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Shippear
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En un futuro bastante descontrolado...
Reborn suspiraba mientras dejaba al castaño tendido en la cama, planeando una pequeña escapada de nueve meses a alguna isla paradisíaca donde no supiera nada acerca de la vida de un atún o sobre cambios de humor de su alumno.
¿Cómo había aguantado la primera vez durante casi un año sin matar a ese Hibari?
Ya se le había olvidado, tenía la esperanza de no volver a tener que pasar por lo mismo. Era evidente que se había esperanzado en vano.
Ese maldito de Hibari... Haría un favor a la humanidad si le castrara, y de hecho lo quiso hacer desde el primer momento en el que anunciaron su relación amorosa, pero no, Tsuna no se lo permitió.
Claro, él no se soportaba a sí mismo durante el embarazo...
Lo cierto era que Reborn había constatado que su alumno era único hasta para eso. ¡Nadie más hacía lo que él! ¡La gente normal tenía antojos, algunos cambios de humor... pero lo suyo era descabellado!
En definitiva, si no llegase a tener a su nuevo nieto dentro suyo, seguramente le pondría a palo con los entrenamientos.
—Reborn... —llamó el castaño medio adormilado—. Tengo hambre...
—¿Atún? —suspiró, viendo su asentimiento.
—A la naranja española —aclaró.
—¿Eso existe? —arqueó una ceja.
Las naranjas para él eran iguales en todos lados. En España, en la China o en la India...
—Claro que existe, te lo estoy pidiendo por algo. ¿O crees que miento? ¿Es que no crees en mí...?
Vio espantado cómo se disponía a llorar, y rectificó sus palabras.
—No, no, no quise decir eso...
—¡Sí lo has querido decir! ¡Reborn, eres cruel! —sollozó—. ¡Ahora quiero dos atunes! ¡Me estás convirtiendo en un asesino! ¡Despiadado!
—Pero... —decidió callar, ya habían tenido esa conversación unas ochocientas cincuenta y un veces durante los nueve meses del embarazo de Sora.
Sí, las había contado.
—¡Y ahora quiero mi manta!
El de patillas respiró con profundidad, maldiciendo a todos los azabaches de ojos azul grisáceo que se dedicaban a embarazar alumnos castaños con un raro organismo que le provocaba esas reacciones.
Abrió uno de los armarios y sacó una manta azul con atunes bordados, obra de Nana. Sora tenía una parecida en tamaño más pequeño, con pajaritos en ella.
—Ten —se la tendió con un brazo, pero Tsuna le miró con mala cara.
—¿De qué vas? ¡Con más cariño, digo yo! —se enfadó.
Reborn respiró profundamente por segunda vez.
—Querido Dame-Tsuna, ¿quieres coger la dichosa mantita y dejarme en paz de una buenecita vez? —sonrió forzadamente.
—¡Ese tonito irónico no me gusta! —se cruzó de brazos.
—Pues qué pena, toma —se la tiró, cayendo en la cara del castaño.
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Intertemporal
FanfictionCuando la Bazooka modificada por Giannini cae sobre Sora, un pequeño castaño de orbes azul grisáceo, es enviado al pasado repentinamente, sin saber cómo o cuándo podría volver. Claro que lo que tampoco sabía era que se encontraría con sus padres cu...