Capítulo 15

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Las personas empiezan a aplaudir con la aparición del director. Un señor que debe estar entre sus 40, con cabello largo y oscuro y cejas pobladas agradece a todos los presentes. Sus palabras pausadas hacen que sienta tranquilidad. Entre los músicos, Joe está listo con su violonchelo reluciente. Miro el programa del concierto, durará una hora. La primera pieza es Carmen Suite, Les Toreadors. Los instrumentos tocados con elegancia y los sonidos tan pulcros hacen que más personas se acerquen al epicentro de la edificación. Todos están disfrutando de la música clásica: los empleados de las tiendas, los empleados de la limpieza, los desconocidos y los amigos y familiares de la Orquesta Juvenil Mozart.

Estamos en el centro comercial desde hace media hora. Los padres de Joe, Cassie y yo tuvimos suerte de conseguir asientos disponibles; porque minutos después no había ninguna silla solitaria. Excepto la que está a mi lado, mi bolso reposa en ella hasta que llegue el chico impuntual.  Dijo que estaría a las 4 en punto. Ya falta un cuarto para las 5 de la tarde.

Se ha aproximado la serenidad en la pieza pero los platillos hacen su aparición y vuelve la rapidez. Los arcos se mueven apresurados, los pulmones son llenados y vaciados de aire para producir notas hermosas, la percusión esperando ansiosa cada una de sus apariciones. El cabello del director se mueve al ritmo de su batuta. Es arte lo que están haciendo estos jóvenes y nosotros somos los que tenemos la dicha de que nos deleiten. 

Los padres de Joe están fotografiando y grabando a su adorado hijo. Los miro por unos segundos y mis labios se curvan un poco, pero al igual que el flash que desapareció, mi sonrisa también.  Los ojos de mi amiga perciben lo que acaba de pasar. Su dulce susurro me recuerda que él vendrá y que la semana que viene será mejor. Los aplausos se hacen presentes y los músicos acomodan sus partituras. El chico de cabello rizado mira las clavijas de su chello y nos mira con una leve sonrisa.

Inspecciono otra vez el programa, adentro de él están los nombres de los integrantes de la orquesta por nombre alfabético e instrumento. Joseph Alfred Convey está de primero entre los chelistas. En la parte trasera del folleto hay fotos de ellos sonrientes. Regreso al principio: ''La música purifica almas'' leo una y otra vez. La Sinfonía del Nuevo Mundo, cuarto movimiento comienza... miro hacia mi amigo. Wow, toca con mucha pasión. Recuerdo esos días donde era más pequeño y su chello era enorme. Se molestaba cuando agarraba su arco sin permiso y cuando desafinaba su ''vida''


—¿Ves esto que abraza mi cuerpo? 

—Sí, es un instrumento —afirmé, cuando solía usar dos coletas y no llenaba un sostén.

—No, te equivocas. Es mi vida.


Y ahí comprendí que la música para él era más que notas musicales y pentagramas. Cuando encuentras algo a lo cual referirte ''vida'' todo lo demás no se compara con ello. Los que tienen su vida son apasionados y la atesoran más que nada. Así como los artistas y sus lapices, los cocineros y sus utensilios, los matemáticos y los enigmas por resolver. Pero yo aun no estoy entre ese grupo de vivientes. Al parecer estoy muerta. Sí, amo los idiomas, pero creo que mi vida está esperando a que la descubra. 


Ahora que he nombrado la vida, quiero hablar de ella desde otro plano. Mamá no le gusta su vida, no... ella no se lanzará a la avenida. Me refiero a que está harta de esta pequeña y calurosa ciudad que no ha cambiado en casi 18 años desde su llegada. Quiere devuelta su vida de antes, donde podía estar tranquila en las frías montañas, donde encontraba su sosiego. Lo único que la ata soy yo, permitió que me quedara hasta terminar el bachillerato... pero ya me queda poco tiempo. ''Breitner te espera'' me lo ha recordado durante toda esta semana. Me ha repetido que debo tener un plan B, si no me asignan un lugar entre sus estudiantes por la forma tradicional, tendré que realizar el examen de admisión. ''Siempre quedan cupos disponibles, pero si entrarás'' 

Stupid Love StoryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora