Viernes 20 de mayo (Parte 1/2)

1K 44 0
                                        

He dormido bien por primera vez en cinco días.Tal vez sea porque,
ahora que le he enviado esos libros a Camila,por fin tengo la sensación de haber cerrado un capítulo de mi vida.Mientras me arreglo,la capulla del espejo me devuelve la mirada con unos ojos cafes y fríos. Mentirosa. Joder. Vale,vale.Tengo la esperanza de que llame.Le di mi número. La señora Jones levanta la mirada cuando entro en la cocina. —Buenos días,señora Grey. —Buenos días,Gail. —¿Qué le apetece desayunar? —Tomaré una tortilla.Gracias. Me siento junto a la barra de la cocina mientras me prepara el desayuno y hojeo The New York Times antes de meterme de lleno en The Seattle Times.Aún estoy leyendo los periódicos cuando me suena el móvil. Es Elliot.¿Qué narices querrá mi hermano mayor? —¿Elliot? —Hermanita,necesito salir de Seattle este fin de semana.Hay una tía que no me suelta del paquete y tengo que escapar. —¿Del paquete? —Sí,sabrías de qué te hablo si tuvieras uno. Ignoro la pulla,y entonces se me ocurre una idea retorcida. —¿Qué te parece si nos damos una vuelta por Portland? Podríamos acercarnos esta tarde,quedarnos a dormir y volver a casa el domingo. —Suena genial.¿En el pájaro?¿O te apetece conducir? —Es un helicóptero,Elliot,pero sacaré el coche.Pásate por la oficina a la hora de comer y salimos desde allí. —Gracias,hermanita.Te debo una.—Elliot cuelga. Siempre le ha costado mucho contenerse,al igual que las  mujeres con
las que se relaciona:quien quiera que sea la desafortunada,no es más que otra de una muy larga serie de rollos ocasionales.
—Señora Grey, ¿qué quiere que haga con las comidas este fin de semana?
—Prepara cualquier cosa ligera y déjala en la nevera.Puede que ya esté aquí devuelta el sábado. O puede que no. Ella no se volvió para mirarte,Grey. Dado que me he pasado buena parte de mi vida profesional gestionando las expectativas de los demás,debería dárseme mejor gestionar las mías.
Elliot se pasa casi todo el trayecto hasta Portland durmiendo.El pobre cabrón debe de estar hecho polvo,de trabajar y de follar:esa es la razón de ser de Elliot.Está despatarrado en el asiento del copiloto,y ronca. Menuda compañía va a hacerme. Cuando lleguemos a Portland serán más de las tres,así que llamo a Ally por el manos libres. —Señora Grey—responde tras dos tonos de llamada. —¿Puedes encargarte de que nos lleven dos bicis de montaña al Heathman? —¿Para qué hora,señora? —Las tres.  —Ahora mismo me ocupo de ello. —Fantástico. Cuelgo y luego llamo a Taylor. —Señora Grey—contesta tras un solo tono. —¿A qué hora estarás aquí? —Calculo que sobre las nueve de esta noche. —¿Vendrás con el R8? —Será un placer,señora. —Bien.—Pongo fin a la llamada y subo el volumen de la música. Veamos si Elliot es capaz de seguir durmiendo mientras suena The Weekend
A medida que avanzamos por la interestatal 5 mi excitación va en aumento.
¿Le habrán entregado ya los libros?Estoy tentada de llamar otra vez a Ally,pero le he dejado un montón de trabajo que hacer.Además,no quiero darle al personal motivos para chismorrear.No suelo hacer esa clase de chorradas. ¿Porqué se los has enviado,para empezar? Porque quiero volver a verla.
Pasamos de largo la salida de Vancouver y me pregunto si habrá terminado su examen. —Eh,hermanita,¿dónde estamos?—suelta Elliot. —Vaya,si se ha despertado—murmuro—.Ya casi hemos llegado.Nos vamos a hacer bici de montaña. —¿Ah,sí? —Sí. —Genial.¿Te acuerdas de cuando papá nos llevaba? —Pues sí. Sacudo la cabeza al recordarlo.Mi padre es un erudito,un auténtico hombre del renacimiento:académico,deportista,se siente a sus anchas en la ciudad y más aún en plena naturaleza.Acogió a tres niños adoptados… y yo soy la única que no estuvo a la altura de sus expectativas.
Sin embargo,antes de que me llegara la adolescencia sí tuvimos un vínculo que nos unió. Él era mi héroe. Solía gustarle llevarnos de campamento y disfrutar de todas esas actividades al aire libre que ahora me encantan:el barco,el kayak,la bicicleta…Lo practicábamos todo. Mi pubertad se cargó todo eso.
—Me ha parecido que, como llegaremos a media tarde, ya no tendremos tiempo para una excursión a pie. —Bien pensado. —Bueno,y¿de quién estás huyendo? —____,yo soy de los que se las ligan y,luego,si te he visto no me acuerdo.Ya lo sabes.Sin ataduras.En cuanto las tías descubren que diriges tu propio negocio,empiezan a entrarles ideas locas.—Me mira de reojo —.Haces muy bien guardándote tu amiguito para ti sola.
—No hablábamos de mi polla, estábamos hablando de la tuya, y de quién ha estado jugando con ella últimamente.
Elliot suelta una risa burlona. —He perdido la cuenta.Bueno,ya vale de hablar de mí.¿Cómo va el estimulante  mundo del comercio y las altas finanzas —¿De verdad quieres saberlo?—Le lanzo una miradita. —Bah…—gruñe. Me río de su apatía y de su falta de elocuencia. — En silencio,entramos con el coche en el centro de Portland y,justo cuando vamos a meternos en el aparcamiento subterráneo del Heathman  —¿Sabes que nos perderemos el partido de los Mariners de esta noche? —Quizá podrías pasarte la velada delante del televisor. Darle un descanso a tu polla y ver un poco de béisbol. —Suena bien.
Seguirle el ritmo a Elliot en bici es todo un reto.Avanza a través del sendero con esa actitud de«todo me la suda»que adopta en la mayoría de las situaciones.Elliot no conoce el miedo;por eso lo admiro.Aun así,a este ritmo no tengo ocasión de disfrutar del entorno. Soy vagamente consciente de la vegetación exuberante que pasa volando junto a mí,pero
tengo la mirada fija en la pista para intentar esquivar los baches. Al final de la excursión acabamos los dos sucios y agotados. —Ha sido lo más divertido que he hecho con la ropa puesta en una buena temporada—dice mientras le devolvemos las bicis albotones del Heathman. —Sí—mascullo. Entonces recuerdo cómo sostuve a Anastasia cuando la salvé del ciclista:su calidez,sus pechos apretados contra los mios;su aroma,que invadía mis sentidos. Yo entonces llevaba la ropa puesta… —Sí—digo otra vez. Ya en el ascensor,comprobamos los teléfonos mientras subimos a la última planta.
He recibido varios correos electrónicos y un par de mensajes de texto de Elena,que me pregunta qué voy a hacer este fin de semana,pero no hay ninguna llamada perdida de Camila. Ya son casi las siete; tiene que haber recibido los libros.Ese pensamiento me deprime:he hecho todo el camino hasta Portland persiguiendo una quimera,una vez más.
—Joder,esa tía me ha llamado cinco veces y me ha enviado cuatro mensajes. ¿Es que no sabe lo desesperada que parece así? —protesta Elliot. —Quizá está embarazada. Mi hermano palidece y yo me echo a reír. —No tiene gracia,hermanita—refunfuña—.Además,no hace tanto que la conozco,y tampoco nos hemos visto tantas veces.
Después de una ducha rápida, me reúno con Elliot en su suite y nos sentamos a ver lo que queda del partido de los Mariners contra los San Diego Padres.Pedimos que nos suban unos filetes,ensalada,patatas fritas y un par de cervezas,y me arrellano en el sofá a disfrutar del béisbol con la relajada compañía de Elliot.Me he resignado al hecho de que Camila no llamará.Los Mariners van por delante en el marcador y todo indica que le van a dar una paliza al otro equipo.
Al final no lo consiguen y nos llevamos una decepción,aunque han ganado por 4 a 1. ¡Vamos,Mariners!Elliot y yo gritamos . Cuando el análisis postpartido ya está en marcha,suena mi móvil y el número de Camila aparece en la pantalla. Es ella. —¿Camila?—No oculto mi sorpresa ni mi alegría. Hay ruido de fondo y suena como si estuviera en una fiesta o en un bar. Elliot me está mirando,así que me levanto del sofá y me alejo para que no me oiga. —¿Porqué me has mandado esos libros?—Le cuesta vocalizar. Una oleada de aprensión me recorre la columna de arriba abajo. —Camila,¿estás bien?Tienes una voz rara. —La rara no soy yo,sino tú—dice en un tono acusador. —Camila,¿has bebido?
Mierda. ¿Con quién está? ¿Con el fotógrafo? ¿Dónde está su amiga Dinah?—¿A ti qué te importa?
Suena hosca y agresiva,y sé que está borracha,pero también necesito saber que se encuentra bien. —Tengo…curiosidad.¿Dónde estás? —En un bar. —¿En qué bar? Dímelo.La angustia estalla en mi vientre.Es una mujer joven,borracha, en algún garito de Portland.No está segura. —Un bar de Portland. —¿Cómo vas a volver a casa? Me pellizco el puente de la nariz con la vana esperanza de que eso me distraiga;no quiero perder los estribos. —Ya me las apañaré. Pero¿qué narices está diciendo?¿Va a conducir?Vuelvo a preguntarle en qué bar está,pero se niega a contestarme. —¿Porqué me has mandado esos libros,_____? —Camila,¿dónde estás?Dímelo ahora mismo. ¿Cómo va a volver a casa? —Eres una…dominante.—Se ríe. En cualquier otra situación me resultaría encantador, pero en estos momentos…solo quiero demostrarle lo dominante que puedo llegar a ser. Me está volviendo loca. —Camila,contéstame:¿dónde cojones estás?
Vuelve a soltar una risilla.¡Mierda,se está riendo de mí! ¡Otra vez! —En Portland…Bastante lejos de Seattle. —¿Dónde exactamente? —Buenas noches,_____.—Se corta la comunicación. —¡Camila! ¡Me ha colgado!Me quedo mirando el móvil;no me lo puedo creer: nadie me había colgado nunca el teléfono.¡Qué cojones…!
—¿Qué problema tienes?—pregunta Elliot levantando la voz desde el sofá.—Acaba de llamarme una borracha.
Lo miro y veo que su boca se abre por la sorpresa. —¿A ti? —Pues sí. Aprieto el botón de rellamada mientras intento contener la ira, y la angustia.
—Hola—dice,susurrante y tímida.Esta vez ya no se oye tanto ruido de fondo.
—Voy a buscarte.—Mi voz es gélida,sigo luchando contra mi ira y cuelgo de golpe. —Tengo que ir a recoger a esa chica y llevarla a casa.¿Quieres venir? Elliot me mira como si me hubieran salido tres cabezas. —¿Tú?¿Con una tía?Eso tengo que verlo. Busca sus zapatillas de deporte y empieza a ponérselas. —Solo tengo que hacer una llamada—digo. Me meto en el dormitorio de mi hermano mientras decido si llamar a Barney o a Welch. Barney es el ingeniero de más experiencia del departamento de telecomunicaciones de mi empresa.Es un genio de la tecnología,pero lo que quiero que haga no es estrictamente legal. Lo mejor será no meter a nadie de la compañía en esto. Llamo a Welch por marcación rápida y su voz áspera me contesta al cabo de unos segundos. —¿Señora Grey? —Necesito saber dónde está ahora mismo Camila Cabello —Comprendo.—Se calla un momento—.Déjemelo a mí,señora Grey. Sé que estoy violando la ley,pero ella podría meterse en algún lío. —Gracias.
—Volveré a llamarla dentro de unos minutos. Cuando regreso al salón,Elliot se está frotando las manos con regocijo y tiene una sonrisa estúpida en la cara. Vamos,no me jodas. —No me perdería esto por nada del mundo—dice regodeándose. —Voy a buscar las llaves del coche. Nos vemos en el aparcamiento dentro de cinco minutos—murmuro sin hacer caso de su cara de listillo.

WRONG (Camila Cabello Y Tu) G!pHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora