Capítulo 3: el dolor

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Derek dudó por unos instantes, sabía que el Nogitsune estaba decidido a llevarse lo que quería. Pero sabía también que este se alimentaba del dolor y desgracia ajenos. Absorber la desdicha de Derek le daría fuerzas, con las que seguramente no haría nada bueno.

Suspiró y asintió.

-¿Voy a perder mis recuerdos? - El Void demoró unos instantes en responder, se tomaba su tiempo para todo. 

-No, eso siempre va a ser tuyo. Sólo me voy a llevar los sentimientos que trajeron esas experiencias. Consideralo un regalo de mi parte. Bah... Otro regalo aparte de quitar al estorbo de Stiles de tu vida.- Dijo enarcando una ceja y sin dejar de sonreír. 

Derek no pudo contener el gruñido gutural que su lobo soltó. Nadie aparte de él podía decir que Stiles era una molestia. Porque en gran medida, ni él lo consideraba eso.

Él no era el problema, ni sus chistes malos, ni sus explicaciones interminables, ni su ropa multicolor, etc... El problema radicaba únicamente en su humanidad. En su frágil humanidad. En que de un día para otro,  Derek o Scott no serían capaces de protegerlo y hasta entonces sólo podían temer por su vida que pendía de un hilo. Y Derek no podía permitir que sus manos se mancharan otra vez de sangre de un humano inocente. 

El Nogitsune observaba deleitado las reacciones del lobo ante él. Acortó la distancia entre ellos para quedar a unos pocos centímetros nuevamente.

-¿Y? ¿Cómo va a ser, cielo? - Ahora de más cerca, el mayor lo vio claramente: los ojos de Stiles. Los que eran de él, mejor dicho, eran totalmente distintos. No es que Derek pasase mucho tiempo viéndolos en profundidad, de hecho trataba de no hacerlo porque lo perturbaban. Todas las miradas que posaba el menor sobre él lo sacaban de quicio. 

Los ojos eran pardos, como siempre, pero los nublaba una sobra negruzca que los opacaba. Suspiró sonoramente.  

-Hacelo -

El zorro no demoró en poner sus gélidas y huesudas manos a ambos lados del rostro del ojiverde. Penetró con sus ojos amarillentos los suyos, dedicándole una mirada sombría, cargada de intenciones oscuras.

Y sucedió. Derek perdió noción total de lugar y tiempo, lo transportó a un espacio negro. Pero, a diferencia de sus pesadillas, esta vez vio todos esos momentos dolorosos desde afuera, como una proyección de algo que alguna vez conoció. Pudo ver los rostros de su familia y amada una vez más, pero en donde antes sentía un pinchazo penetrante de angustia, ahora era alivio.   

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