I Know I'm not The only One

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POV Simón

Me despierto por la mañana e intento despertar también a Baz, pero como esto no es posible, me levanto a hacer el desayuno para ambos. Lo termino comiendo solo, ya que Baz siempre se levanta más tarde de lo que debería y luego tiene que apresurarse para llegar a tiempo al trabajo.

Yo me dedico a trabajar en casa, vía online. Debido a mi cola y a mis alas, que no han desaparecido a pesar del paso de los años, no puedo conseguir un trabajo fuera de casa. También aprovecho para limpiar la misma y realizar compras u otra labor doméstica. Y mi día pasa así,  realizando distintos labores en la soledad de nuestro hogar.

Baz no almuerza ni cena conmigo y usualmente llega muy tarde por la madrugada, así que alrededor de las diez de la noche cuando ya no tengo nada más que hacer que esperarlo, me recuesto en nuestra cama, oliendo su perfume impregnado en las sabanas, la almohada, la habitación entera; impregnado también en mi corazón.

A pesar de recostarme temprano, no puedo dormir. El insomnio no es un buen amigo, y por más que esté cansado tanto física como emocionalmente, mi cabeza no deja de pensar. No puedo evitar recordar que antes esto no era así,  mientras las lágrimas se deslizan por mis mejillas.

Baz y yo nos casamos hace diez años, aunque ahora pienso en sí eso ocurrió para bien o para mal. El Simón del pasado, el que estaba perdidamente enamorado de Baz, no podría creer la manera en la que él me ha decepcionado, pero la prueba está en la manera en la que duele.

Baz comenzó a trabajar en una empresa hace ocho años, pero en un principio aquello no cambió nuestra relación.  Siempre desayunabamos juntos, algunas veces él era el que preparaba el desayuno. Luego se pasaba todo el día mandándome mensajes, había momentos en los que me preguntaba como hacía para realizar su trabajo y al mismo tiempo decirme te amo unas veinte veces por cada mensaje.
También cenabamos juntos todas las noches, algunas veces hasta cocinabamos juntos si es que llegaba demasiado temprano; aquellas veces terminábamos jugando en la cocina, decorando nuestras caras con los ingredientes y luego lamiendo esos mismos ingredientes de la cara del otro. Al terminar aquello haciamos el amor , a veces de una manera tierna, cuando en el dia ninguno de los dos había podido dejar de pensar en el otro, y otras de manera apasionada, cuando ambos habíamos sentido todo el dia la necesidad de ser tocado por el otro.
De alguna manera, ambos siempre coordinábamos, como si estuviéramos conectados y sintiéramos justo lo que el otro sentía, como si nuestras necesidades fueran las mismas y se resolvieran solo con las manos del otro.
La noche terminaba luego de que nosotros lo hiciéramos, nos mirábamos unos minutos hasta que caíamos dormidos, enredados en nuestros cuerpos, sin poder ni querer saber donde empezaba uno y donde terminaba el otro. 

Todo cambió de manera gradual; cada vez eran más las horas de trabajo, menos los mensajes de amor y las caricias.
No me daba cuenta de aquello, o en realidad, pretendía no hacerlo. Quería creer que solo era una etapa y que todo volvería a la normalidad en algún momento.

Nunca lo hizo, sino que empeoró hasta llegar a lo que es hoy.

Desearía que esto se acabara ahora, tener el valor de decirle que quiero terminar esto porque ya no nos lleva a ningún lado, pero sé que todavía lo necesito aquí.

A pesar de todo, lo sigo amando.

La última vez en la que me atreví a plantearle algo fue debido a su olor. Se recostó a mi lado aquella noche en la que había llegado más tarde de lo normal y olí un perfume distinto en su cuerpo, uno que jamás había olido y que no le pertenecía ni a él ni a mi.
Se lo dije, pero me contésto que estaba loco, porque no piensa que sospecho lo que ha hecho.
Cree que soy un ingenuo, pero cuando me llama bebé siento que no soy el único.

Snowbaz One ShotsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora