*Narra Diana*
Mi sonrisa era inalterable. Mi felicidad inquebrantable. Tumbada en mi cama, me mordía los labios una y otra vez, anhelando a cada segundo los de él.
WhatsApp. Mi corazón casi estalla. Cogí el móvil. 'Buenas noches, fea. Te amo'. Mis ojos se anegaron en lágrimas de felicidad, pero le respondí con un simple: 'Descansa. Yo más<3'.
Metí el móvil bajo la almohada. Black Veil Brides, Die for you. Y con esa canción abandoné aquel uno de octubre, el mejor de mi vida.
*Narra Rachel*
Lunes por la mañana. 'Bueno, hay cosas peores' me dije a mí misma mientras me embutía en unos pitillos negros.
-Kat, pásame la camisa blan... -Me interrumpí al ver que mi hermana seguía dormida en su cama. Le lancé un cojín a la cabeza- ¡Despierta!
-¿Eeeh...? -De pronto, tras frotarse los ojos, pareció reaccionar- ¡Rachel te odio!
-Ya, ya, pero préstame tu camisa blanca.
Mi hermana, aún con los ojos pegados, se dirigió a tientas hacia el armario, lo abrió y me lanzó una percha con la esperada camisa.
-¡Gracias! -Exclamé, y salí como una exhalación hacia el baño para poder arreglarme antes que ella-.
Llegamos juntas al instituto como cada día, y, también como cada día, nos despedimos en el pasillo con un abrazo, cada una a su clase.
-Suerte, pelirosa.
-Igualmente, peliazul.
Iba hacia mi clase de dibujo cuando Nico me detuvo al lado de la puerta. Me dio un suave beso en los labios y agarró mi mano.
-No entres ahí.
Dicho esto, me cogió en brazos y echó a correr. Cruzó el patio, el aparcamiento y atravesó la verja de entrada. Me depositó en el asiento de su moto.
-¡¿Qué haces?!
-Ya lo verás. -Dijo, y, tendiéndome un casco, arrancó-.
[...]
Cuando detuvo la moto en el aparcamiento de la playa, a unos 30 km del instituto, sacó un pañuelo negro de su bolsillo y me vendó los ojos.
Volvió a cogerme en peso y caminó un par de minutos. Luego, me depositó en el suelo de nuevo y me dijo:
-Escaleras. Uno, dos, tres, cuatro...
Diecisiete escalones a ciegas después, me condujo de la mano hacia algún sitio. Y me quitó la venda de los ojos. Entreabrí la boca.
Me encontraba en una habitación mediana. Suelo de madera clara, una cama de matrimonio con dosel, vestida de blanco, y un balcón con vistas al mar.
Miré a Nico a los ojos y pude detectar un brillo travieso y divertido en su mirada.
-¿Estás loco? -Dije, mirándole- ¿O solo has visto 'Tres Metros sobre el Cielo' demasiadas veces?
-Estoy loco. -Me dijo-. Pero por ti.
En ese momento, me invadió el deseo. Le miré y me mordí el labio.
-Rachel, si no quieres hacerlo, no te voy a presionar. Pero si vas a decir que no, no te muerdas el labio de esa forma. Por favor. -Dijo, muy serio-.
Solté una carcajada.
-Quiero hacerlo.
-¿Estás segura?
-Por supuesto. Espera ¿tienes...? -Le miré inquisitivamente y me relajé cuando sacó del cajón de la mesilla un paquete de Durex. No pude contener la risa. Volví a morderme el labio inferior, mirándole fijamente. Se acercó a mí y me empujó suavemente hasta que mi espalda tocó la pared. Nos besamos durante largo rato, cada vez con más ganas, con más pasión. La hora y media siguiente, en la cual perdí dos botones de la camisa de mi hermana y parte de mi inocencia, mejor censurarla, aunque podéis haceros una idea. Me dormí sobre su pecho, tapada con la colcha y arropada por sus brazos. Desperté un par de horas más tarde.
-¡Mierda! ¡La una y cuarto!
[...]
Tras vestirnos y recoger todo, montamos en la moto de camino al instituto.
*Narra Lucy*
Llevaba casi cuatro meses sin hacerlo. No me supe controlar. Nada más llegar a mi casa, con lágrimas contenidas, lancé mi mochila hacia mi cuarto y entré en el baño. No tenía fuerzas para odiar a Rose, aun después de todo. Ese día no solo me dieron la nota del examen de matemáticas, el cual lucía un mal caligrafiado 0'5 en su primera hoja. No solo me acababa de enterar de que una buena amiga de la infancia había muerto por anorexia, sino que había tenido que aguantar los desalmados comentarios de Rose sobre la muerte de Patt, había tenido que soportar que toda la clase se enterase de mis intentos de suicidio y desórdenes alimenticios, los cuales había ocultado hasta entonces con gran maestría, por culpa de la misma persona.
Cerré de un golpe la puerta del baño, eché el pestillo y cogí una cuchilla que tenía escondida bajo una losa suelta del suelo. Dejé las lágrimas caer, mientras los acordes de 'When you're gone' de Avril Lavigne procedentes de la radio de mi cuarto se colaban por debajo de la puerta. Ni siquiera arqueé las cejas cuando vi derramarse las acostumbradas gotas de sangre por mi muñeca. Solo lloré, vi caer el líquido hacia el suelo y mis ojos se nublaron. Lo último que pude escuchar fue el 'I miss you' que daba fin a la canción. Traté de parpadear, pero tras cerrar los ojos, no pude volver a abrirlos.
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Foto de Lucy en multimedia
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El Misterio de la Adolescencia.
Teen FictionSentimientos y situaciones de algunos adolescenntes, cada uno con problemas diferentes, sentimientos diferentes, mundos diferentes ------------------------- No se como describir correctamente la historia. pero si les gustaria saber un poco mas de es...