Hemmo, 18

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— ¿Estás segura de hacer esto?

Asentí a la vez que pagaba al cerrajero para que cambiase la cerradura de la que era nuestra casa, faltaban un par de días para que Hemmo volviese a casa y todo tenía que ser perfecto, no podía dejarla entrar en casa aunque también fuera la suya.

—Quiero que esto sea tal como lo pensé hace un par de años.

Me giré y me metí en mi cuarto a revisar el plan el cual llevaría a cabo el día seis.

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—H, Hemmo al aparato, en tres horas y media estoy en casa, prepárame un baño caliente para cuando llegue, te amo—La voz de mi mejor amiga sonó tras la línea y sin dejarme contestar colgó así obligándome a no poder protestar, pero no conseguiría lo que quería ya que no me hallaba en casa.

Hemmo tras pasar un mes en la casa en la que había crecido, en Rumanía, había decidido volver a casa para el día seis de diciembre, su cumpleaños, alegando que necesitaba pasar ese día conmigo como llevaba haciendo cinco años, pero se llevó una sorpresa cuando intentó insertar la llave en la cerradura y esta ni por equivocación entraba en ella, por un segundo pensó que podría haberse equivocado de llave y había cogido una parecida, pero tras un ligero vistazo al manojo de llaves vio como sujetaba la llave negra lo cual indicaba que sí que había cogido la llave correcta; incluso se le llegó a pasar por la cabeza el haberse equivocado de edificio, de planta o de puerta pero tras un repaso al mapa mental vio que no se había vuelto loca y que estaba exactamente delante de la puerta de su casa.

Con la última esperanza en un rinconcito de su cabeza decidió escanear la puerta con la mirada por si acaso esta vez cuando volviese la vista al punto inicial pudiese introducir la llave, estaba cansada y lo único que quería era soltar la maleta que pesaba como si llevase todo un infierno ahí dentro y meterse en la bañera con agua caliente y relajarse mientras escuchaba su grupo de música favorito de fondo.

Y esta vez tuvo un poco más de suerte, ya que vio como la esquina de un sobre amarillo salía de debajo de la puerta y lo tomó entre sus manos.

El sobre era pequeño y en el reverso se podía leer escrito 'HoneyBunny', abrió el sobre y había una pequeña nota 'Espero que no lleves más de media hora intentando abrir la puerta como una idiota, pero tranquila, simplemente ve a hacia la azotea, ahí te espera algo'

Hemmo simplemente suspiró, no le apetecía estar con estos juegos. Se volvió a montar en el ascensor aun sabiendo lo que ella criticaba a la gente que utilizaba e ascensor solo para bajar o subir una planta, pero estaba demasiado cansada como para ir cargando con la maleta escaleras arriba.

Cuando llegó un viento le enfrió la cara e hizo que sintiese que se le caería la nariz congelada de golpe.

Allí vio otro pequeño sobre, esta vez de color verde, pegado en la silla donde ella solía sentarse con sus mejores amigas para estar al aire libre un rato mientras compartían noticias y como no fangirleaban, porque no, los años no habían hecho que dejasen de lado aquella parte de ellas.

'Sé que estarás cansada y que me odiarás por hacerte esto, pero te prometo por la pequeña Rohan que va a merecer la pena. Ahora ve hacia dónde el primero del mes noveno del año miro a ver si mi vida ha cambiado'

El primero del noveno mes del año, ¿qué coño quería decir eso? ¿El uno de septiembre? Hemmo odiaba a H por hacerle cosas de estas porque nunca caía a la primera en a qué se quería referir.

Primero de septiembre, primero de septiembre, uno de septiembre, uno de septiembre, viniendo de H sólo puede ser algo relacionado con libros o series, y viniendo de H y hablando de Libros o series debería ser Harry Potter ¡CLARO, LA CARTA DE HOGWARTS! Hemmo corrió hacia el ascensor aun arrastrando la maleta tras sí, el cansancio había desaparecido por completo y el corazón le animaba con su ritmo a continuar y saber lo que escondía todo esto.

BullshitDonde viven las historias. Descúbrelo ahora