Vaya, eso sí que fue extraño ¿qué ha pasado?, ¿dónde estaba exactamente?, mi estadía en el bosque fue exageradamente corta, cuando menos me dí cuenta desperté en el suelo de una gran y obscura cueva, me levanté perplejo. Volteaba a mi alrededor para descubrir a tiempo a un posible agresor, por suerte estaba solo, mis manos estaban libres, además del ligero malestar en mi espalda no tenía muestras de violencia en mi cuerpo ¿un secuestro sin traumatismos o ematomas?, si de por sí mi rapto ya era extraño esto aumenta mi temor. Caminé hasta donde me instinto me llevó, tardé sólo un par de minutos en salir de la cueva, en cuanto salí emprendí mi carrera, mi instinto parecía gritar dentro de mi cabeza: "¡huye!,¡huye lejos de ésta pesadilla!, ¡no dejes que te atrapen!".
En seguida, bajo ninguna circunstancia me detuve en toda mi trayectoria, salvo para un leve respiro y continuar mi huída. Mi corazón palpitaba como el trotar de unos caballos dirigidos por el jinete de la desesperación, mis pulmones apenas podían bombear oxígeno a mi torrente sanguínea hasta que llegué a lo alto de una colina, contemplé un pequeño pueblo iluminándose con antorchas y lámparas de aceite por la inminente presencia de la noche, descendí bruscamente y al llegar al camino que se dirigía al pueblo me lastimé la pierna, tropecé con la rama de un árbol, mi propia estúpidez remplazó a la sabia paciencia, caminé a tientas con mi pie lastimado, para mi mala suerte me lastimé la pierna derecha, la que no tenía tanta fuerza; resignándome a tener que soportar el dolor caminé como pude en las calles, chocando con las personas, escuchando como los mercaderes decían: "¡compre su vino!, rico y refrescante", "¡lleve su caldero!, ¡barato y grande caldero ¿eres cocinero?, ¡éste es el lugar indicado para comprar!", algunos me mostraban prendas bellísimas de seda y terciopelo, pero no contaba con nada que pagar. Nunca olvidaré a los mercaderes, hombres con mejillas rechonchas y de edad avanzada, con barbas curiosas e interesantes, algunos con un ligero sobrepeso, que a decir verdad; delataba su posición favorable, sus túnicas de lino que los vestían, su acento extranjero, sus párpados cansados evidenciando la fatiga de tanto tiempo viajando, junto al lado de ellos estaban sus guardias: hombres altos con armas y espadas a la mano, con mirada desafiante, brazos cruzados, vigilando como un halcón, resguardando celosamente como gárgolas, para evitarme problemas dejé de mirarlos, al parecer los incomodaba, y no quería enfadar a semejantes hombres. Caminé con dificultad hasta que una joven con el cabello rizado y ojos color grisaceo se me acercó, me dijo: "usted joven apuesto, aliviaré su malestar a cambio de una sonrisa suya", no supe como reaccionar, no supe como se enteró que me dolía la pierna si el lugar estaba atiborrado de tanta gente, tomó mi mano y me guió hasta entrar a una ligera tienda de campaña. Señaló un sillón de abeful, me senté y ella tomó mi pierna lastimada, la acomodó en un banco chico de madera, salió por un momento, noté que el lugar era muy sobrio en su decoración, sólo estaban otros bancos, pero combinada con las tiendas de campaña que conformaban gran parte del mercado, el exterior no era tan diferente, había viviendas altas de adobe y piedra labrada, techumbres de palmas, piel animal y barrotes de madera, algo simple pero típico de los mercados, la joven regresó con un aceite y frotó un breve masaje en mi pierna lastimada, pensé que gritaría de dolor pero...fue muy extraño, no me dolía en absoluto, me preguntó si era nuevo en el pueblo, le respondí que si, me hizo otras preguntas de cáracter curioso, preguntas simples y comunes, cuando terminó de sobarme me levanté, caminé un poco para confirmar que podía seguir, le agradecí por su amabilidad y le advertí que no tenía con que recompensarla, me dijo: "oh apuesto viajero, su sonrisa es mi paga", sonreí apenado y ella hizo lo mismo, me dió un beso en la mejilla, dijo: "espero que regreses pronto a mí viajero". No respondí, con un ademán de despedida salí de ahí, avanzé unos pasos y sentí sus suaves manos tomar mi antebrazo, dijo: "espere viajero, hay una ceremonia en el pueblo para celebrar el mes lunar, por favor, suplico que alargue su estancia por lo menos esta noche", ante su bello, maduro y a la vez infantil rostro haciendo juego perfecto con sus ojos grisáceos asentí con la cabeza, portaba un vestido rojo de estilo gitano que moldeaba su seductora figura pero descubría su sensual abdomen, mi mano siguió a la suya en medio de las risas, conversaciones inaudibles y gritos extasiados, me llevó a la plaza del pueblo, donde muchas personas danzaban en honor al mes lunar.
-¿porqué me has traído aquí?
-para danzar con ella, ella baila para nosotros cada noche, nos toca dedicarle una noche por lo menos para venerarla.
-de acuerdo.Mi mirada se perdió con la de ella, al ritmo del bandolón, los chelos y violines rebeldes conmeromanos a la madre Luna, nos hartamos de vino, bailamos como si nuestra vida dependiera de ello, carcajemos y entrelazamos nuestros dedos incontables veces, cuando la ceremonia acabó me acompañó a una posada, les confesé que no tenía con que pagar, los dueños me dijeron amablemente que somos hijos de la Luna y que después de su fiesta todos compartíamos lo que el otro necesitara, ella me despidió con un abrazo cálido, me besó en los labios y corrió de ahí como una chicuela que había cometido una travesura, el dueño me acompañó a mi habitación, me dijo que todo lo que deseara esa noche era por cuenta de la casa, agradecí y le tomé la palabra, pedí una jarra de agua y para cenar lo que él considerara el mejor platillo, degusté mi paladar con: Ceremonia a la Baldunfir, Baldunfir era el nombre de ese poblado, el platillo consistía en frutas como melón, mango y moras con pollo entomatado, especias silvestres y una cereza, dedujé que tan peculiar nombre hacía honor a la ceremonia que consagraban a la Luna, la cama era de madera con sábanas moradas, pieles y cojines blancos, un poco dura pero cómoda. Después de deleitar mi estomago salí al balcón para contemplar los fuegos artificiales, la posada era una construcción rectangular con piedra labrada de dos pisos, tenía un patio central que poseía una fuente y unos cómodos asientos de ébano, la fuente de mármol con decorados góticos, después de un rato en el balcón decidí dejarme vencer por el sueño, dormí profundamente por varias horas sin interrupción.
Después de eso oí que llamaban a mi puerta, era el dueño, pensé que me echaría como un trapo sucio por haber pasado la fiesta, después me dí cuenta que estaba en un terrible error, el dueño era un hombre rechoncho y bonachón que me entregó un maletín, ropa limpia y que estaba contento que haya disfrutado la fiesta, me dijo que en cuanto vió mis prendas sucias y algo rasgadas sintió pena, creyó que algo malo me sucedió, le agradecí por tanta amabilidad. Después de eso me dí una ducha, me cambié y cuando busqué mi ropa sucia me enteré que la esposa del dueño estaba lavándola para después cocerla, me sentí avergonzado, ella dijo que a su esposo y a ella les encantaba ayudar a quienes los necesitaron, desayuné con ellos, me hablaron sobre el origen de la ceremonia para la madre Luna, la leyenda de como la Luna todo el año velaba por las cosechas y del pueblo, en su honor los habitantes del pueblo le celebran una fiesta desde hacía 720 años, la fecha me dejó sorprendido y entusiasmado, seguimos conversando hasta que decidí que era momento de irme para no interrumpir sus labores, la señora me dió mi ropa arreglada e impecable, les dí un cálido abrazo con su apretón de manos correspondiente para despedirlos, salí de la vivienda y entonces quedé confundido por lo que mis desafortunados ojos iban a presenciar...
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Pareidolia
Fantastik¿el llanto es el esposo de la llanta?, ¿la locura es realmente para los locos?, tengo hambre :v