CAPÍTULO 26

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Luego del juicio volví a mi casa con mi prima y mis amigos. Aroa se preparó para ir a la de Natalie, en donde me dijo que desde ahora en adelante se iban a juntar por mi culpa...

Pues eso es mejor para mi, ya no tendré que llegar a mi casa y verla... infestada de chicas.

Baker y Sergio se sentaron al mismo tiempo en el sillón.

-¿Y que pasó con Natalie? -me preguntó Sanders.

Solté un agobiado suspiró y me senté frente a ellos después de pasarles su plato de comida. Habíamos pedidos unas pizzas.

-Es una loca -dije irritado.

-Pero bien que esa loca te salvó el pellejo, ¿vieron la actuación que hizo? -habló Sergio.

-Fue increíble, te aseguro que casi me hace llorar -agregó Baker.

-Ya, dejar de hablar de ella -sentencié.

-¿Qué sucede? ¿Estás sensible hoy? -preguntó con burla Dias.

-No me busques... porque vas a encontrarme -le advertí.

-No creo que quieras otro día en la cárcel ¿o si? -dijo Sanders.

Gruñí por lo bajo y tomé un poco de mi lata de cerveza antes de darle un mordisco a mi porción de pizza.

Sus palabras aun sonaban en mi cabeza.

...

'Querías una respuesta directa, entonces la tendrás. ¡No! ¡No tienes ninguna posibilidad!'

...

¡Condenada y mil veces condenada seas Natalie!

Luego de terminar de comer, ordenamos todo y nos acomodamos para dormir. Hoy, ellos se quedarían a dormir aquí. Me acosté en el colchón y miré fijo al techo. Natalie no salía de mi cabeza, me atormentaba y no me podia pensar en otra cosa que no fuera ella.

Levanté la cabeza para mirar a mis amigos y ambos ya estaban dormidos. Sin hacer ruido, me puse de pie, tomé el teléfono y salí al balcón. Cerré la puerta, para que no escucharan y caminé hasta el fondo. Me recargué sobre la barandilla y comencé a marcar el número de su casa. Comenzó a sonar, pero nadie contestaba. Corté y volví a marcar. Sonó una vez... sonó otra.

-¿Hola? -escuché su dormida voz. No dije nada, solo guardé silencio -¿Hola? Holaaaa, ¿Hola, hay alguien? -preguntó elevando un poco más su voz -¿Adam? ¿Eres tú?

-¿Quién es Adam? -la pregunta salió impulsivamente de mí.

-¿David? ¿Eres tú? -dijo con sorpresa.

-Te hice una pregunta directa, espero una respuesta directa -le dije.

-¿Acaso no has visto que hora es? -preguntó nerviosa.

-¿Quién diablos es Adam? -dije elevando más mi voz.

Guardó silencio por varios segundos. Solo se escuchaba su leve respiración, y por un momento deseé poder escuchar esa respiración pero cara a cara. Poder escuchar esa respiración cerca de mi oído...

-Si te contesto, ¿me dejaras en paz? -dijo con voz calma.

-Contéstame de una vez -sentencié.

-Un viejo amigo...

-¿Qué clase de amigo? -pregunté al instante.

-¿Acaso esto es un interrogatorio judicial? Que yo sepa el que estuvo preso fuiste tú, yo no le debo nada a nadie. Así que mejor deja de molestar y déjame dormir, ¡de una vez! -me dijo.

NADA ES LO QUE PARECEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora