Capítulo 14

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Ellos siguen caminando. Unos ríen, les hace gracia lo que quiera que estén hablando. Otros hablan, ceños fruncidos o rostros inexpresivos como el mío al solamente oír a mis amigos.  Cassie camina en reversa, por su gran sonrisa saco la gran conclusión que está hablando de sus clases de repostería. Joe está moviendo sus brazos con gloria mientras que yo estoy concentrada en abrir la puerta de su auto y comer la cena que espera por mí en casa. Pero mis planes no pueden avanzar, una voz me detiene. Ahí está él de pie a unos cuantos metros de mí, esperando a que lo salude. Entrecierro mis ojos por el sol y me despido de mis amigos. 


—¿Por qué estás aquí? —le pregunto a mi papá


Me pide que suba al auto, adentro huele a ambientador con aroma a fresa. Se coloca el cinturón de seguridad y empieza a conducir, luego de unos segundos pregunta cómo me fue en el día. Le resumo todo lo que pasó con un ''bien'' y él al parecer se conforma con eso. Dirijo mi mirada hacia la ventana, las casas y edificios que dejamos atrás son distintos a los que suelo ver en el camino a casa. Después de unos segundos, las calles cobran sentido para mí. Estamos en camino a la heladería cerca de la primaria donde estudié. 


Recuerdo que papá solía sacarme a la mitad de la clase para comer un helado, dándole una excusa convincente al director. Siempre compraba los mismos sabores para ambos: de chocolate con cubierta de chocolate y maní. Y sin ir a ningún lugar, el auto permanecía estacionado y nosotros dentro de él comiendo el helado que de vez en cuando manchaba mis camisetas y faldas.


Luego de que entré al Colleman, papá perdió esa tradición conmigo. Se excusaba en los precios o que no le daba tiempo. Así que esos momentos juntos solo forman parte de mi infancia arrebatada por la pre-adolescencia aplastante.  Sí, últimamente he estado demasiado emo. Solo falta que me dirija a Spotify y encuentre un disco de RBD o Kudai


Ha estacionado el auto y me entrega el dinero. Empujo la puerta y la campana despierta al vendedor, no hay nadie aquí. Escuché que demolieron la primaria hace dos años atrás, quizá sea la razón de la baja clientela. Reconozco al empleado, un señor moreno sin ningún vello facial a la vista y con la distintiva gorra del local. Al entregarme los helados, él me reconoce:


—¿Eres tú? ¡Estás tan grande, morenita! —así solían decirme él y su compañero.

—Sí, tenía mucho sin venir. Gracias, hasta luego —me giro

—Saludos a tu papá y a la señora, vinieron la semana pasada.


Trato de que eso no haga que destruya el lugar, así que halo con delicadeza la puerta. Al llegar al asiento del copiloto, le entrego su helado y me quedo con el cambio. Pero esta vez no es como las otras donde nos estacionábamos a disfrutar en silencios breves. Estamos en la Avenida 9 y el semáforo está en rojo.


—El vendedor me comentó que viniste con ella.

—Melanie...—gira a la izquierda—ella es mi mujer y quiero que se lleven bien. ¿Acaso fuiste tu la que escupió en su equipaje?

—¡Ella irrumpió en tu apartamento! ¿Como me puede tratar así? 

—Estaba molesta conmigo, no contigo. Se disculpó después. ¿No puedes portarte amigable con ella?

Creo que eso debería decírselo a ella, no a mí. 

—¿Y por que dejas que te trate así? ¡Mamá...—me interrumpe

Stupid Love StoryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora