Las siguientes semanas la pareja se vio menos. Luna Valentina terminaba su carrera, firmaba contrato como docente en un colegio, Alejandro concretaba negocios con ingleses y preparaba el regalo de cumpleaños de su amada.
Se fueron de viaje por un fin de semana a la playa de una provincia vecina, conocida por sus balnearios.
Allá celebraron los veintitrés años de Luna Valentina.
Alejandro tuvo una revelación durante el viaje, que decidió mantener en secreto. Luna se había vuelto tan cercana a él, y temía por su reacción. Todo era demasiado hermoso para perderlo en un instante.
Y se mantuvo callado por muchas semanas más.
Valentina aún se afligía a veces por la memoria vacía de Alejandro, y eso se reflejaba en su frialdad. Todavía no se atrevía a decirle lo que sentía con todas las letras.
La última vez que lo intentó se encontró con Priscila medio desnuda y todavía se acostumbraba a un Alejandro escrito a la mitad, la otra se quedaría solo con ella en sus recuerdos.
Tampoco era tan malo. Él lo sabía todo, solo lo había olvidado. Valentina necesitaría solo un tiempo más.
Por su lado, Ale sentía la urgencia de sincerarse con ella. Tal vez eso quitaría muchas de las fricciones que a veces tenían. Era mejor no guardar más el secreto.
― No puede ser, Alejandro.
― Prometiste que me escucharías y no te alterarías —la siguió hasta la cocina, después de levantarse del sofá principal, el de forma de «L», color beige.
― Presiento que esta será la tercera vez que metes la pata conmigo, Alejandro —sacó una jarra de jugo de melón de la refrigeradora y la dejó en el mesón central gris.
― Pero solo déjame explicarte —él vestía un jean negro, camiseta roja y unos zapatos deportivos. Ya Valentina no luchaba contra el cosquilleo que sentía cada vez que lo veía, llevara la ropa que llevara.
― Habla, habla porque estoy a cinco segundos de botarte de mi apartamento —dejó las manos sobre la isla mesón, esperando. Ella vestía jeans blancos y una blusa morada, además de unas zapatillas de tiritas.
― Han pasado tres meses desde que salí de la clínica y es verdad que no recordaba nada, pero eso de que me contaras algo cada día funcionó, y hace un mes pues... —arrugó la cara, como si supiera que fuera a recibir un golpe que va a doler—recordé todo.
― ¡Qué! —abrió los ojos como dos platos— ¡Hasta ayer te hacías el desmemoriado!
― Pero es que nos hemos acercado tanto con esto, me siento tan bien...
― No tenías derecho.
― Navidad fue la mejor, Lu. Cenamos el veinticuatro juntos en casa de mis padres, además nos conectamos por internet con tus abuelos. Fue precioso. El veinticinco estuvimos tú y yo solos en mi apartamento, y en año nuevo estuvimos aquí... Aquí, Lu, juntos y fue perfecto. Tu cumpleaños en la playa, en San Valentín cocinamos los dos... Tenía miedo de que te alejaras si te decía que me acordaba de todo.
― ¿Por qué haría eso? Lo que más quería era que recordaras, ¡que me recordaras!
― No sé, eres impredecible y esa era una posibilidad muy latente.
― ¿Y por qué quisiste confesarte hoy? —se llevó ambas manos a la frente, cerrando los ojos, tratando de calmarse.
― Porque, bueno, ya te graduaste, pronto empezarás a dar clases en ese colegio privado, te meterás a estudiar esa maestría y si no te decía la verdad ahora, no iba a tener espacio en tu agenda.
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Novia a sueldo
Romansa⭐️Ganadora Premio Gemas Perdidas 2016⭐️ Más votada NOVELA PENDIENTE DE CORRECCIÓN. Luna y Alejandro se habían vuelto inseparables desde que se conocieron, fortaleciendo su amistad a través de los años, sin embargo, para el joven ingeniero ella era m...
