Capítulo 13

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De los nervios, se le habían olvidado varias cosas, pero olvidar su propia computadora personal, era demasiado. Por suerte para ser comienzo de mes, no necesitaba tanto de ella, pero la costumbre la tenía algo desorientada.

Por alguna razón estaba nerviosa, a la espera de ser llamada a su despacho o de tener que recibirlo en el suyo, pero nada de eso pasó. Hasta antes de la hora del almuerzo, pudo tranquilizarse por unos minutos, pero no duraría tanto.

Al acercarse al escritorio de Olivia, ella solo la miró.

— ¿No iremos a almorzar? —preguntó pero su amiga solo se limitaba a evitar mirarla— Oli...

— Te han invitado a almorzar... te esperan en el restaurante de aquí a la vuelta —le entregó un sobre, tomó su cartera y se fue a comer con Clara que la esperaba en el ascensor.

Se sintió ridículamente despreciada. No entendía porqué su mejor y única amiga actuaba de esa manera cuando tendría que brindarle su apoyo incondicional como siempre lo había hecho.

Miró la nota que le habían dejado, sobre todo, la dirección y el número de mesa. Lo que tanto había esperado con poco entusiasmo y cierto temor, sería una realidad. No podía evadirse, sería una falta de respeto hacia su jefe, pero tenía que ir, aún contra su voluntad y recordando que tenía, debía odiarlo, pero por alguna razón, no podía, una parte de ella no se lo permitía.

Caminó pensando en qué le diría, cómo lo saludaría, que sentiría al verlo. Acariciaba sus labios muy despacio intentando sentir aquellos besos de hacía un par de noches. Se le erizaba la piel y sentía la necesidad de correr por tanta adrenalina que acumulaba a medida que iba pensando en todo lo que podía suceder en esa hora de almuerzo.

Al poner un pie en el umbral del restaurante, un hombre con bigote arreglado, la recibió amablemente. Ella le indicó que la estaban esperando y al verlo sentado a la mesa, sintió que sus piernas flaqueaban de tantos nervios repentinos. Él la vio y se puso de pie como si la silla tuviese un resorte que esperaba alguna reacción de extrema felicidad para activarse. Sonreía mientras disimuladamente se arreglaba su traje y peinaba despacio su cabello con sus dedos.

-Buenas tardes- lo saludó al llegar a la mesa.

-Buenas tardes- devolvió el saludo con una sonrisa aún mucho más grande.

Corrió la silla que estaba a su lado para que ella tomara asiento. Un gesto caballeroso del cual estaba asombrada pero gustosa.

— ¿Te apetece beber algún tipo de vino?

— Un chardonnay, ¿podría ser?

— Tus deseos son órdenes —cerró el menú de vinos, miró al mesero y asintió. La tomó de una de sus manos con delicadeza -Estás preciosa- sintió sus mejillas arder a la vez que intentaba activar su costado de desprecio.

— Gracias —sonrió— Tú... estás... elegante.

— Gracias —dijo tomándose de las solapas de su chaqueta de manera engreída a la vez que hacía un gesto que les provocó risa a ambos.

Luego de que el vino le haya sido llevado a su mesa, pidieron el almuerzo. A Sebastian le asombró que pidiera comida lo suficientemente cargada como para no comer en el resto del día, quizás así mantenía su figura, pero no quería preguntar, no iba al caso charlar sobre eso, pero en cambio conversaron acerca de sus gustos musicales, comidas, entre otras cosas que eran comunes de intentar conocer en una persona.

Al terminar de comer y con unos pocos minutos para volver a su trabajo, salieron juntos, rozándose los brazos y mirándose cada tanto a los ojos como cómplices de alguna estafa, él sonreía pero ella solo se mantenía seria. Se había dado cuenta que aquello no le convenía, que por más que pudiese sentir alguna mínima atracción hacia él, lo que menos quería era ser la comidilla de toda la empresa, por eso decidió que no quería tener ningún otro tipo de encuentro entre ambos más que el meramente laboral que tenían.

Take My Breath Away(Sebastian Bach) [PAUSADA]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora