Capitulo 6. Entre lapidas

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Los ojos de Apple estaban más que encantados mirando hacia un sitio en específico de la cafetería, Dina miraba su pan glaciado con mantequilla sobre su plato en la bandeja, suspiro mirando ahora a su compañera.

-¿Qué es lo que no dejas de ver? – la chica se giro hacia ella mirándola algo nerviosa, pero después señalo en dirección a donde veía. Un chico estaba de pie frente a ellas, lanzaba un balón a otro muchacho a su lado, parecían sacados de una película americana. Al parecer él sintió su mirada, porque de inmediato el chico le sonrió, dejo atrás a sus amigos y se dirigió hacia donde estaban ellas.

-Viene hacia acá – decía Apple en susurros, se giro a ver a Dina y esta estaba ya con la mirada en otro lugar, ni siquiera le había regresado la sonrisa, y esto todo se debía a que su idea de que en ese lugar todos eran unos mal educados. Esto le hizo recordar al chico de cabello rizado en su clase de latín.

-Hola ¿Apple, cierto? – la chica asintió mirando como se sentaba junto con ellas, Dina le miro algo incomoda, este chico no le daba buena espina, amabilidad con su compañera y ni siquiera estaba seguro si ese era el nombre de la chica.

-Ella es Dina – hablo la chica de cabello color rojizo, Dina sonrió mostrando incomodidad hacia el chico. El estrecho la mano y sonrió mostrando su dentadura.

-Soy Matthew – Dina trato de sonreír pero sonó el timbre y se paro deprisa, miro a Apple encogiéndose de hombros y después de un "nos vemos luego" salió de la cafetería.

Dina tenía que cambiar de edificio para próxima clase, apenas llevaba tres días y ya sentía como se estaba acoplando al ajetreo que tenían en este instituto.

Compañeros de escuela corrían o simplemente caminaban de un lado a otro para llegar a tiempo a sus clases, Dina solo caminaba despacio, había un poco de agua en el suelo debido a los aspensores que siempre dejaban encendidos por las noches. Con cuidado daba pasos evitando resbalar, veía el edificio a lo lejos pero sintió un leve jalón en su brazo asiéndole detener.

-He estado buscándote desde que comenzó el día – la señora le veía por encima de los lentes. Dina solo frunció el ceño sabiendo que era lo que se venia después.

Cuando menos pensó ya estaba sentada en una de las sillas fuera de la dirección, Tamara, estaba a su lado y retocaba su maquillaje sobrecargado con la polvera de espejo en manos.

Georgina, la recepcionista las miraba, creía que alguna de las dos en cualquier momento saltaría sobre la otra y la pelea volvería a comenzar.

Después de hablar con el director, él les dijo que ambas irían a detención hoy, debían escoger entre hacer limpieza toda la semana en el campo de americano, o quedarse hoy hasta las siete de la noche en el aula de los problemáticos. Era obvia la opción por la que ambas optarían.

Dina le lanzo una mirada de desprecio a la rubia, pero aquella chica solo sonrió, frunció el ceño abriendo la puerta de lo que seria su aula por el resto de lo que quedaba del día.

-Tamara, su asiento es aquí frente a mi – susurro el profesor antes de que la chica se sentara en un lugar mas a alejado a él. – usted puede sentarse en cualquiera de esos – señalo dos puestos detrás de un par de alumnos.

Dejo su mochila sobre el pupitre, se digno a sentarse y mirar al frente, jamás había estado en detención a pesar de su mala conducta, en su anterior escuela ni siquiera había un aula específica para los que no acataban las órdenes.

Suspiro recostando su cabeza sobre la mochila, sintió lo duro de su cámara dentro de esta y sonrió sacándola. Si iba a estar aquí por cinco horas seguidas, debía hacer al menos algo que le gustara.

Comenzó a ver las fotos de su cámara. La casa de su abuelo, el interior de esta y lo que era su habitación antes de mudarse a Durham, las calles, incluso las caballerizas en las que había pasado su cumpleaños 16, sonrió mirando cada una de las fotos, recuerdos increíbles y una historia tras cada una, pero una foto en especifico le había echo detenerse y quedarse mirándola detenidamente, el cementerio de Lothian, se puso a pensar que no había ido al cementerio de Durham, era lo que mas le gustaba de los lugares, ella siempre decía "si no tienen un bello cementerio, no son un bello pueblo" tenia la creencia de que si trataban bien a sus habitantes en vida, dejándoles construir unas bellas casas o paseando por las calles de su pueblo, entonces también debían tratarles bien en muerte, debían tener un buen lugar donde el alma del difunto pueda descansar en paz, odiaba como las personas se olvidaban de sus seres queridos al convertirse en cenizas, pero ¿Quién era ella para odiar a las personas por ese motivo? Ella ni siquiera había visitado a su difunto abuelo desde hace 2 semanas.

Pero no había sido su culpa, su madre se había negado a dejarle visitar aquel lugar, por miedo que su única hija cayera en manos de algún criminal en serie que podría andar rondando por esos solitarios lugares. Pero el obstáculo que mas odiaba era la distancia, ahora que se había mudado a un lugar lejano, menos podría visitar a su abuelo, y al parecer su madre se negaba a regresar al lugar que le había visto crecer.

Varias veces se planteaba tomar el primer vuelo hacia Lothian y dejar todo aquí en este lugar que no le gustaba, pero no era tan fácil como parecía en su cabeza.

Suspiro dejando de lado su cámara al ver como un chico rubio entraba al aula, le observo detenidamente, era el mismo chico que la señora de la recepción, Georgina, le había llamado la atención por lanzar balones en medio de los pasillos.

El chico camino despacio hasta desplomase sobre un asiento a su lado, recargo su espalda en el respaldo de la silla sin siquiera mirar a los de su alrededor. Hecho sus brazos hacia atrás ladeando la cabeza mientras que movía sus ray-ban para dejarlas sobre el pupitre.

Dina sintió curiosidad de ver sus ojos, ya que desde que llego lo único que había visto eran esas gafas obscuras sobre ellos, trato de ser lo mas disimulada posible pero el chico ya tenía la mirada sobre ella. Se quedo mirándole fijamente sin alguna expresión, pero algo enfrente llamo su atención antes de que ella perdiera el control de si misma.

Las estrellas se veían lejanas y brillantes, como el hielo en el cielo sin nubes. Dina se sentía justo igual que ellas. Sentía que no pertenecía a este lugar y que jamás encajaría.

Recordó que a pesar de ser algo tarde, se había prometido ir al cementerio, la hora no le importaba, ella jamás había temido a los muertos, siempre había pensado que en verdad a los que deberían de temer seria a los vivos, ellos si podrían hacerte daño, pero alguien que había desaparecido de la fas de la tierra no podría siquiera tocarte un pelo.

Observo detenidamente como algo blanco y enorme flotaba por encima del horizonte. Dina no tardo en comprender que era la luna, quien la seguía desde su salida del instituto. Era tan grande y parecía irreal ante sus ojos, su masa inchada brillaba pálidamente con luz propia.

Cruzo el alambrado rasgando un poco su pantalón, lanzo una maldición por lo bajo después de ver la rasgadura, si bien su madre se preocuparía por lo tarde que llegaría a casa, también lo haría por verle el pantalón rasgado de la parte de enfrente de la pierna.

Continuo caminando colina arriba, las lapidas estaban mas que visibles gracias a la luz que le proporcionaba la luna. Un fuerte aleteo de aves le hizo poner su piel de gallina de inmediato, sintió la corriente helada pasar por su espalda, no soporto mas y se quedo sentada sobre una de las lapidas.

No estaba aquí para ver como unas aves le hicieran temer, tomo su cámara decidida y con su mochila colgada en sus hombros retomo el paso. Llego a una enorme lapida, podría decir que era la mas grande y no dudarlo. Estaba llena de polvo, no entendía como era que no las limpiaban, frunció el ceño molesta con los familiares del difunto. Paso su mano por el escrito sintiendo una descarga eléctrica, aparto su mano cubriéndola con la otra, suspiro mirando detenidamente lo que tenia grabado el cemento.

-Ellery Nerky... -susurro Dina sosteniendo su cámara con ambas manos - ... 1852-1884... - tomo una foto a la lapida para después leer lo que estaba grabado debajo de aquello – Solo se muere una vez, haz que valga la pena... - frunció el ceño tratando de comprender la frase, de nuevo tomo su cámara, capturo la imagen que quería, dejo caer la cámara sobre su cuello.

Al pie de la lapida, un extraño símbolo capto su atención, no podría describirlo, era redondo pero tenia picos simulando ser ¿garras?.

Los Ojos Del DemonioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora