—Tré, estarás bien —dice el pelinegro, acostado en una camilla junto a la mia.
Stuart, mi primo, fue traido al Hospital, el muy inteligente se lanzó del tejado con una sombrilla, creyendo que podría volar. Aunque creo que todos pasamos por esa etapa de idiotes, o bueno, al menos yo si.
Hace dos días no he salido de la habitación, no quiero hacerlo. Me mantengo junto a la ventana, observando lo poco que muestra del mundo.
Mi pesimismo va aumentando, y mi desmotivación llega a un nivel que nunca creí que llegaría.
En sí, estoy como esas personas sin vida, con palabras de desaliento y sueños rotos. Mi madre ha intentado hacerme sonreír, pero cada intento fue fallido. Yo no quiero nada, ni visitas hipócritas, ni tampoco regalos de personas que nunca me mostraron afecto.
El saber que los malditos doctores no han conseguido nada me pone peor, comienzo a darme por vencido. Los dolores en la noche no me dejan dormir, y al final las pastillas no resultan ser suficientes. Los vómitos no han disminuido, pero los desmayos si. Al menos eso creo que es bueno.
Ahora estoy compartiendo una fria habitación blanca con mi primo de nueve años. El silencio es algo que con él no existe, el cual tengo que oir sus horribles y aburridas historias de dragones y unicornios.
Mamá ha tenido que irse a trabajar, el cual no estará aqui para las revisiones de la mañana.
Miro el reloj que cuelga de la pared, 7:21 A.M.
La puerta se ve abierta por el doctor Adam, es el doctor nuevo y el favorito de mamá. Se acerca directamente a mi, sentandose en la silla junto a mi cama.
—Buenos días, Frank —dice sonriente, a lo que respondo tambien con una sonrisa—. ¿Cómo vas con tu voz? —pregunta, en su tono noto como indiferente.
Asiento levemente, odio cuando fingen que les importa, y lo genial de este Hospital es que todos suelen ser así, falsos.
—Bien. —Se para y se dirige a la puerta—. Ya sabes la rutina.
Asiento, y se va.
—Idiota —susurro.
¿Motivos por los que mi madre adora a ese doctor? Sólo su maldito atractivo. Alto, rubio, ojos claros y una encantadora sonrisa. Es tan atractivo que me hace odiarlo.
Me levanto despacio, haciendo movimientos delicados para no sentir dolor. Me adentro al baño, hago mis necesidades y salgo, busco mi ropa limpia y me vuelvo al baño para cambiarme, me bañaré luego.
Una vez listo salgo de la habitación, dirigiendome a la sala de reviciones, donde Adam me espera con su odiosa sonrisa.
—Sientate en la camilla —dice, a lo que obedezco—. Bien, ahora necesito que te levantes la remera. —Hago lo que pidió, para luego sentir el frio aparato para oir mi corazón.
—Tu ritmo cardiaco va bien —dice. Se aleja y se dirige a su escritorio, mientras yo acomodo mi remera—. Sabes que no hemos encontrado signos de mejoramiento.
Lo miro rendido, se que nunca encontrarán nada
—Y bien sabes que no logramos decifrar que es lo que está matando tu organismo —escribie unas cosas en la libreta—, ahora vendrá Inés para hacerte el resto.
Asiento, se levanta y se va por la puerta.
Inés llega a los minutos, es buena chica, unos treinta años de edad, estatura baja, morena y ojos miel. Es la única enfermera que demuestra que le importa más que su trabajo.
[***]
Salgo del baño, ya cambiado y bañado. Son las nueve de la mañana, el desayuno se encuentra en la mesita, me siento en la cama y a los minutos me lo acabo.
Hoy no quiero salir, pero Inés dijo que sería bueno para mi estado despejarme un poco, al menos tomando un poco de aire.
Salgo por la puerta, dirigiendome a la salida que da al pequeño patio. Me encuentro en el Ala izquierda de internación, esta consiste en dos alas, principalmente nunca voy al Ala derecha.
Abro la puerta, sintiendo el aire golpear mi cara. A estas horas nadie se halla afuera, por el cual estaría solo.
Me siento en la misma banca de siempre, junto al poste de luz.
Cierro mis ojos y disfruto del fresco aire, así como siempre lo hago.
En momentos como este suelo pensar demasiado, recordando viejos tiempos o también solo pensar en cómo serían las cosas si viviera.
A veces solo dejo el tiempo pasar, sintiendome vivo cuando la brisa abraza mi cuerpo o sólamente dejo que el silencio de allí afuera se lleve mis últimos suspiros.
Prefiero permanecer aqui en silencio, sintiendo cómo el mundo sigue girando a pesar de las circustancias. A pesar de que miles de almas podrían estar muriendo.
—Hola.
Una voz interrumpe mis pensamientos, y logro reconocerla.
Me volteo, viendo al idiota de la otra vez.
Billie.
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Broken Pieces. [Trillie]
Fanfiction《...y se fué. No hubo despedida ni tampoco un 'adiós', no hubieron palabras duras ni tampoco un último beso. Él se fué, y no puedo hacer nada para traerlo de vuelta》
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