Waitting for you

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Me encuentro sentada en el alféizar de la ventana, en el lugar en el que solías sentarte con un libro y un café humeante mientras tarareabas alguna de Bon Jovi. Ahora soy yo la que está aquí con tu café de las seis en mis manos, mientras abrazo tu ejemplar favorito de Neruda, con la cara empapada, rogando que hoy no aparezcas con la camisa hecha jirones y oliendo a otra mujer, ojalá olieses a mí, mi amor, te echo tanto de menos.

Ahora paso las noches ejercitando mi imaginación al tener que inventarme unos brazos, los cuales no me proporcionan ese calor que necesito para sentirme protegida y dejar de temblar. Ahora despierto a media noche entre gritos y golpes, mientras estrellas tu cena contra la pared, la cual te he dejado en la mesa, en tu sitio, solo, tras yo haber cenado sola mientras me bebía mis propias lágrimas, echo tanto de menos cenar entre risas y luego cerrar el acto con nosotros haciéndonos tocar el cielo.

Y sí, aún sigo temblando al escucharte hablar, créeme que lo hago, pero ojalá no fuese por el miedo que tengo de que vuelvas a golpearme, mi vida, provocas tanto miedo en mí, y me pregunto que por qué sigo queriéndote. Echo de menos temblar mientras por mi estómago corría una manada de rinocerontes al escucharte hablar, echo de menos que cures mis heridas, ahora solo las provocas. Tengo tanto dolor en mí, mi amor.

Y sí, aún nos perseguimos por todo el apartamento, pero odio que ahora no sea con la intención de hacerme llorar de risa, ahora es igual, pero las risas se han cambiado por gritos de ayuda y sollozos, y las caricias tiernas las cuales rebosaban amor por golpe mientras me gritas que ya no sirvo para nada mientras tras inmovilizarme me usas mientras me obligas a no mirarte, ¿dónde quedaron las noches en las que los dos disfrutábamos?

Suelo pasar las tardes en casa de la señora Adams, es un amor de mujer, ella es la que me da el dinero que supuestamente gano, según ella lo hace porque la cuido, y tengo que hacer esto porque no tuve el valor de contarte que ya hace meses que me despidieron del trabajo por llegar más morada que bronceada y con más cortes que labio. La señora Adams no para de repetirme que tengo que ir a algún lado y denunciarte, pero ella no entiende que yo estoy bien así, más o menos, que te amo demasiado como para dejarte de ver, aunque ahora no tiene sentido, llevo dos semanas sentada en este alféizar mirando cómo la gente sale y entra del edificio, pero no hay rastro de ti. Estuve llamándote durante los primeros días pero luego recordé que no tienes móvil, que me lo tiraste y se rompió a causa de haberlo esquivado, lo siento, fue mi culpa que tu nueva chica me oyese sollozar mientras le hacías gritar en nuestra cama. Recuerdo ese día como si hubiese pasado ayer; recuerdo que llegaste temprano ese día y no escuché como arrastrabas los pies a causa de tu borrachera, y por eso fui hacia a ti con tu café de las seis entre mis manos en vez de irme a esconderme al baño, pero el alma se me cayó a los pies cuando te vi besándola, no es que no supiese que te acostabas con otras chicas, pero nunca pensé que te las traerías a casa, a nuestra casa. Recuerdo como saltasteis cuando se me cayó la taza que me regalaste en nuestro cuarto aniversario, luego, tras escuchar tu gruñido, retrocedí un par de pasos, pero tú me impediste salir huyendo, cuando te quitaste la corbata de un tirón y tras colocársela a ella me cogiste de los hombros y me lanzaste al armario de al lado de la puerta de entrada y me encerraste allí, después te fuiste con ella y oí como tú y ella poníais nuestra casa patas arriba mientras tú gemías su nombre y ella el nombre de otro hombre, yo mientras tanto me hundí en los abrigos que utilizamos para ir a patinar la última vez, olía a nosotros, olían a ti y sin rastro de olor a tabaco y alcohol, una sonrisa creció tras los meses en mi cara mientras comenzaba a sollozar recordando cuando me amabas e intentando tapar vuestros gemidos.

Ahora, mi amor, mi vida, mi alma, mi cielo, ya no estoy aquí, creo que por fin he reunido todo el valor necesario, valor, miedo, como quieras llamarlo, pero ya no estoy aquí y sabrás dónde encontrarme si recuerdas mi lugar favorito, pero espero que no me busques y si lo haces espero que no me encuentres, cariño, te he querido, es más, te quiero con todo mi ser e incluso un poco más, pero me he dado cuenta de que ya no haces nada en mi vida a parte de crear dolor y sufrimiento, cosa que una vez me prometiste no crear. Y al irme no espero olvidarte porque ya sabes como soy, soy incapaz de odiar a nadie y mi amor, a ti jamás podría odiarte, me has dado los casi cinco años más hermosos de mi vida, pero espero que tú me recuerdes como yo te recordaré a ti, siempre risueña y sin miedo a nada que no sea perderte.

Y ahora sí, me voy mi amor, ambos sabemos que es lo mejor, no te reclamaré nada, bueno, solo una cosa, que no rompas el récord que tenemos en querernos, porque yo no podré hacerlo con otra persona que no seas tú, sabes como soy para conocer gente nueva.

Recuerda esto siempre pequeño gatito, te quiero, siempre lo haré.

Siempre tuya:

Tu 12 de julio.


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