después de haber sido perdonados por Lord Somnoliento y haber sido reclutados por Brick Brake el taimado, solo había dos caballos, Raggo y Nyria nunca habían montado en su vida, eran Provos y eran los hijos del cazador, los cazadores no dependían de los caballos para cazar. Raggo le agarró al poco tiempo el asunto de la cabalgata estuvo en silencio un largo rato. Nyria, su querida Nyria su hermana, la hija del cazador una verdadera Provo, habia cambiado. La chica que alguna vez fue la mejor rastreadora, tuvo que ir abrazada de Belcan durante todo el viaje hacia la Hija de Brianne lloraba contra la espalda de Belcan para que nadie la oyese, ni los reclutadores, ni Raggo solo Belcan porque él sentía los pequeños sollozos que daba. Esta Nyria era más doncella que cazadora, la muerte de Jagar se llevó consigo a Nyria y lo que quedaba era solo una niña en su hermoso cuerpo. Y cuando finalmente llegaron al castillo las cosas no mejoraron. Belcan pensaba que los tres estarían juntos, cosa que no fue así. Raggo fue ascendido casi tan pronto, con Nyria se juntaba mas; ella se había adentrado a hablar con las hadas y lograba que hicieran lo que les pedía, por lo que siempre estaba en el bosque privado del castillo. No parecía que quisiese hablar con nadie y además había cambiado, ahora parecía toda una doncella sacada de algún cantar, pero al igual que todos tenía que entrenar con la espada, con el hacha, con el arco y con la alabarda. En tiempos anteriores habían dicho que los hombres de las Espadas de Wyvern eran los soldados más fuertes, pero eso era antes cuando su lema era "No dejad ni una con vida" y no "Cualquier cosa es mejor que nada". Raggo fue graduado prácticamente cuando llegaron, era un as con la espada <<Beoxdraga, le harán canciones en su nombre>> se decía el chico. Y como Nyria era una mujer tenía que dormir en el pabellón de chicas al otro lado del gigantesco castillo. Belcan pensó que las cosas cambiarían pero resultaba que era igual de patético y débil que cuando Jagar le entrenaba. Sabía la técnica de la espada, pero era débil y se le caía cuando blandía golpes con los demás reclutas, su técnica con el hacha era burda y lenta pues le pesaba alzarla, con la alabarda daba golpes rápidos pero no lograba enfocar bien el blanco, mientras que su técnica con el arco no sobrepasaba el promedio. Pero ser una espada de Wyvern era ser algo más que un simple guerrero, las espadas de Wyvern aprendían a leer y a escribir, les enseñaban historia de los Helios y los primeros de su orden. A reconocer los diferentes tipos de brujas que existían y a combatirlas, y enseñaban lenguas, El Solario de los hijos del Sol, La lengua Prova de los pueblos libres y el turish de los reinos de mas allá del mar Escarlata. Era bueno en los estudios, tendría que serlo si no de que servía un bueno para nada. Se quedo despierto el resto de la noche.

ERA OSCURADonde viven las historias. Descúbrelo ahora