Capítulo 8

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Frank.

Los días pasan normales, a decir verdad han sido geniales. La compañia de Billie me ha hecho sentir mejor, en todos los sentidos.

Y mi salud esta perfecta, algo que a mi familia y a mí nos pone felices.

Según el Doctor Adam hoy salgo de Internación, asi es, salgo del Hospital. Realmente no puedo estar más feliz.

Son las tres de la tarde, saldré a las siete, el cual faltan sólo cuatro horas.

Me levanto de la cama y salgo hacia afuera, raramente lo hago a la tarde pero desde ayer lo he hecho, ya que Billie se había ido. A su madre, Ollie, le habían dado el alta, por el cual no nos veríamos.

Por esa razón le he pedido el alta a Adam, que dificilmente cedió a darmela.

Llego al patio y me siento en la misma banca. Miro hacia mi alrededor, echaré de menos todo esto.

De alguna manera me he encariñado con todo, con la mala comida, con Inés, con las mujeres de limpieza, con todo.

Cierro mis ojos, disfrutando del cálido sol. Me quedaré afuera el tiempo necesario.

[...]

—Vamonos hijo —dice mi madre, ya dentro del auto.

Miro por última vez el gran Hospital, lo echaré de menos.
Me adentro al auto, para luego sentir cómo éste avanza.

El viaje fue aburrido gracias a la conversación de mi padres.
Al llegar a casa me voy directo a mi habitación y me lanzo a mi cama.

Diablos, la extrañaba.

—¡Hijo, ven a comer! —oigo a mi madre gritar desde la cocina.

Me levanto rápido y bajo las escaleras corriendo, necesito buena comida.

Paso el resto de la tarde normal, ceno con mis padres y luego voy a dormir. Mañana será un buen día, o al menos eso quiero que sea.

[...]

Despierto a causa del sonido de una alarma, me remuevo molesto y me siento, bostezo estirando mis brazos y decidido me levanto.

Voy directo al baño, me bañaré. Vuelvo hacia mi armario, sacando un toallón y luego me dirijo de nuevo al baño.

Bajp hacia la cocina ya bañado y cambiado. Veo a mi madre preparando el desayuno, me acerco para besarle la mejilla y luego sentarme.

—Buenos días, mami —digo, sentandome en una de las sillas junto a la mesa. Voltea a verme.

—Buenos días, hijo. —Sirve un poco de café en una taza, unos Hotcakes en un plato y me acerca ambos—. Toma.

Sirve en otras dos tazas más café y las acerca, llega luego mi padre y comenzamos a desayunar.

—¿Qué harás hoy, Frank? —pregunta mi padre, luego de minutos de silencio, con firmeza en su voz. Trago saliva forzadamente, a veces él podía ser la persona más seria del mundo.

—No lo sé —respondo en voz baja.

—Espero que hagas algo, no quiero que estés todo el día aquí dentro. —Se levanta de la mesa y toma sus llaves que colgaban en uno de los estantes.

Mi madre se levanta con la taza, lavandola junto a la de mi padre. Besa mi mejilla, despidiendose de mí.

—Adiós, Franky. —Sale de la cocina, dejandome oír luego el sonido de la puerta principal cerrarse.

Termino mi desayuno solo, y luego de lavar y guardar mi taza me voy directo a mi habitación. Aún es muy temprano, el cual mis amigos estarán levantandose para ir a trabajar.

Caigo rendido en la cama, no tengo mucho para hacer. Es viernes, el cual Jeff y Jason trabajan a la mañana.

Tomo los auriculares del cajón y me los coloco, para luego comenzar a escuchar música.

No iré a trabajar hoy, Zoe me dio dias librea a causa de mi enfermedad.

Tengo un pequeño trabajo en una tienda de zapatos, como ayudante. Es un empleo algo inútil a mi parecer, ya que yo sólo soy el que ayuda a las personas a ponerse los zapatos, pero según mi madre es un gran empleo.

Me saco los auriculares y tomo mi celular, para luego marcar al número de Jeff. Al tercer pitído contesta.

—¿Hola?

—Hola, Jeff.

—¿Tré?

—El mismo.

—¿Que tal? Oye, tanto tiempo.

—Lo mismo digo. Jeff, quería saber cuando podríamos juntarnos —pregunto dudoso.

No lo se, hoy no puedo —dice apenado.

—¿Tienes planes? —pregunto en tono pícaro, se oye una sonora risa de su parte.

Algo así, verás... conocí a alguien —dice nervioso.

—¿En serio? ¡Genial! Ya era hora —digo divertido.

Idiota... okay, escuchame. —Paro de reir.

—Dime.

Jason hoy tiene una cena familiar, asi que estarás solo por hoy, hermano —dice apenado.

¡Mierda!

—Esta bien, entonces nos vemos luego... ¡y me cuentas a quien conociste!

Lo haré, no te preocupes. Debo irme.

Adiós.

Guardo el celular en mi bolsillo y me vuelvo a lanzar en la cama. Hoy no saldré con amigos.

Al menos puedo ir solo, caminar un poco y tomar aire. Me levanto decidido y tomo mi chaqueta negra que cuelga en el armario.
Bajo despacio las escaleras, tomo un juego de llaves y salgo por la puerta.

La mañana es fría, muy fria. ¿A qué idiota se le ocurre salir a caminar a las ocho de la mañana? Exacto, a mí solamente. El sol sale haciendo que el día se vea claro.

Caminaría hacia cualquier lugar, no importa. Me dirijo a la derecha, haciendo que el sol me diera en la espalda.

Tengo muchas cosas el cual pensar, he salido de una mala pasada con respecto a mi salud, tengo en mi mente disfrutar cada momento como si fuera el último. No quiero desperdiciar ninguna oportunidad.

Diviso el parque a lo lejos, no hay nadie. A decir verdad nadie camina un viernes a la mañana, a menos no aquí.

El hospital no queda muy lejos de mi casa, sólo a unas pocas cuadras. Paso junto al solitario parque, llendo en dirección al hospital.

Había por allí una cafetería, no me hará mal tomar un café de nuevo, a decir verdad tengo frio.
Diviso la cafetería, llegando alli abro la puerta y me adentro a ésta. El lugar se halla vacío, mejor para mi, me siento en una alejada mesa y espero hasta que alguien me atienda.

Siento unos pasos que se acercan, mientras que recorro con la mirada aquel lugar, que por cierto tenía una temática 'Vintage'.

—Buenos días —oigo una voz junto a mí, la reconozco. Sonrío y volteo mi vista, encontrándome con él.

Broken Pieces. [Trillie] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora