Corriendo hacia la salida

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Capítulo 17

- ¡¡¡Gloria!!! – dijo Isabel emocionada- los chicos y Mario han aceptado así que en total somos siete – terminó-

- ¡Siete! Perfecto, y... ¿ya tienes listos los sedantes que te pedí?

- Si, como sabes ya no tengo acceso al laboratorio, pero por suerte tenía unos en mi casa, así que ya los tenemos – sonrío –

- ¡Bien!, entonces por favor comunícate con Mario y dile que los espero hoy a las 8 en punto acá, que vengan con ropa oscura por favor.

- Así le diré – y salió –

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- ¿estamos todos? – dije mientras me frotaba las manos, el aire soplaba muy frío esta noche lo cual hacía que mis nervios tomaran más dominio de mi cuerpo –

- si Gloria, la única que no está es Adriana, ella está en el laboratorio

- si, lo sé - asentí – entonces quiero presentarme, mi nombre es Gloria y soy la hija de Beatríz, sé que quizás duden de mí, o que tal vez me odien por el hecho de ser su hija, pero quiero que sepan que todo lo que ha hecho mi madre me duele y me indigna –me tembló la voz y tragué saliva para continuar- y aunque no sirve de mucho les ofrezco una disculpa por todo lo que han sufrido bajo las órdenes de ella. Gracias por estar aquí hoy, porque con su apoyo podremos evitar que muchos jóvenes sigan sufriendo en ese horrible lugar en el que están- sentí el calor del brazo de Víctor rodeando mi espalda y mi respiración se calmó-

- no te odiamos Gloria, al principio dudamos mucho de venir y no sentí que sería capaz de mirarte y no hacerte nada, pero luego después de hablar con Isabel y los chicos me doy cuenta de que tengo que actuar, y que debo darte el beneficio de la duda, no puedo perder la oportunidad de ayudar a muchos jóvenes inocentes e ingenuos que me recuerdan a lo que un día fui- sonrío Mario y sus palabras tocaron mi alma y me motivaron aún mas –

- así es Gloria, aunque debo aceptar que más que por ayudar vine porque quiero ver la cara de Beatriz cuando se de cuenta de todo lo que haremos – rió – por cierto mi nombre es Felipe y estás muy guapa, no te pareces en nada a la bruja de tu madre

- si, es muy guapa mi novia – interrumpió Víctor mientras arqueaba su ceja izquierda como solía hacer cuando quería impresionar –

- y yo soy César – dijo el otro muchacho amigo de Mario –

- ¡mucho gusto! - ahora vámonos – vi mi reloj- ya son las 8:30 no debemos perder tiempo, Isabel por favor avísale a Adriana que vamos para allá.

- ya lo hago – y sacó su teléfono para textearle a Adriana-

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- Bien, ¡aquí estamos! – solté un suspiro – asumo que Adriana ya noqueó a Pilar, así que entremos, Isabel tú ve con César al laboratorio, y desconecten la energía eléctrica que mantiene congelados los espermatozoides, Felipe, Víctor y yo iremos al lugar de las reglas en busca de los chicos. Isabel cuando ustedes hayan terminado búsquennos porque seguramente necesitaremos más personas para despertar a todos los chicos

- ¡Muy bien! Vamos César – movió su cuello en señal para que la siguiera-

- ¡Chicos, entremos! – dije y nuevamente solté un suspiro y Víctor me tomó de la mano-

Llegamos hasta la puerta negra del lugar de las reglas y por suerte Rowina estaba dormida a pesar de que no era tan tarde, lenta y silenciosamente me acerqué y le inyecté el sedante en el cuello, ella reaccionó inmediatamente al contacto de la puntiaguda aguja con su piel, así que Víctor le tapo la boca mientras Felipe sostenía sus manos, después de unos segundos Rowina estaba completamente dormida y pudimos entrar.

Una vez estando adentro visualizamos a Harleen paseando por los dormitorios con un garrote en la mano, y antes de que pudiera decir algo Felipe me arrebató de la mano un sedante.

- De esta rubia me encargo yo – y movió su cabeza de un lado a otro provocando que sus huesos tronaran -

- ¿Estás seguro? – le preguntó Víctor-

- Si hermano, ella fue ruda conmigo esto es nada comparado con lo que merece- y se acercó primero a paso lento y aceleró cuando ya estaba a pocos pasos de ella, saltó a su espalda y le inyectó en la parte izquierda del pecho, donde se escuchan más fuerte los latidos del corazón- la chica lo tiró y Felipe cayó sentado, cuando Harleen le vio la cara aguardó unos segundos y preparó el garrote para golpearlo, me preocupé y cuando iba a correr a ayudarlo Víctor me detuvo y sonrió, y antes de que Harleen golpeara a Felipe, éste le guiñó un ojo y le plantó una patada que la hizo caer.

- Tienes que confiar más en tu equipo Gloria – pronunció Víctor- asentí y caminamos hasta Felipe.

- Fuiste rudo con la rubia – alardeó Víctor –

- era ella o yo hermano – rió – y tarareó el coro de una canción-

- bien basta de charlas y tarareos, ahora a los dormitorios, cada quien entre a uno y saquen a los chicos.

Todo iba bien, ya teníamos en el jardín central a 20 chicos temerosos y confiados en nosotros, pero supe que ocurría un problema cuando Víctor gritó mi nombre, corrí hasta donde estaba y lo encontré frente a tres chicos con una cara poco amigable.

- ¿Qué haremos con ellos? – preguntó sin quitarle la mirada a uno de los chicos, al más alto de todos-

- ¿A qué te refieres? – dije confundida, no entendía lo que pasaba-

- Ellos no quieren salir, no están de acuerdo con nosotros, ¿les inyectamos los sedantes que quedan? – dijo mientras apretaba sus dientes- no supe que decirle de inmediato, no contaba con una escena como esta y antes de hablar, escuché de nuevo que alguien gritaba mi nombre pero esta vez fue Felipe, mis ojos casi salían de mi cuerpo del susto.

- ¿qué pasa Felipe? – grité desde el dormitorio-

- La cuarentona de Helena está corriendo hacia acá, debemos irnos –soltó apresurado-

- ¿qué? ¡Es cierto! A ella no la dormimos – me di un golpe en la cabeza- Víctor vámonos, déjalos, esto se podría poner peor –

- ¡Apúrate!- Interrumpió Felipe-

- ¡Vamos! – tomé la mano de Víctor y lo jalé pero Víctor estaba muy pesado, me giré y él no despega la mirada del chico- ¡Víctooor! – grité y logré hacerlo reaccionar, el chico alto le sonrió maliciosamente y salimos del dormitorio, por suerte Felipe ya se había adelantado con los 20 chicos hasta la puerta negra y corrimos hasta donde estaban salimos del lugar de las reglas y antes de que Helena llegara cerramos la puerta desde afuera.

Isabel, César y Adriana llegaron casi instantáneamente y corrimos hasta la puerta principal como si nuestra vida dependiera de ello, y verdaderamente dependía de ello, correr era todo lo que podíamos hacer en un momento tan inesperado como este. 

¡Gracias por estar aquí! 

Créditos de la foto: http://www.elescobillon.com/wp-content/uploads/2011/07/banda.jpg

Espermatozoides CongeladosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora