CAPÍTULO 27

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Me acerqué al lugar en donde había dejado mis cosas y las tomé. Busqué a Isabel con la mirada y despacio me acerqué a ella.

-Isabel, necesito hablar contigo -le dije. Ella me miró.

-Luego continuamos chicas -les dijo a las modelos que me echaron una devoradora mirada, como si yo fuera algo de comida. Aunque si lo soy, en este momento me siento como un yogurt caducado -¿Qué sucede pequeño?

-Isa, renuncio -solté lo que tenía pensado sin ninguna traba. Sus ojos se abrieron bien.

-¿Qué? Pero, ¿Por qué? ¡No puedes renunciar! ¡Eres el mejor ayudante que he tenido en años, Óski! -me dijo

-Lo se, lo se, no hay nadie como yo. Pero es lo mejor para mí, antes de que tu hija me vuelva completamente loco.

-¿Quieres que la rete un poco? -preguntó.

-No, no. Eso no cambiaria mi problema -dije. Me acerqué a ella y besé su mejilla -Eres la mejor jefa que un chico como yo podría tener...

Sus ojos se humedecieron y me miró con tristeza.

-Y tú eres el mejor ayudante del mundo -me dijo y acaricio mi mejilla maternalmente.

¿Hace cuanto que no recibo una caricia así? Tal vez de mi nanny, pero no se siente parecido a la caricia de una madre. Eso debe sentir Natalie cada vez que su madre la acaricia o la mima.

-Adiós Isa -dije por lo bajo.

-Toma -sacó de su bolsillo un sobre con dinero -Esto es tu sueldo del mes...

-No, no lo quiero...

-¿Cómo que no Óski? Por favor, déjame pagarte...

-No podría cobrarle al mejor trabajo de mi vida.

-Por favor, por lo menos dame ese gusto. Ya que no te quedas, déjame pagarte el mes.

-Pero aun no termina el mes...

-Tómalo, y no acepto un no -sentenció. Suspiré y tomé el sobre. Ella se acercó a mí y me abrazó -¿Vendrás a visitarme?

-Cada vez que pueda -le dije.

Se alejó y sonrió.

-Ya puedes irte.

Sonreí y me di vuelta para irme a quien sabe donde a despejar un poco mi cabeza y mis problemas. Mejor dicho mi problema el cual tiene nombre y apellido, Natalie Santos.

Salí de las oficinas sobre Betty y comencé andar sin rumbo alguno. Hasta que sin darme cuenta estacioné frente al bar de Susan.

La última vez que vine aquí fue cuando esa... esa condenada se me puso a bailar sensualmente y provocar a todos los borrachos del lugar. Me bajé de la moto y caminando despacio entré.

Para la temprana hora que era, el lugar ya estaba infestado. Este era un lugar perfecto para desahogar culpas, dolores y problemas. Y no había nadie mejor que Susan para hablarlo. Ella no ponía un límite para tomar. Ella te dejaba tomar hasta que se te diera la gana, y por ese motivo era el bar más visitado de todos. Sonando los huesos de mis manos me senté en la barra. Susan me miró algo sorprendida.

-Vaya, vaya -dijo y sonrió -Hace bastante que no te veía por estos lados, Óscar ¿Qué te ha pasado?

-Sírveme un vaso de vodka -le dije. Ella asintió.

NADA ES LO QUE PARECEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora