Sabado 21 de mayo (Parte 3/6)

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Clayton’s está tranquilo. El último cliente se ha marchado hace cinco minutos.Y yo estoy esperando, otra vez,tamborileando con los dedos sobre mis muslos. La paciencia no es mi fuerte. Ni siquiera la larga caminata con Elliot ha disminuido mi inquietud.Esta noche él cena con Dinah en el Heathman.Dos citas en dos noches consecutivas no es propio de él.De repente,los fluorescentes del interior de la ferretería se apagan,la
puerta se abre y Camila sale a la calle en esta cálida noche de Portland.El corazón me martillea en el pecho.Llegó la hora:o bien es el inicio de una nueva relación o es el principio del fin.Le dice adiós con la mano a un chico que ha salido con ella.No es el mismo al que conocí la última vez que estuve aquí;es uno nuevo.Mientras se dirige hacia mí,la mira sin apartar los ojos de su culo.Taylor me distrae al disponerse a salir del coche,pero lo detengo.Esto es cosa mía.Cuando me apeo y le abro la puerta a la señorita Cabello,el nuevo está cerrando la tienda con llave y ya no tiene los ojos clavados en ella.
Los labios de Camila esbozan una sonrisa tímida al acercarse.Lleva el pelo recogido en una coleta desenfadada que se mece en la brisa nocturna.
—Buenas tardes,señorita Cabello. —Señora Grey—dice.
Lleva puestos unos vaqueros negros…  Saluda a Taylor y se sienta en la parte trasera del coche.
En cuanto estoy a su lado le cojo la mano y se la aprieto con suavidad, mientras Taylor se incorpora a la carretera sin tráfico y se dirige al helipuerto de Portland.
—¿Cómo ha ido el trabajo?—le pregunto disfrutando del tacto de su mano en la mía. —Interminable—me  contesta con voz roca —Sí,a mí también se me ha hecho muy largo.  —¿Qué has hecho?—me pregunta. —He ido de excursión con Elliot.
Tiene la mano cálida y suave.Baja la cabeza y mira nuestros dedos entrelazados,y yo le acaricio los nudillos con el pulgar una y otra vez.Se le entrecorta la respiración y posa los ojos en los míos.Veo en ellos su ansia y su deseo… y su expectación. Espero de veras que acepte mi propuesta.
Por suerte,el trayecto hasta el helipuerto es corto.Cuando salimos del coche,vuelvo a cogerla de la mano.Parece un poco perpleja. Ah.Se pregunta dónde está el helicóptero. —¿Preparada?—digo. Asiente con la cabeza y yo la guío al interior del edificio y hasta el ascensor.Ella me dirige una rápida mirada de complicidad. Está recordando el beso de esta mañana.Claro que…yo también. —Son solo tres plantas—mascullo. Mientras estamos ahí dentro tomo nota mentalmente de que un día tengo que follármela en un ascensor. Aunque primero tendrá que aceptar mi trato.
En la azotea, el Charlie Tango, recién llegado de Boeing Field, está preparado y a punto para despegar,aunque no hay rastro de Stephan,que es quien lo ha traído hasta aquí.Sin embargo,Joe,que se encarga del helipuerto de Portland,está en el pequeño despacho.Al verlo,lo saludo.
Vuelvo a coger de la mano a Camila y la guío por el helipuerto hasta el Charlie Tango.Es el Eurocopter más seguro de su clase,y pilotarlo supone una auténtica delicia.Es mi orgullo y mi alegría,y aunque sea mujer me encanta hacer esto.Le abro la puerta a Camila,que trepa al interior,y la sigo.
—Ahí—le ordeno señalando el lugar del acompañante—.Siéntate.Y no toques nada. Me encanta cuando hace lo que se le dice. Una vez sentada, examina los instrumentos con una mezcla de sobrecogimiento y entusiasmo.Me inclino hacia ella y la ato con el arnés de seguridad mientras intento no imaginármela desnuda ahí mismo.Me tomo un poco más de tiempo del necesario,porque puede que esta sea mi última oportunidad de estar cerca de ella,mi última oportunidad de aspirar su aroma dulce y evocador.Cuando conozca mis gustos puede que salga huyendo…Aunque también puede que sea punte a mi forma de vida.Las posibilidades que eso evoca en mi mente son casi abrumadoras. Me sostiene la mirada; está muy cerca… está preciosa. Aprieto la última banda.No se marchará a ninguna parte.Al menos durante una hora.
—Estás segura. No puedes escaparte —susurro reprimiendo mi excitación. Ella inspira con fuerza. —Respira,Camila—añado,y le acaricio la mejilla. Le sujeto la barbilla,me inclino hacia ella y le doy un beso rápido.
—Me gusta este arnés—murmuro. Me entran ganas de explicarle que tengo otros,de cuero,en los que me gustaría verla atada. Pero me porto bien,me siento y me abrocho el arnés.
—Colócate los cascos. —Señalo los auriculares que tiene delante—. Estoy haciendo todas las comprobaciones previas al vuelo.
Todos los mandos parecen funcionar bien.Acciono el acelerador para
ponerlo a 1.500 rpm, pongo el transpondedor en espera y enciendo la baliza de posición.Todo está preparado y apunto para el despegue.
—¿Sabes lo que haces?—me pregunta maravillada.
Le contesto que aprendí a pilotar hace cuatro años. Su sonrisa es contagiosa.
—Estás a salvo conmigo—la tranquilizo,y añado—:Bueno,mientras estemos volando. Le guiño un ojo,y ella sonríe de oreja a oreja y me deslumbra. —¿Lista?—le pregunto,y apenas puedo creer hasta qué punto me excita tenerla al lado. Ella asiente.
Cuando nos confirman que podemos despegar, hago las últimas comprobaciones.El Charlie Tango se eleva en el aire como la elegante ave que es.
Camila da un grito ahogado cuando la tierra empieza a desaparecer bajo nosotros, pero se muerde la lengua, embelesada al ver las tenues luces de Portland.Pronto nos envuelve la oscuridad,y la única luz procede del tablero de instrumentos que tenemos delante.El brillo verde y rojo ilumina la cara de Camila mientras contempla la noche.
—Inquietante,¿verdad?.
Aunque a mí no me lo parece;me resulta reconfortante.Aquí arriba nada puede hacerme daño. Estoy a salvo y oculta en la oscuridad.
—¿Cómo sabes que vas en la dirección correcta?—pregunta. —Aquí.—Señalo el tablero de control. No quiero aburrirla hablándole de cómo funcionan los instrumento.
Le hablo del Charlie Tango y de que está equipado para vuelos nocturnos.  —En mi edificio hay un helipuerto.Allí nos dirigimos.
Vuelvo a mirar el tablero y compruebo todos los indicadores.Eso es precisamente lo que tanto me gusta:el control,saber que mi seguridad y mi bienestar dependen de mi dominio de la tecnología que tengo delante.

—Cuando vuelas de noche, no ves nada. Tienes que confiar en los aparatos—le digo.
—¿Cuánto durará el vuelo? —pregunta con la respiración algo entrecortada.
—Menos de una hora…Tenemos el viento a favor—Vuelvo a mirarla —.¿Estás bien,Camila? —Sí—dice en un tono extrañamente brusco. ¿Está nerviosa?O tal vez lamenta la decisión de estar aquí conmigo.La idea me inquieta;no me ha dado ninguna oportunidad.Me distraigo un momento con el control de tráfico aéreo.Entonces,a medida que salimos de la masa de nubes,veo Seattle en la distancia y el destello de una baliza en la oscuridad.
—Mira.Aquello es Seattle.—Dirijo la atención de Camila hacia el brillo de las luces.
—¿Siempre impresionas así a las chicas?¿«Ven a dar una vuelta en mi helicóptero»?
—Nunca había subido a una mujer al helicóptero,Camila.También esto es una novedad.¿Estás impresionada? —Me siento sobrecogida,____—susurra. —¿Sobrecogida?
Mi sonrisa es espontánea. Y recuerdo a Grace, mi madre, acariciándome el pelo mientras yo leía Camelot en voz alta. «____,ha sido fantástico.Estoy sobrecogida,cariño.» Tenía siete años y hacía poco que había empezado a hablar.
—Lo haces todo…tan bien—sigue diciendo Camila.
—Gracias,señorita Cabello. Mi rostro se enciende de placer ante ese elogio inesperado.Espero que no se haya dado cuenta. —Está claro que  te divierte—añade poco después.
—¿El qué?
—Volar.
—Exige control y concentración…—Dos de mis cualidades que más aprecio—.¿Cómo podría no gustarme?Aunque lo que más me divierte es planear.
—¿Planear?
—Sí. Vuelo sin motor, para que me entiendas. Planeadores y helicópteros.Piloto las dos cosas.
A lo mejor debería llevármela a planear.  ¿Desde cuándo invitas a alguien a planear?  El control de tráfico aéreo me redirige hacia la trayectoria del vuelo e interrumpe mis pensamientos erráticos mientras nos acercamos a los límites de Seattle.Estamos cerca.Y yo estoy más cerca de saber si todo esto es una quimera o no.Camila mira por la ventanilla,extasiada. No puedo apartar los ojos de ella. Por favor,dime que sí. —Es bonito,¿verdad?—le pregunto para que se vuelva y así poder verle la cara.
Ella me mira con una amplia sonrisa que hace que se me acelere  el corazón.—Llegaremos en unos minutos—añado.
De pronto,el ambiente de la cabina se tensa y siento su presencia de forma más evidente.Respiro hondo e inhalo su aroma y la sensación de deseo expectante.El de Camila.El mío.
Mientras descendemos,guío el Charlie Tango por el centro de la ciudad hasta el Escala,mi casa,y mi ritmo cardíaco se acelera.También ella está nerviosa.Espero que no salga corriendo.
Y,de repente,aparece ante nosotras el helipuerto.Respiro hondo otra vez.Ya está.
Aterrizamos con suavidad,apago el motor y observo cómo las hélices del rotor disminuyen la velocidad hasta que separan.Y todo cuanto puedo oír es el silbido del ruido blanco amortiguado por los auriculares mientras permanecemos sentadas en silencio.Me quito los cascos y luego le quito los de ella.
—Hemos llegado—le digo en voz baja.  Oh,Dios,qué guapa es. Me desabrocho el arnés y me inclino hacia ella para desabrocharle el suyo.
Ella levanta la cabeza y me mira.Confiada.Joven.Dulce.Su delicioso aroma está a punto de ser mi perdición.

Y quiero que siga mirándome así cuando me conozca realmente… cuando sepa de lo que soy capaz.
—No tienes que hacer nada que no desees hacer.Lo sabes,¿verdad?
Es importante que lo entienda. Quiero que sea mi sumisa, pero por encima de todo necesito su consentimiento. —Nunca haría nada que no quisiera hacer,____. Parece sincera y quiero creerle. Con esas palabras tranquilizadoras resonando aún en mi mente,me levanto del asiento y abro la puerta para saltar a la pista.La cojo de la mano cuando sale del helicóptero.El viento nos agita el pelo alrededor de la cara,y parece ansiosa;no sé si es porque está aquí conmigo,solas las dos,o porque hay una altura de treinta pisos.  —Vamos.
La cojo de la cintura para protegerla del viento y la llevo hasta el ascensor.
Las dos guardamos silencio durante el corto recorrido hasta mi ático. Camila lleva una blusa azul pastel debajo de la chaqueta negra.Le sienta bien. Sus ojos se cruzan con los míos en los espejos del ascensor justo cuando las puertas se abren ante mi apartamento.

WRONG (Camila Cabello Y Tu) G!pHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora