La mente es lo más fuerte que posee el ser humano

318 28 9
                                        

Capítulo 6

Hoy empezará mi verdadero trabajo y gracias a la carrera que estoy estudiando, verdaderamente podré tener un cargo en "el lugar de las reglas". He hablado con Beatriz, a quien ahora me cuesta mucho trabajo llamar "mamá". Le he preguntado qué haré en el trabajo y me ha dicho que ayude en el área de psicología. Así que estoy segura que ese trabajo me permitirá entrar más en este mundo desconocido en el que soy una confundida y asustada extranjera.

***
- ¡buenos días Astrid! - saludé cuando vi que me esperaba en la entrada-

- buenos dias... Beatriz ya habló conmigo, imagino que ya quieres saber en qué lugar trabajarás

- claro que si -respondí-

- bien... sigueme ...
***---*-----*****---**--------*
Fuimos hasta un salón en el segundo piso de una de las casas, era bastante amplio y había una pequeña sala de estar, un oasis de agua, y como 5 pequeños cubículos. Astrid me llevó hasta uno de esos y me indicó que ahí podría dejar mis cosas ya que sería mi lugar de trabajo, luego se marchó.

Me senté, pusé mi bolso en el pequeño escritorio y ví un libro que tenía una nota encima 'esto será tu guía, con este libro sabrás en qué consiste tu trabajo'

Lo abrí y empecé a leer, el libro se llamaba 'las reglas de Beatriz'.
¡Genial! Otro libro de mamá, dije en voz alta y con sarcasmo.

Empecé a leer y noté que se trataba de prohibiciones, decía: los hombres no tienen derecho de contradecir a las mujeres, no pueden exigirle que haga cosas que no quiere, no pueden gritarles, no pueden tomarle la mano, ni abrazarla, ni besarla sin consentimiento, no pueden besarla de forma brusca y anormal, no pueden tomarla por la fuerza. Casi todo lo que decía el libro empezaba así: el hombre No puede ..

Mientras seguía leyendo las absurdas reglas de mamá que practicamente hacían de los hombres robots sin emociones, escuché que alguien tocaba la pequeña y blanca puerta de mi cubículo.

- ¡pase! - dije mientras giraba la silla
Entró una mujer que jamás había visto, era alta, no precisamente delgada, su cabello era de un color rojo fulminante, sus ojos café oscuro, llevaba un vestido holgado azul y un chal gris que cubría casi toda la parte de arriba de su cuerpo. Se acercó a mi y me dijo con una sonrisa en el rostro

- mucho gusto Gloria, me llamo Nathalia, soy una de las psicológas que trabajan acá y como éste es tu primer día creí que querrías ver cómo es el trabajo aquí - dijo haciendome una seña con los dedos para que la siguiera

- si, está bien - le dije, mientras me levantaba de la silla para ir tras ella

Mientras la seguía hasta su cubículo ella iba explicandome que durante la sesión que tendría en la cual yo estaría presente, debía guardar silencio y no interrumpir, simplemente debía dedicarme a observar y aprender. Lo cual me pareció normal, aunque raro, éticamente hablando ya que no deben haber invitados en una sesión psicológica.

Cuando llegamos, vi que estaba un niño muy pequeño, calculo tendría 5 o 6 años, estaba sentado y no llevaba puesto el uniforme.

- sientate aquí - me dijo Nathalia apuntando hacia una silla que estaba justo detrás de ella.

Me senté y ella me dijo que era el primer día de clases del niño.... su cara era muy bonita y rosada, sus ojos verdes y su cabello se miraba como algodón por lo suave, un algodón castaño.

Nathalia empezó la sesión:

- Brad, hoy es tu primer día, pareces nervioso pero no debés estarlo, éste es un lugar que está hecho para ayudarte no para hacerte cosas malas, así que no te preocupes

Ella hablaba con mucha sutileza y sonaba tan maternal que el niño empezó a sonreir y a relajar los brazos.

- sabes por qué estás aquí - le preguntó

El niño solo negó con la cabeza y Nathalia le explicó

- Ya cumpliste 6 años, así que ya es hora de que empieces a aprender. Lo primero que debés saber es que en tu sangre hay algo que no te permite estar bien, y tenemos que hacer todo lo posible para que estés bien, porque ... quieres estar bien, cierto?

El niño estaba muy angustiado y movía sus piernas de arriba hacia abajo, asintiendo con la cabeza casi sin parar ..

- Pero.... ¿qué está mal en mí? ¿por qué?

- hace mucho tiempo hubo un cambio en este mundo, la maldad dejó de existir y las mujeres con Beatriz al mando pudimos crear una nueva y mejor forma de vida, donde la felicidad si existiera, pero lamentablemente hay cosas que no pudimos evitar, y una de esas cosas eres tú. - su voz era seca y muy penetrante, y Brad estaba a punto de mojar sus mejillas con lágrimas. Que rápido había cambiado la forma en que sonaba Nathalia.

- por eso estás aquí, porque en tu sangre aún hay maldad y crueldad, así que aquí eliminaremos eso para que puedas ser una persona de bien. Tendrás que obedecer y cada vez que no lo hagás recibirás un castigo y si sigues desobedeciendo significará que la maldad es tan fuerte que es imposible quitarla, y entonces
... - Nathalia subía más el tono de su voz ... - entonces tendremos que ..

- si cambiaré - interrumpió el pequeño Brad, y secaba sus lágrimas- seré obediente y lo malo que hay en mi sangre se va a quitar, lo prometo

- muy bien Brad, sé que así será, por ahora es todo, puedes salir, en la puerta te espera tu maestra quien te acompañará hasta tu cuarto para que te vistas con els uniforme, ya lo sabes, sé obediente - decía Nathalia sonriendo de una forma en la que me dejaba desconcertada.

- Gloria, espero que esto te haya servido, pronto tendrás a tu primer paciente

- si, me ha servido mucho

Claro que me sirvio, porque descubrí que no debo confiar en ninguna de estas mujeres, son impresionantes, parecen amistosas pero luego te roban el aliento con su perversidad.

Mientras me dirigía hacia mi cubículo no podía dejar de pensar en mi primer paciente... ¡wow! ¿Que haré? ¿Qué voy a decirle? No creo ser capaz de manipular la mente de estos chicos para que obedezcan las absurdas reglas de mamá y para que repriman sus personalidades, por el simple hecho de que hay "maldad" en su sangre.

Llegué hasta mi cubículo, me senté y empecé a dar vueltas en la silla, ya no pensaba en nada, solo sabía que estaba ahí pero no tenía idea de cómo iba a actuar, tomé el libro para seguir leyendo sobre estas reglas que "debía" enseñarle a los chicos, pero no lograba concentrarme así que me recosté en la silla y puse el libro sobre mi cara. Segundos después alguien tocó la puerta, y dijo en voz alta, vengo a la sesión. Sorprendida tiré el libro y me senté rígida, y con la lengua casi paralizada dije:

- ¡adelante!

Y ahí estaba.... nuevamente cara a cara con Víctor.

Espermatozoides CongeladosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora