"Hacer las paces y ganar cariños."

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Si algo tenía Nekogami eso era hambre, siempre era así cuando se levantaba. Desde temprano comenzaba maullando con tal de despertar al moreno durmiente que lo había adoptado. Este aunque no quería, se levantaba y veía desayunar a su pelirrojo minino con alegría.

-Te pareces tanto él. - sonrió somnoliento Aomine pensando en Kagami y como los dos rojos comían sin paro.

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Si algo tenía Nekomine es que tenían que despertarlo, con una caricia en su oreja o acercándole la comida a su naricita, sino lo hacías así el minino dormía y dormía.

-Te pareces tanto a él. - sonrió animado el chico de mirada rubí. Deseaba ver pronto a su amado y que sus mascotas también se reunieran.

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Ambos pasaron el día con compañía pero cada par, muchachos y gatos, querían a sus respectivas parejas a su lado.

El timbre anunció visitas y Nekomine araño la puerta pues sabía quien era.

Kagami dio la bienvenida pero, enseguida sus labios fueron devorados por un Aomine desesperado, aunque no por mucho tiempo pues el gatito regordete (aplastado entre ambos muchachos) quería también saludar a su felino amado.

El moreno lo dejó en el suelo y enseguida su copia minina tacleo al gatito rojo para lamearle una orejita.

-No pierde el tiempo. - comentó Kagami mientras era arrastrado entre besos y cosquillas, a su habitación por su novio. -Y tú tampoco.

-Ese monstruo está distraído con mi gatito, hay que aprovechar. - trató de quitarle la camisa a su pelirrojo pero este con un puchero en su rostro, se lo impidió.

-No es un monstruo. - Aomine lo cargo, para apresurar su paso a la recámara. -¡Hey!

-Ya sé como es, lo conozco desde antes. - beso a su chico. -Vamos y te cuento.

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Salió de la habitación de su pelirrojo humano, por si fuera poco acarició a su gato amado, se miraron por un rato y entonces ese osado moreno por fin hablo.

-No me recuerdas, ¿cierto? - lo vio acercarse a su mochila y sacar de esta algo que desde hace mucho no veía. -Neko-chan.

Aunque odio aquel nombrecito, reconoció a su amigo caza bichos.

Todavía recordaba al chiquillo moreno que se perdía entre arbustos y matorrales a su lado escondiéndose de Momoi. Unos días antes de que huyera, Aomine le había dado ese peluche de langosta que ahora le devolvía.

Kagami y su par rojo, vieron con ternura como los azules hacían las paces con una sonrisa.

Ahora si podían estar juntos sin conflictos... O al menos esos creían pues con el mal genio que los cuatro tenían ya nada los sorprenderían.

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¡Ahora la familia felina esta junta! :) ya se me ocurrirá aventuras para ellos... ❤

¡Nos leemos!

"Cuentos de Nekos."Donde viven las historias. Descúbrelo ahora