Celos

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Celos

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Kai suspiró.

Sus padres nunca cambiarían, eso estaba claro, pero no esperaba que algún día la "discusión" —porque, como siempre, su madre era la que más gritaba y su padre tan solo reía alegremente— se refiriera exactamente a su presencia ahí.

—Creo que deberíamos decírselo a Tsuna —opinó el azabache mayor, sonriente—. Seguro que a Kai le alegra ver a Sora, aunque no sepamos dónde está...

—¿¡Sora ha desaparecido de nuevo!? —se alteró Kai, sorprendiendo a los adolescentes.

—¿De nuevo? —detectaron el añadido, y Kai parpadeó. Definitivamente, no era tan agudo como Kei para darse cuenta de la situación.

—Claro, no es la primera vez... por eso es tan sobreprotector con todos los demás —aclaró, sorprendiendo aún más a sus padres—. ¿No os acordáis? El tío Tsuna estuvo tan mal o peor que Sora en ese tiempo y el tío Kyoya no quería que nadie se acercara a ellos.

Ambos mayores se miraron mutuamente, ¿qué tan grave podía haber sido para que ambos castaños estuvieran así?

—Y sin contar a Miu... —prosiguió Kai, sus orbes verdes oscureciéndose—. Ella también estaba bastante afectada, no se despegaba de Kei. Y todo por... —apretó los labios con frustración.

Aún no lo asimilaba, sus amigos, su familia estaba destrozada en ese entonces y todo por una razón tan absurda...

Sintió un tacto en su cabello y como era levantado del suelo, y se sorprendió al verse en los brazos de su padre con su madre acariciándole sus hebras azabaches con una sonrisa.

—No hace falta que sigas si no quieres —tranquilizó el de cabellos plateados.

—Se nota que te molesta, no te vamos a obligar a hacer algo que no quieras —siguió el beisbolista.

Kai asintió y sonrió, acomodándose en los brazos de su padre y sintiéndose mi seguro mientras ambos hablaban-discutían acerca de cómo iban a encontrar al hijo del décimo cielo Vongola.

Se alegró de que fuera así, pues después de todo, esa era su familia y no quería que cambiase.

Sora se había encerrado con rapidez en el cuarto que pertenecía a su madre, y no era para menos. ¿Qué se suponía que hacía ese tipejo ahí? ¡Pensaba que estaba en Vendicare!

Tendría una larga charla con su tío Bermuda.

Pero por el momento debía esconderse. Su abuela no parecía recordar lo sucedido, y algo le decía que era mejor que no lo supiera.

—Sora-kun, ¿estás bien? —preguntó la castaña preocupada al otro lado de la puerta.

—S-sí... yo... lo siento... —tartamudeó el pequeño, poniéndose contra la puerta para que no pudiera ser abierta al no tener esta ningún seguro.

—No te preocupes, está bien —no la veía, pero sabía que estaba sonriendo—. Si necesitas algo, estaré en la cocina.

IntertemporalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora